ALIGHIERO, LUIS Y YO

Letras Fortunata Calabrò
Traducción Viviana Lombardi
Texto Original en Inglés | Publicación original 30 Junio 2015
Collage Sapey, B & V

Collage Sapey, B & V


 

Londres, junio de 2015

Estimados Alighiero y Luis,

¿O tal vez tendría que decir Queridos Boetti y Borges?

Confieso estar un poco confundida con ambos. Sugiero que ustedes lo decidan. Para colmo, recién caigo en cuenta de que el mayor de los dos tiene otros nombres (Jorge, Francisco e Isidoro)… ¡Para mí es un lío!

Antes que nada, espero que, donde sea que estén, se encuentren muy bien.

Demás está decir que es la profunda admiración que les tengo, las palabras de uno y las imágenes del otro las que me hicieron crecer en erudición, me estimularon la imaginación y nobleza obliga, también me confundieron un poco las ideas.

Me dirijo hoy a ustedes y no a Frida1 o a Luigi2, porque ambos ya me aclararon las ideas con sus respectivas explicaciones. Largas horas y gruesos tomos de aprendizaje mediante, espero que con ustedes me resulte más fácil.

Como recién advierto que no los presenté al inicio de la carta, me disculpo por la torpeza y procedo a hacerlo ya. (Ignoro si ustedes se conocen)

-Alighiero, te presento a Luis (y a todos sus otros nombres).

-Boetti, te presento a Borges.

Y permítanme que yo también me presente: “Soy Fortunata y/o Titta, como me llaman mis amigos íntimos (Omito los otros sobrenombres para evitar más confusiones)

De hecho, la razón por la cual les escribo es que yo, igual que ustedes, tengo un problema con la identidad. Es más, en la sociedad contemporánea en la que vivo, parece ser que el asunto está cobrando trascendencia ¡Se los puedo apostar! Basta con mirar la confusión que nos rodea. Al menos ustedes tienen la suerte de estar por encima de todo y de vacaciones permanentes.

Debo aclarar que esta carta no intenta ser ni un ensayo, ni una sesión de psicoanálisis; no soy académica, ni mucho menos psicoanalista, por el contrario, ésta intenta ser la carta abierta de una joven mujer, llena de preguntas, dirigida a quienes (ustedes dos) tal vez conozcan el tema mejor que yo y puedan dilucidarlo para explicárselo, aunque más no sea, para darle ciertas pistas que le permitan emprender el “camino correcto”.

Creo que a este punto resulta obvio, queridos señores, que espero ansiosa la respuesta de ambos.

Así que permítanme hablar en serio.

En su obra Luis, más precisamente en su poema “Borges y yo” y tú, Alighiero, en tu trabajo “Los Gemelos”, ambos refieren al tópico de la identidad, la identidad propia y el cisma del yo con respecto del otro. Luis habla de sí mismo en tercera persona, y Alighiero transfigura sus fotografías cuando aparece en ellas sosteniéndole la mano a su gemelo.

Ahora bien ¿Qué es la identidad? ¿Y por qué les gusta jugar con ella?

Pasaré a considerar algunas definiciones en un intento de elaborar algún razonamiento lógico.

Según Erik Erikson (¡vaya nombrecito!) “Se considera como identidad personal a las idiosincrasias que separan a una persona de la otra”

Weinreich por su parte, aporta una definición más compleja: “Se define a la identidad de una persona como la totalidad de la propia auto-conceptualización, por la cual el modo de concebirse a sí mismo en el presente, expresa la continuidad entre cómo uno se concibe como fue en el pasado y cómo uno se concibe y aspira a ser en el futuro”.

A partir de lo cual, tomaré en consideración el cuento de Borges:

Borges y yo” propone muchas cuestiones filosóficas acerca del yo y de la epistemología. El poema (¿es un poema?) medita sobre la relación entre las esferas de identidad pública y privada.

A pesar de tratarse de un poema muy simple, en términos de vocabulario y palabras, contiene ideas muy complejas ¿Quién escribe la historia?

La trama explora el interesante concepto del auto-conocimiento a través de la descripción. De hecho, el énfasis que el autor le adjudica al recibir la correspondencia de Borges y leer acerca de Borges en un libro, puede analizárselo bajo la lente del conocimiento adquirido por descripción formulado por Russell. A la distinción entre personaje y yo puede interpretársela como una diferenciación entre autor y escritor. El escritor se correspondería con el personaje y con Borges. El autor pasaría entonces a ser el Yo y el “yo”. En teoría, el escritor podría ser cualquiera, es casual que sea Borges. Mediante esta interpretación, Borges parecería estar ilustrando las diferencias cognitivas entre procesar información a partir de la tercera o de la primera persona.

El narrador encuentra, sin embargo, que a medida que Borges escribe sobre él, va perdiendo su propia esencia reconocible. En realidad, se convierte cada vez más en un texto creado por Borges y cada vez menos en un ser humano.

Por otro lado, el deseo instintivo de Boetti de llegar a la raíz del asunto aparece hasta en su nombre. Se rebautizó a sí mismo como un personaje duplicado, Alighiero e Boetti (Alighiero y Boetti), reflejando en parte los factores arquetípicos opuestos representados en su obra/vida: el individuo y la sociedad.

Alighiero”, nos dice, fue la persona que “aquellos que saben mi nombre nombran”, mientras que “Boetti” fue su nomenclatura más abstracta, “el apellido, como categoría, como dispositivo de clasificación”.

De hecho sus obras operan al igual que su nombre, atrayendo inicialmente al espectador hacia un nivel familiar para luego permitirle sumergirse en el análisis conceptual.

Su obra busca el equilibrio entre lo intelectual y lo formal, entre individualidad y colectividad. Mediante la fusión del rigor conceptual, la vocación experimental y el juego, Boetti siempre permite que la oportunidad y la coincidencia interfieran en su trabajo.

Ambas obras evocan en mí la sentencia de Roland Barthes: “La escritura es un espacio neutral, oblicuo, híbrido, donde nuestro sujeto se desliza, el negativo donde se pierde toda identidad, comenzando por la identidad misma del cuerpo que escribe” en su magnífico ensayo La Muerte del Autor.3

De hecho, según Roland, el autor es un producto de la sociedad, una figura moderna; representa el prestigio del individuo en desmedro del texto. En realidad, al texto se lo limita al adjudicarle un autor, y al darle visibilidad a su vida, personalidad, gustos, inclinación política y pasiones en vez de reservarlas a la privacidad del autor mismo. En definitiva, Barthes critica a la crítica que confía en las características de identidad de un autor, ya que al hacerlo las vivencias y prejuicios del autor quedan reflejados en el texto como explicación.

Sostiene asimismo que al matar al autor, el origen de la obra pierde énfasis para beneficio de su destino, que adquiere importancia al poner al anonimato del lector en una posición de privilegio.

El lector es siempre neutral. No tiene una historia, biografía, religión, o psicología tendientes a influenciar al texto.

Mallarmé, antes que muchos otros, se interesó por suprimir al autor para beneficio de la escritura.“(…)son los lenguajes los que hablan, no el autor; escribir es, a través del prerrequisito necesario de la impersonalidad, alcanzar un punto donde sólo el lenguaje actúa,‘ejecuta’ y no el ‘yo’.”

Si damos muerte al autor y cerramos los ojos, podríamos imaginar que la Venus de Botticelli es el auto retrato de una bella damisela, y que los sonetos de Shakespeare los escribió una mujer. Matando al autor, abolimos las fronteras entre géneros, destruimos las jerarquías, erradicamos el ego, y por extensión, hacemos de este planeta absurdo, a menudo insensato, pero siempre arrobadoramente bello, un mundo mejor.

Ignoro si esta carta tenga sentido alguno, ni siquiera sé a qué quería llegar con ella. Puede que me haya confundido a mí misma más que antes. Ojalá les haya provocado la inquietud de cuestionarse y profundizar sobre sí mismos. Debo decir que a pesar de “No saber quién de mí la escribió”, disfruté muchísimo al hacerlo.

Cuídense mucho,
Besos a los dos,

Siempre suya

Fortunata, Titta y Calabrò

P.D.: ¡A mí también me encanta el sabor del café!

Notas Bibliográficas:
1-Me refiero al autorretrato de Frida Kahlo, “Las dos Fridas”, 1939.
2-Me refiero al libro de Luigi PirandelloUno, nessuno e centomila”, (Uno, ninguno y cien mil), 1926. El titulo de la novela es la clave para entender la versatilidad del yo: el concepto de que el hombre no es unívoco y la realidad no es objetiva: El uno es aquél que lleva ‘vida de extranjero; el que ha comprendido que los hombres son ‘esclavos’ de sí mismos y de los demás. El completo rechazo de la persona significa el aplastamiento del yo, que pasa a disolverse completamente en la naturaleza.
3-R. Barthes, La muerte del Autor, American journal Aspen, no. 5-6 ,1967.