AGONIZANDO LAS CONQUISTAS DEL PROGRESO INDEFINIDO | TRILOGÍA

Letras Luciano Deraco | Autoreseña

Reseña Trilogía AGONIZANDO LAS CONQUISTAS DEL PROGRESO INDEFINIDO de Luciano Deraco para AZAhAR literario

Figura I Collage B.Curcio. Figuras II y III Diseño Fernando Guibert


El relato Ácido Para Vivir, Miedo Para Subsistir completa las dos entregas anteriores Madre del Dolor, hija Soberana y Miente, Miente, que algo Morirá. Abarcando así, a partir de seres ficcionales, tres de las características que atraviesan y evidencian las contradicciones tanto de la modernidad, como de la posmodernidad: democracia burguesa decadente, dominio hegemónico de la comunicación masiva por parte de grupos de poder que imponen, a fuerza de mentira, una “verdad objetiva” en desmedro de toda realidad que amenaza sus intereses y ciertos condicionamientos sociales mediante los cuales se amedrenta, condena y expulsa a aquellos que no se “ajustan” al status quo.

En el caso de Madre del Dolor, Hija Soberana, “una mujer sola, tras siete años de miedo y dolor, da a luz a una hija sin padre, pero con muchos responsables. Lleva en sus genes las marcas y consignas de una generación diezmada y silenciada.”

Miente, Miente, que algo Morirá es un “texto inspirado en el cuento de Adolfo Bioy Casares: El calamar opta por su tinta. Se plantea la metáfora del paria que sostiene el faro de la verdad y termina muerto a manos de las falacias, en éste caso, instaladas verticalmente por los oligopolios dedicados a la información. A juicio personal, como en la obra del célebre autor argentino, se pretende interpelar al lector con el intento de hacerlo tomar conciencia sobre aquellas afirmaciones que por ignorancia, se tornan socialmente reales a pesar de sus fuentes endebles y poco claras.”

En Ácido Para Vivir, Miedo Para Subsistir, Vesugo es el hijo deforme de un orden social que domestica y castiga creyéndose ejemplar. Su vida se desarrolló limitada por un cuerpo deforme y escasas competencias intelectuales. Soportó los embates de un padre salvaje e implacable que impotente, sin la posibilidad de generar respeto, impone autoridad a fuerza de golpes.
En un momento dado, Vesugo (como pudo) logró rebelarse transitoriamente y abandonar su seno parental, pero su destino de oprimido, parece, se presenta inevitable.
En la carta expuesta, su padre, quién para engendrarlo lo vomitó, advierte y amedrenta un devenir desgraciado y desalentador, siempre a su merced.

Sobre un infértil suelo de espejimos, temores y traición, edificamos nuestras patéticas viditas digitadas en clave de eficacia y rigor. Nuestra zanahoria colgante preferida: los inobjetables triunfos de la modernidad nos conducen con sigilo y astucia hacia la hoja más afilada del cuchillo del jadeante carnicero omnipresente. Una rica lonja de humanidad…