CARA VERSUS CRUZ

Letras Salomón Mosquera Rugel

Collage Brunela Curcio

Collage Brunela Curcio


 

Mientras fuiste ignorada
por bandoleros y forajidos,
que al otro lado escondidos,
vivías inmaculada;
y el indio tuyo, de alma inspirada,
te amaba y veneraba muy ardiente,
y no existía en ti, lugar que no se encuentre,
oro y plata en abundancia,
que la Pacha Mama con tolerancia
paría desde su vientre
De valles, cimas y hondonadas,
al ser descubierta por azares de la vida,
tus riquezas fueron oportunos salvavidas
para la España vieja y caducada;
que un genovés en su añorada
empresa por descubrir nueva ruta,
dio contigo venciendo en disputa
al naufragio, que a su tripulación,
a mal tenía la desesperación,
que a la calma tan fácil amputa.
Desde los llanos hasta las alturas
se inició la pesadilla de tus mansos sueños,
hombres blancos, tus futuros dueños,
ultrajadores de la raza pura;
que en ambiciosa y riesgosa aventura
se proponían a toda costa conquistarte,
y así, por siglos esclavizarte,
cual reo sin leyes y sin dioses,
que saciando sus malos goces,
heredamos sin remedio la peor parte.
Cortez, Alvarado y Pizarro,
como tantos, a la mar, hijos de la suerte;
venciendo el miedo y hasta la muerte,
envueltos en sudor, fiebre y barro;
males del trópico que atacaban a los guarros,
que con armadura y espada desde España,
el temor en el indio fácil se ensaña
al ver hombre blanco, Viracocha, dios padre,
aniquilado por el Dios de la futura patria madre,
Valverde: evangelio, avaricia y mala saña.
Asestaron firmes las espadas,
sus arcabuces vomitaban temor y fuego,
los blancos pedían al Dios con ruegos
protéjalos de las emboscadas,
y aquí y allá las miradas
escrutaban cualquier desventura,
muchos, que desde Extremadura
arribaron a buscar fortuna y gloria,
y se embarcaron miles de escorias
a conquistarnos a pie y a montura.
Grandes imperios tuvo Asia y Europa;
la historia cuenta a los romanos,
así como a los turcos otomanos
con emperadores que guiaban sus tropas
a guerras y batallas que arropan
de gloria sus heroicas gestas,
que enfrentadas con arcabuces y ballestas
sembraron respeto y poderío,
sometiendo a pueblos, sus desafíos,
cada uno a ser honrado se apresta.
América, a Aztecas en el norte;
en el sur, a Quitus e Incas,
el tercero que se fortifica
como imperio con emperador y corte,
respetado por su sagacidad y porte,
Huayna Cápac, el gran estadista,
a someter el Reino de Quito se alista,
y en intrépida acción con sus orejones,
conquista pueblos, extermina corazones,
contra Puruhaes y Quitus, invasión prevista
De Túpac Yupangui, su difunto padre,
finalizar la conquista ansía,
seguro de sus fuerzas y rebeldía
va en camino aunque el viento ladre,
el valor que la resistencia abre
en espera de los invasores,
y Huayna Cápac, sin temores,
avanza en pos de la victoria,
empresa hostil que lo colmará de gloria,
en Yaguarcocha mueren miles de actores.
Ejército inca que doblegar pudo
la tenaz resistencia del guerrero Cacha,
que a su muerte, su hija, la Princesa Pacha,
el valor y la entrega tuvo
de tomar las armas contra los orejudos
en incansable guerra de guerrillas,
clavando profundas flechas sobre las costillas
de los invasores que descontrolados,
temían lentamente ser diezmados,
Huayna Cápac, que lo sabe, la princesa bella florecilla.
Final estrategia se propone
para vencer la resistencia quiteña,
sin agrandar el fuego sobre la leña,
matrimonio con Pacha, sus intenciones.
La princesa, que a favor de él su amor dispone,
conquista así al monarca,
quien al Tahuantinsuyo nuevos límites marca
tal como sus ancestros lo soñaron,
deseo, que tanto añoraron,
Huayna Cápac es el señor, es el patriarca.
Llena de amor y de atenciones,
Pacha, con el poder del romance,
de un amor que con su alcance
lo hizo suyo entre adulaciones;
y el inca, en noches de adoraciones,
descendiente tuvo de la princesa,
y lejos del Cuzco, al conquistador le interesa,
formar al nuevo príncipe a su semejanza,
que sin vacilo alguno ni tardanza,
lo bañó de amor y de fiereza.
En el Cuzco, capital imperial,
la coya muy disgustada,
da vueltas a la encrucijada,
porque el asunto de bien pasó a mal:
un príncipe bastardo, malestar general,
recorre palacios, templos y cortes,
sabedores que habrá enorme recorte,
del imperio, el Tahuantinsuyo,
cada príncipe herederá lo suyo,
de Huayna Cápac es claro su aporte.
A la muerte del gran estadista
el imperio quedó fraccionado,
en el Cuzco, un hecho indeseado,
cae como ave mal vista;
malhumorando a los proteccionista
de Huáscar, príncipe mimado,
que su padre ha castigado
otorgándole medio poderío,
y los grandes generales ante el señorío
de Atahualpa, su respaldo han dado.
Va ganando espacio la codicia,
los cañaris muestran vasallaje,
la historia cuenta en sus pasajes,
Chapera, ser lleno de avaricia;
se une al bando, preso por la malicia
e impertinente camina a la batalla,
contra Atahuallpa, señor de gran talla,
que oyendo a sus hombres de confianza,
va raudo con sentimientos de acechanza,
a arremeter al traidor, la guerra estalla.
Día y noche, tronar de guerra,
Huáscar a sus generales ha designado,
exterminar al bastardo ignorado,
heredero también del imperio, sus tierras;
lo considera así, y el inca yerra
al tomar el mando y enfrentarse,
en el momento de incomodarse
por el fracaso de su ejército,
que sin suerte y sin éxito,
fue apresado, era de esperarse.
A Atahuallpa, de los tumpis, una flecha,
una pierna el veneno ha imposibilitado,
y por Quisquiz, bien representado,
sin temor su suerte toda echa.
El sinche, que orgulloso estrecha
su mano, sale rápido en campaña,
para abrirle camino luego a los de España,
que a punto están de realizar su proeza,
y más de cien hombres darán la sorpresa,
el futuro de América en manos de la hazaña.
Cerca del ansiado objetivo
va camino al Perú, el criador de puercos,
hombre ambicioso de espíritu terco
al mando de gente con historial delictivo;
de él, al pie siguen sus instructivos
y evitar rayar en la desventura,
que del hambre, la muerte y la locura,
víctimas fueron de los desagravios,
y sin huellas de anteriores resabios,
felicidad darán a sus amarguras.
Enterados del fin de la guerra fratricida,
Pizarro alista sus huestes,
el Perú, al precio que le cueste,
gloria o muerte, no halla más salida;
y con la fe y la esperanza bien asidas,
el extremeño va al encuentro del emperador,
que hallado en descanso y placer restaurador,
aguarda al jefe los Viracochas,
que a duros pasos y abriendo trochas,
vislumbra de Caxamarca su esplendor.
Caxamarca, “lugar de hielo”, desierta
a la llegada de los españoles,
después de tantas lunas y soles
inquietud a los conquistadores despierta:
aire de emboscada que desconcierta
a los ibéricos en los aposentos,
que con sentidos bien atentos
aguardan listos cualquier desenlace,
el Capitán de Soto será el enlace
bajo el cielo de nubes cubierto.
Noticias trajo al caer el crepúsculo
junto a Hernando, hermano del conquistador:
treinta mil indios junto al emperador,
confiesa frente a los ojos de un sol minúsculo;
Pizarro, que ha relajado sus tensos músculos
al oír también que las intenciones,
del gran inca son de atenciones
porque los considera sus buenos amigos,
y ante su Dios, como fiel testigo,
cristianizarlos promete sin dilaciones.
La estrategia está fundamentada,
cada soldado cumplirá lo dispuesto,
Pizarro, Valverde, Felipillo (indio ) han puesto
toda su confianza en la celada,
que a una señal del ibérico caerá la emboscada
de los soldados disparando sus mosquetes y arcabuces,
avasallando a la indiada bajo las luces
de los rayos solares en la Plaza Triangular,
donde al rey de los incas captura le darán,
Valverde, Felipillo y Pizarro, la tramoya conducen.
El cura Valverde empieza hablar
de otro poderoso rey,
dueño de todas las tierras y fuerte por su ley,
que mora pasando el inmenso mar,
quien manda a los naturales a evangelizar
para que se sometan al Dios de las alturas,
y el inca, guardando cierta cordura,
critica las atrevidas frases del sacerdote,
quien a su vez siente el literal azote,
y del diálogo se vislumbra la ruptura.
Santiago, todos a ellos”_,Pizarro da la orden;
la soldadesca arremete con sorpresa:
caballos, mosquetes, arcabuces… la fortaleza,
se imponen en medio del desorden,
e indios asustados fuera de Caxamarca se esconden.
Pizarro, cual si fuera preciado trofeo,
protege al inca, para Valverde, un ateo,
con el fin de que no le causen heridas
es capaz de ofrecer suyas las costillas,
la historia así lo cuenta, en sus ojos veo.
El futuro incierto del rey inca se deduce:
los ibéricos coinciden con un juicio justo,
Felipillo, indio traidor e injusto,
mete intrigas, malas ideas produce;
y a tomar precauciones los conduce
cuando Almagro y los suyos llenos de ambiciones
llegan a reclamar su parte de acuerdo al trato,
Pizarro, en desacuerdo porque no ha pasado malos ratos,
se niega a aceptar del Tuerto absurdas condiciones.
Superadas las desavenencias
entre el Porquerizo y el Tuerto,
la paz se hizo con aire incierto,
hipocresía en la indulgencia;
pues, en cualquier lapso la paciencia
se acabará entre las partes,
guerreros de tan buenas artes
en oportuno momento,
cogerán las armas en mal intento,
instrucciones a Pizarro se reparte.
De llevar el oro a buen recaudo
hasta la madre patria, España,
contra el quinto real nadie se ensaña.
Hernando Pizarro a la mar sale raudo,
misión lleva, y el infausto
Atahualpa sabe lo que le espera,
muerte segura, el Tuerto se esmera,
para acabar con cualquier rebelión,
que la indiada haría en cuestión
de segundos si así lo decidiera.
A Guamachucho de Soto va en camino
a averiguar una supuesta alzada,
dejando a Atahuallpa en la encrucijada
que ejecutado será de repentino,
y a placeres el Tuerto toma vino
formando a gusto su tribunal,
y con actuación y sentimiento animal
acusa a Atahuallpa frente a los suyos:
de bastardo, fratricida, idólatra…dejándolo sin orgullo,
el Tuerto ambicioso vive en su pantanal.
La causa ha sido juzgada,
los generales hipócritamente
llenan las fórmulas frente a su gente,
sentencia consumada:
morirá en la llamarada
conmutándosele sólo esa pena,
que así la fórmula ordena
sobre el gran descendiente,
de Huayna Cápac, el inca valiente,
el garrote eliminaría atroz escena.
Abjurando su infame idolatría,
sobre el rey vierten en la cabeza
las aguas con gran delicadeza
bautizándolo en su maestría;
Valverde, cura de porquería,
con grotesco nombre de Juan Francisco,
burlándose así, hasta del más alto risco,
lo ha nombrado antes de su muerte,
pues ya, echada está la suerte,
del mar se percibe olor a marisco.
El poderoso rey ha sucumbido
ante el garrote a mano de ignorantes,
y desde ese instante y en adelante
América con su pecho adolorido,
avasallada por truhanes y forajidos
por siglos, con fuego de arcabuz,
oscuridad eterna sin ver la luz
heredamos como resultado
de un destino amañado,
al ser vencida Cara, por la Cruz.