BIDUAL

Letras Brunela Curcio | Publicado originalmente 14 Julio 2016

Collage Brunela Curcio

Collage Brunela Curcio


 

Y te vas…y venís…sos yo cuando soy vos.”


I

El aire entraba por la ventana con furia dejando desprevenido el jarrón posado sobre la mesita de noche. Las cortinas se contorneaban impacientes en un grito desopilante de inquietud mientras el gato sigilaba en susurros desde el balcón entretejiendo el modo de atacarlas y rasgarlas.

Salió del baño con prisa, soltó su cabellera y la secó superficialmente. El vestido desfiló por su cuerpo, recorrió el seno y finalmente cayó en sus formas hasta cubrirla. Se colocó los tacones, aferró el bolso y huyó de casa para no llegar tarde.

La camisa blanca manchada de sangre permaneció en el suelo, el jarrón finalmente la cubrió haciéndose trizas al caer. El gato no dudó en pisarla e improntar sus huellas manchadas en la alfombra de la habitación, desestimando así el ficticio sabor impoluto del departamento se lamió las patas ahora coloradas en tonos rubí.

II

Se sentó frente a ella con la intención de controlar el juego. Sabia que era necesario verla, no obstante no quisiera hacerlo. Dar cuenta de sus intenciones frente a otro era sinónimo de aceptar su condición “anormal”, esa misma que según pediatras, médicos y loqueros se inclinaba intensamente a lo considerado una “conducta desviada”. No quiso contarle “el todo”, en cierto sentido podía recordar sus intensiones pero no lograba ver más allá de ellas, era un conjuro repetido. Evocar cada pieza del puzzle siempre le había costado. Se acomodó el vestido mientras quitaba y colocaba insistentemente su zapato derecho.

La doctora se ajustó los lentes y mirándola con seguridad le pidió que intentase recordar. Al ver que la paciente no podía hacerlo le ofreció tratarla mediante una técnica de hipnosis que la ayudase a cubrir los baches inciertos. Comenzaron el tratamiento. Poco a poco los colores pintaron las escenas olvidadas, el consciente hablaba incontinente con la memoria muy despierta. La sangre escurría por sus manos y le gustaba. La boca se teñía de rojos intensos, encarnados el escarlata y el bermejo se fundían en un granate carmesí, sentía el sabor de la vida que se apagaba entre sus dientes, sus labios entre sollozos y excitación tremolaban agitados hasta blandirse con el deseo de su espíritu sediento del poder del tomar y poseer el vigor ajeno que ahora le pertenecía extinto. Inmóvil el cuerpo inasible parpadeaba su último estertor.

III

Escuchaba sus palabras, mordía sus labios tenazmente, postulaba el capricho y el desdén del nocivo aroma de la sangre que se reivindicaba en la adicción de sus sentidos. Las tribulaciones ante el recuerdo relatado se agravaban en el suceder de cada palabra de su paciente, que resultaba siempre más vívida, siniestra y perseverante.

Se alzó, se mareó y volvió atrás en sus pasos, le ordenó ubicarse en el espacio. Algo de todo aquello le resultaba familiar. El péndulo colgaba entre sus manos y sus tacones empezaron a descubrir un destierro rojo perverso, en el suelo las marcas teñidas de las huellas de sangre se manifestaban y defenecían en el alba y la aurora del ocaso de sus tormentos. Flashes y memorias. Le pidió a su paciente que en su estado de inconsciencia buscase un espejo donde reflejarse. El vestido se dilapidaba incoherente, necesitaba rendirse y ser libre. El inconsciente quería concientizar sus inocencias para marcar su naturaleza idónea de angustias y errados impulsos inacabados, contenidos.

IV

Me veo cubierta de sangre, mi camisa blanca ha cambiado de color. Sonrío, río y me masturbo usando el sexo de aquel cadáver insípido de vida. No me siento culpable, gozo mi momento con la inocencia escénica de aquel que no teme a lo que puede devenir de su acción, en la fruición benévola de aquel que se sirve de un cuerpo para saciar a otro. Me regocijo en mi llanto de alegría.

Me busco en el espejo, para hacerlo necesito comandar mis sentidos, reprimirme y me transfiguro más discreta, petulante e insípida mi visión se ve velada para finalmente abrogarse en el olvido. Necesito mis anteojos. Miro mi sombra, busco mi imagen en el espejo. La encuentro.

V

Creíste que conocer la verdad te bastaría, pero sabíamos, sabías que no terminaría todo allí, que necesitabas más para ponerle el punto final al final de tanto principios.

Como un día cualquiera nos despertamos con la firme convicción de que la consonancia uniforme no irrumpirá en nuestra vida y no lo hará porque no debe hacerlo. No puede interrumpirnos si ese mundo es suyo.

Somos banales seres inmersos en utopias muertas, esas que los cadáveres y las sombras de nuestros delirios dejan sin un silencio, sin una palabra. Cuando hablamos nos escondemos en todo aquello que decidimos callar y cuando callamos volvemos a recubrirnos en el silencio de tantas palabras que no remedian verdades. El problema es que de tanto callar o de hablar tantos silencios, terminamos olvidando como era el sentirnos y reconocernos en nuestros signos y frases inconclusas. No escuchamos eso que alguna vez callamos porque ya olvidamos como era el sentirnos.

Pero no se preocupen amigos que yo, como fiel humano y sobreviviente, quiero en cada gesto salvarlos a cada uno de ustedes todos, recordarles las verdades que escondieron y gritar al mundo lo que nunca fue más que un pensamiento sin ver la luz.

Soy simplemente un ser que caza historias, recuerdos, pensamientos o conclusiones, ideas vanas que viajan indelebles dejando sus raíces en los sueños del ser humano creador. Después de dedicar mi vida al conocimiento de las personas y al estudio de la psiche, puedo simplemente deducir que nadie es como uno lo imagina, que somos todos extraños de nosotros mismos. Cada vez que un sentimiento irreflexivo, que transita por las calles de lo imaginario, se mueve hacia el carril de lo concreto tiene lugar una nueva descubierta, un nuevo miedo, un nuevo engaño y una nueva realidad, es la del Ello, como afirmaba Freud, que escapa por fuera de ese Yo que hacemos conocer al mundo. Cuando los impulsos sexuales, impulsos violentos, impulsos irracionales… cuando este yo interno en su face primaria, en sus necesidades básicas, en su buscar de satisfacer sin más, es el protagonista, es allí cuando llega la diversión y explota el Real Yo sin las configuraciones sociales que nos encarcelan por fuera del nosotros verdadero, del nosotros sin máscaras.

El ser humano se sugiere complejo, pero no lo es, no somos más que simples conjeturas que nos demuestran e imaginan autosuficientes, incomprensibles, magnánimos, importantes, pomposa-supuestamente elocuentes. Pero en realidad, esta elevación a un estado superior no nos demuestra más que inferiores, esta necesidad de sentirnos alguno nos hace ninguno. Entre tanto poder, entre tantos sueños de santificación del hombre nos convertimos en criaturas ciegas e impotentes. Cuánto ingente puede ser el ser humano si con un simple lama afilada puede ser privado de vida. Cuánto imperiales se creían los reyes de Francia que finalmente murieron gracias a las manos del pueblo en la guillotina. Se vive, se muere, pero el poder no reside en el perdurar omnipresentes sino más bien en sentirnos débiles a tal punto de perder la vida por el sólo miedo de correr el peligro de ser descubiertos realmente viviendo, presos de nuestros impulsos, nuestro verdadero deseo, nuestro verdadero engendro terrenal del yo gozoso ebrio no reprimido. Somos tantas hormigas a vivir en este agujero que una más o una menos no hace la diferencia, una que no es más que un deber en la distribución de tareas no faltará a ninguno, si no tiene un ninguno al que pueda faltarle. Soy la salvación y la vida. Y tu serás salvada.

VI

                     Me veo.                               Te veo.

Te encontraste,        me

 encontraste.

Nota de Autor: Parte V escrito a los 16. El cuento surge de la idea de aquellos años a partir de ese párrafo encontrado por casualidad.

Según El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales el Trastorno de identidad disociativo es un diagnóstico controvertido descrito como la existencia de dos o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente.

Comentarios

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