CASI MUSA

Letras Brunela Curcio

Fotografía Paloma Marquéz Franco

Fotografía Paloma Marquéz Franco


 

Un día la cachetada me dio vuelta la mandíbula y las sombras repercutieron en el alma de los sinsabores de la rutina, demasiado pesimista como para ser hermosa. 

Caminé por lugares comunes de algunas poesías y vi que el nada de la inexistente motivación, de la inspiración obsoleta me había dejado sin que escribir. El ventilador parecía inútil sin los sueños altivos de una realidad distinta de aquella que me estaba sorprendiendo y sobrepasando. Otro día más en la inmundicia de la falta de dignidad marital y consciente, como el de ese que sabe que sin un mango no es nadie y que la mina se escapa si no tiene con que comer.

Pero yo ni eso. Ni mujer, ni infiel, ni nadie con quien serlo. Quién querría a un soltero natural de útero, sin inspiración, sin un alguien quien lo llore frente a un nefasto final de cajones sin plurales, marchito ante la no vida y por si fuera poco, sin un papel con el cual pagar para sentirse deseado y desear.

Me consumía la ansiedad de ser sin ser y de no ser sin tampoco ser, las agujas seguían su curso y la navaja quería seguir también el suyo. El destino a veces se predice sin la necesidad de ser adivino o brujo, sólo se percibe y se marea en el infierno de uno mismo, que arde vacío ante la impronta de otro día sin altibajos, porque no hay por qué ser feliz y porque no hay experiencia que determine la infelicidad si nunca se fue feliz como para comparar lo uno sin lo otro.

Las premeditaciones se yuxtaponen entre el filo y la mirilla del alcohol dejado de un espíritu abandonado ¿Qué es morir si no se vive? Ambas cosas se determinan y son gracias a la otra, entones se cae en el acertijo eterno… ser o no ser…
Las conclusiones a la deriva se imponen gloriosas y concluyentes. Sólo se trata de encontrar un motivo por el cual escribir, por el cual sentir. Sólo se trata de reconocerse y encontrarse en el realismo de un converger casual incierto, entre la desesperanza y las tintas errantes, tintas que tras las manos agitadas se funden en un mismo acto de pasión y sexualidad virgen de espermas.

Y la razón apresurada de esas caderas rondaron desalmadas.
Rugió furioso el río, dos piernas rítmicas sonando en el contraste de un asfalto calcinado ante las transparencias de una seda roja afinada en aquel vaivén entre el cielo y la tierra. Su curvatura: perfecta. Dos párpados cubriendo dos esferas grises y mientras tanto, más abajo, dos labios penetrantes seductores. El todo actuaba en complicidad, en un conjunto de inquisidores y quietudes descalzas.
El subyugar de aquella mujer cruzando la calle cruzó también la cornisa del tener y no tener que escribir; después, como en silencios, la agitada figura gritó un susurro celosa de sus dotes.

El retozar de tintas enfurecidas inspiradas en aquella visión sólo puede imaginarlo la travesía de su voz dormida de resonancia, despierta en la entelecheia del papel, de ese no admitido en los templos de pueblos con necesidad de opios.

Nota de Autor: Monólogo interior, que descansa al interior, de uno de los tantos libros en producción que algún día decidirá por si mismo ser concluido -o no; todo depende de él-. Año de creación 2002.

Comentarios

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