ARTEBAH…

Letras Luciano Deraco

El Artista (2009). Fotografiá seleccionada por el autor en base a la gran correspondencia entre su escrito y la película argentina. Ver nota aclaratoria final.

El Artista (2009). Fotografía seleccionada por el autor en base a la gran correspondencia entre su escrito y la película argentina. Ver nota aclaratoria final.


Nuestro lúcido Luciano nos evoca la trepidante revuelta Pop iniciada por la
lánguida intensidad de Warhol, Andy.
Editorial AZAhAR literario

¿Ésto es? ¿ésto es el arte? ¿ésta mierda fresquita? ¿ésta madre bastarda que contiene entre sus entrañas hediondas la pasión de los nadies jugando a ser todo? ¿ésta viciada mugre de la autoreferencia? ¿Es el artista un iluso demasiado pretencioso que juega a cada paso como a iluminar la caverna del resto de los cegados mortales? Es el yo artista. El yo mundo.

Pues sí, es también el sucio escondite de un aplauso eterno, ése que busca a las masas que tanto desconoce y sueña con manipular. Ese compás de palmas que se sabe sufrido, condenado a una vida de privaciones. Es además, un hueco de hectáreas, donde un ego que no cabe ni en mil mundos se acomoda como puede. Y es la sonrisa del narcisista, la mirada del otro. Ese nunca protagonista, nunca actor narciso, nunca rockstar huevón, nunca marioneta de tablas, nunca standup vacío en lo efectista. Nunca. Nunca el otro, siempre el yo, el puto yo que todo lo quiere porque cree que todo lo puede.

Y ahí está el arte frívolo, danzando y sonriendo con sorna ante este texto, sabiéndose rozagante, engordando ante cada nuevo y tonto acorde, frase seudo ingeniosa y necesidades de reconocimiento fagocitadas con celeridad.

También está la gente, eterna postergada, bregando por una migaja de atención y esperando el fin de una epidemia que amenaza con ir por todo: el arte en todas partes. Arte, arte, arte… Uno para todos, todos para mí, parece decir el arte hecho verdad única, silenciando las verdaderas verdades.

Nota del Autor: El artista como fetiche de una casta, de unos pocos, de esos que excluyen y cuando a regañadientes se dignan a incluir, disciplinan y domestican. En el mundo del saber especializado ignorantes somos todos, jugando a bañar de aplausos los profundos ríos de la apariencia.