HACER A LA MUERTE EL PARIPÉ

Texto Daniel de Cullá

muertos vivos y de fiesta

Muertos vivos y de fiesta

He llegado al velorio de un familiar cercano, Bellido de Olfos, que ha fallecido de repente de un tumor cerebral, estando en el Centro de Día, esperando tomar un cortado de café con leche.

Le han colocado en el comedor de la casa. Él está a cara descubierta sobre la caja mortuoria. Le han vestido como a un monje, saliendo de su capucha por fuera de las orejas pelos delgados y finos. Su cabeza reposa sobre un conjunto de lana de una oveja de las suyas recogidas en un cojín o vellón, como le llaman en el pueblo a las almohadas pequeñas.

Aquí estamos como en tinieblas. En el centro del techo hay una luz de plafón de veintiuno vatios y, en un aparador cercano a su cabecero, sobre la repisa o ménsula, han colocado un velón, vela gruesa y corta, que ha traído bendecido el señor cura. En el ambiente hay como pelusilla que se agarra a las cabezas de los presentes.

Después de los saludos de rigor y el  hacer a la Muerte el paripé del “te acompaño en el sentimiento” común y permanente, Gedeón, un señor que ejerce buena influencia sobre los demás,  nos cuenta a quienes estamos en la cocina tomando unos, café; otros, un carajillo o chupito de licor:

-Ya estamos aquí casi todos, menos los “Pablillos de Valladolid”, que nunca se han llevado bien con la familia y eso que siempre les han ayudado en todo.

Las mujeres están alrededor de la caja. En medio de ellas, se encuentra Velleda, la mujer de Bellido, el que tiene belleza; todas ellas rezando rosarios, padrenuestros y avemarías, una vez que Velleda reza:

-Venid en su ayuda, santos de Dios; salid a su encuentro, ángeles del Señor, y al paraíso llevadle.

Gedeón nos dice a quienes hemos llegado tarde al velatorio, que, en el comedor donde las mujeres velan, ha ocurrido un falso milagro. Que, una vez que Velleda dijo:

-Al paraíso llevadle, ángeles del Señor,  una de las mujeres, Velutina, beata apagavelas y meapilas de la iglesia parroquial, que se cubre la cara con polvo de arroz, mirando al techo, exclamó:

-Mirad si era buen pájaro de Olfos, que el Espíritu Santo, el que anda o sabe andar,  ha venido rápido, ligero, pronto, y gira alrededor de la luz para que le veamos, dando sombra al que necesita de luz.

Todas las mujeres que velaban el cadáver, incluso las que ocultaban su cara con un velo por respeto y veneración, alzaron su mirada al techo y se arrodillaron, juntando sus dos manos en acción de rezar y suplicar, diciendo:

-El espíritu de Dios viene al final de su camino, pues,  aunque morimos, no somos carne de un ciego destino.

A no ser por Gedeón, todos los presentes  hubieran creído, a pie juntillas, en el milagro, pues él, observando el plafón, advirtió que una mariposa revoloteaba alrededor de la bombilla, produciendo una sombra de aparición vaga de la imagen de un espíritu que no era más que una mancha producida  por interrumpir la mariposa el paso de la luz.

Mirándose todas ellas al asombro, Velleda, la mujer del difunto, exclamó:

-Hasta el final de sus días, mi Bellido se ha tenido que mostrar chistoso.

-Sí que tenía buenas salidas y ocurrencias, corroboró Velutina.

Las mujeres, cual plañideras, siguieron rezando llorosas, tristes, lastimeras. De nosotros, los hombres, no salió ni una queja, llanto, lamento. Todos esperando a que llegaran los enterradores y se llevaran a hombros, en parihuela, la caja cerrada del muerto, hasta el Cementerio.

 

 

 

Nota editorial:

Se entiende que alguien está haciendo el paripé cuando está fingiendo hipócrita y falsamente en una situación El término ‘paripé’ llegó al castellano desde el vocablo del idioma caló (lengua utilizada por el pueblo gitano) ‘paruipén’ cuyo significado literal es ‘cambio o trueque’. De ahí que surgiera la expresión ‘hacer el paripé’ como clara referencia a la representación y simulación que se hace y en numerosas ocasiones con intención de ‘presumir o darse el tono’