COLUMNA VERTEBRAL: EL CÓNDOR PASA SEDIENTO DE SANGRE

Texto: Viviana Lombardi

“The time is out of joint, o cursèd spite that I was ever born to set it right”

 En tiempos dislocados es un maldito estigma 
el haber nacido para enderezarlos.
Hamlet, Acto I Escena 5
 

Hace cuatro siglos y monedas que William Shakespeare corría  a través de Hamlet el velo de un mundo dislocado que confronta éticamente al razonamiento con las miserias de la condición humana. Quizá por eso sea Hamlet su más celebrada pieza.
Proponer la autointerrogación iluminadora sobre el Ser, sus inefables claroscuros, sus deterioros y proezas, su desventurado apego a una vida que acabará inexorable como fatal polvo de huesos, es un desasosiego nacido con la raza.
Acaso también el mismo Shakespeare haya hallado iluminación en cada paso evolutivo de esa obra que apela al despertar de la conciencia, indicándonos que siempre hay algo de nosotros en quienes más repudiamos.

Anticipando proféticamente a Nietzsche al contrastar con caracteres “demasiado humanos”, el mismo Hamlet prefigura el lamento del filósofo alemán que bien cabría en boca del consternado príncipe:
«Ay, melancolía.., ¿dónde habrá uno océano donde uno pueda ahogarse de verdad?»
Porque la historia de Hamlet es – junto a muchos otras cuestiones – un portentoso análisis de la tensión entre realidad y apariencia. Lo cual conlleva indagar la legitimidad del discurso, los actos emergentes de sus dichos y el compromiso con el valor de la palabra empeñada.
Un tópico más que vigente en una contemporaneidad pública prostibulizada por los medios de comunicación con noticias escoltadas por simulacros, desinformación y obscenos disimulos, para sigilar la corrupción de los poderes.

Otra magistral exhortación de Shakespeare que formula que “Todo el mundo es escena”, nos estimula  a examinar la existencia en perspectiva. Quizá sea la mirada crítica  en escorzo la que permita desentrañar la verdad oculta en el discurso dominante.
A tal fin introduce en Hamlet al canciller Polonio, una excelsa humorada de Shakespeare hecha personaje, a quien le pone en boca la arenga hechicera de los venales empedernidos.

Personero de la duplicidad, vocero del relato revertido que estigmatiza a las víctimas para culparlas, artífice del discurso adoctrinador, Polonio encarna al operador político – “spin doctor” – y titiritero en jefe del reino danés, oscuramente afín a sus equivalentes actuales.
Maestro erudito en manipulación, como sicario del poder Polonio es el ex-machina en las sombras que infiltra caos y violencia en el alma de sus marionetas. Siendo sus instrumentos del daño el espionaje, la calumnia, el relato del odio, la maledicencia y la sospecha, disimuladas bajo la pátina del probo que alecciona sobre virtud cuando es él mismo intrigante de la podredumbre y la desvergüenza.
El prototipo que tanto en la época isabelina como en la escena política de hoy, emponzoña el oxigeno social con  su marisma mental, su violencia paranoide, su bancarrota moral, su codicia de renombre y su avidez de dominio; cumpliendo obediente el rol de alcahuete oficialista hoy notorio en funcionarios, la intelligentsia acrítica y los renegados de la prensa colaboracionista.

Anteriormente a la aparición del espectro de su padre, Hamlet oirá la primera verdad que urde la trama cuando el centinela Marcelo le advierte que “Algo está podrido en el estado de Dinamarca”, informándole sobre la grave  corrupción del reino; circunstancia anticipatoria de la traición y asesinato del Rey Hamlet,  que conducirá la tragedia hacia la catástrofe.
Que se mencione el ‘estado’ responde a otra genialidad shakesperiana que por un lado alude a la nación como una entidad viviente en ‘mal’ estado y a su vez como la comunidad social de gobernante y gobernados.
Y al relacionar la macro con la micro-cosmovisión de la realidad, expone cómo el vicio instalado en la cabeza del poder contamina a una sociedad completa.
La entropía de la descomposición sistémica que dará fin al orden atraviesa el relato a través de intrigas, dobleces, ardides y traiciones, culminando en la nigredo de las aguas donde se hundirá Ofelia – víctima sacrificial  – junto a la candidez de sus flores sanadoras.  La inocencia de la pureza es presa fácil de un mundo donde prevalece lo ‘in mundo’.

Bajo un régimen arbitrario que adultera y mancilla a la verdad confinándola al lugar de la suspicacia para crear desconcierto, donde el otro sólo es recelado como enemigo, estaremos siempre sujetos al abuso de poder, la injusticia y la segregación. 

La cosmogonía shakesperiana siempre nos abre un nuevo orbe de representación donde percibir la realidad refractada para espejarnos la contingencia del  mundo.
En tiempos actuales cuando burócratas siniestros ponderan el “caos constructivo” sin reparo alguno sobre el salvajismo que su implementación implica, cabe repensar si la tensión entre caos y orden constante en el imaginario isabelino es un componente irreductible del ADN del poder.

El estado de guerra permanente que asola hoy al mundo,  proyecto neo imperialista de los estados terroristas del planeta – con sus cabecillas criminales de lesa humanidad impunes – autoriza la analogía entre la actual desarticulación del estado de derecho internacional y soberanía de las naciones, con la violación de la territorialidad de Dinamarca por el heredero  del imperio Noruego al invadirla con su ejército.
Mediante el ardid de solicitar asenso para atacar Polonia, Fortimbrás concluirá por usurpar el reino danés, en un acto de saqueo anunciado que Hamlet no supo o no pudo leer.
Un derrocamiento ilegítimo del orden político y social – tan frecuente en nuestra era – donde Fortimbrás se auto otorga la potestad del trono de Dinamarca sirviéndose del vacío de poder abierto por la desintegración  del reino.
Una situación dramática tan barbárica en la tragedia isabelina como en la geopolítica de hoy, donde la realidad – siguiendo a Oscar Wilde – se complace en imitar al arte. Pero nunca en clave de perfección sino de esperpento.

En los héroes trágicos de Shakespeare – y en su literatura casi todos lo son – la hubris guiada por la osadía de Até, diosa de la desmesura y la arrogancia, indica que la humanidad debe cuestionarse la disonancia cognitiva que nos hace entronizar líderes sanguinarios.
Ya que, como nos lo advirtiesen los griegos, “los dioses primero vuelven locos a quienes quieren destruir”.

Nuestro logro como raza humana ha mayormente sido tolerar a psicópatas narcisistas; prototipos del déspota desensibilizado de su propia impiedad, incapaces de relacionar sus fallas emocionales, cognitivas o psicológicas con su sadismo. Individuos a quienes la crueldad les resulta trivial o inevitable, cuando no un instrumento cómodo a sus planes de dominación.
En tal sentido, los globalistas prosperan en esta era de barbarie disfrazada de pragmatismo de mercado que aniquila la inclusión y diezma a la familia humana mediante guerras focales, hambrunas, alimentos tóxicos, desatención sanitaria y virus secretos de laboratorio. Originando clones de Eróstratos demoníacos dispuestos a incendiarlo todo para lograr prestigio a cualquier precio.
Toda expresión de descontento popular para defender la dignidad y la libertad en un mundo vaciado de justicia, nos es arrebatada por la sinarquía como excusa para reprimir, encarnizada como nunca en librar la batalla final para privilegio de pocos y esclavitud de la humanidad toda. Un auténtico plan satánico bautizado públicamente como ‘Nuevo Orden Mundial’.

Plan impuesto por vía del extremismo criminal, creando exceso, irracionalidad, atropello, desestabilización, desposesión ilegal, vandalismo  y latrocinio, valiéndose de múltiples tormentos psicológicos y físicos sobre las naciones en la mira del imperio, infrahumanismo in extremis ejercido por mercenarios ultras: sujetos que renuncian a la condición humana para mutar en bestias desalmadas.
Pues el proyecto incluye el secuestro de las almas para robotizar a la raza convirtiéndonos en zombis sin huellas de humanidad. 

El pantano de Washington resucita como un huevo latente de Leviatán y extiende su órbita en nuestro continente como la sombra amenazante del Cóndor sediento de sangre resurrecto, con la connivencia de un círculo rojo de acólitos como Luis Almagro, ese insólito acto fallido de la genética humana a cargo de la OEA, quien ha conseguido atrasar de un plumazo cinco siglos a nuestra América, al homologar a una logia fascista de cruzados en pugna por una nueva Inquisición.
Un individuo que aprueba sin empacho las violaciones de una horda primitiva que replica la cruenta colonización de la España de la Inquisición con la biblia evangelista en mano, erigiéndose en guardia pretoriana de un imperio ya sumido en la decadencia sin haber consumado la civilización.
Un entreguista que por un lado ejerce un puntilloso escrutinio sobre la ética democrática en las urnas que ratificaron al presidente Morales en el gobierno, mientras se apresura a reconocer nuevos dignatarios golpistas asilados en la ilegalidad.

Avasallada la democracia una vez más en la patria grande latinoamericana, los facinerosos de la sinarquía global han reemplazado la infamia de la OPERACIÓN CÓNDOR de los setentas por la de la OPERACIÓN BUITRE de este siglo.

Ante tanta desarticulación manufacturada nos surge la necesidad de abrir un espacio de reflexión, poniéndole una columna vertebral a este mundo que nos quieren programar invertebrado.
La humanidad fue siempre capaz de leer sus apocalipsis como una revelación de la conciencia universal. Y aún oscilando en el borde del oscurantismo, puso la sangre en juego por defender la verdad que nos hace libres.
Nietzsche afirma que:«Hay que tener dentro caos y furor para dar a luz una estrella danzante»
Acaso el fuego de los dioses reminiscente en el genoma humano genere  un renacer de la Verdad en esta hora nueva, que es una vez más la de los pueblos.

NOTA EDITORIAL:

Esta columna continuará en un próximo encuentro con nuestros lectores programado para el 2020.
Mientras se proyectan nuevos contenidos y propuestas para el año entrante, el equipo editorial de AZAhAR Literario los invita a frecuentar nuestras publicaciones existentes, plenas de ingenio, versatilidad, talento y creación.
AZAhAR Literario se despide hasta entonces deseándoles paz, propósito, belleza y libertad.