DE POP Y TELE-…

Letras Dominga Emanuela Ronalda Sacromonte

DE POP Y TELE-... AZAhAR literario


El sol penetró por la línea vertical que intermediaba la puerta de la ventana y la pared. Dejó que el aire entrara toda la noche, quizá así podría dormir. Ella lo había dejado tiempo atrás -y cuando digo atrás, me refiero a muy atrás-. Él no pudo superarlo.

(Pasa muchas veces, mientras la relación subsiste no hay nada de qué preocuparse y la rutina, los gestos imprudentes, los olores del cuerpo que se liberan sin la más mínima sujeción y todas esas cosas que suceden -de las que ninguna novela romántica habla-, desgastaron el amor. En este punto, me pregunto: por qué ninguna novela habla de ellas y describe el después del deseo concedido, los viajes al aseo totalmente anti-sexies intentando por todos los medios que nada caiga en el ínterin, los provechitos post-almuerzo o cena, el olor a pies y todos los etcéteras, seguramente porque dejaría de ser romántico. Podemos plantearnos, si el idealismo romántico puede ser entonces un conciso factor de rupturas, ya que el imaginario de las relaciones muchas veces -la mayor parte de las veces- no coincide con la realidad comprobable de una relación duradera, que al establecerse deviene auténtica, como lo hace también el romanticismo, que en este contexto se mide en gestos más cotidianos. Pero volvamos a Él…)

Se levantó, imprimió los billetes de avión y fue a buscarla una vez más. Ya lo había intentado en innumerables ocasiones y ella lo había ya descartado en un ritmo casi tan habitual como el de su negación ante cada acción que Él cometía cuando convivían, cuando cada pequeño y singular objeto que tocaba -o no tocaba- era fuente innata de discusión y desagrado, de repelencia.

Allí estaba frente a su puerta, vestido con su look vintage cliché, dispuesto a intentarlo una vez más. Ella lo vio desde el balcón y cerró las cortinas. Desde detrás de la puerta gritaba su negativa y lo amenazaba con denunciarlo y requerir una medida cautelar de prohibición de acercamiento. No obstante todo, Él permaneció fuera por un par de horas sin el menor reguardo por su orgullo, colocó los billetes dentro del buzón y se fue a casa obsesionado por buscar un nuevo modo de llegar a ella.

Él ya no tenía trabajo, más allá de la tan nombrada crisis, lo perdió al cesar de esforzarse en lo más mínimo por retenerlo, no le quedaban casi ahorros y no tenía ganas de hacer nada para modificar su situación, sólo lograba pensar en lo que había perdido. Se repetía incansablemente que ella volvería, sin tomar conciencia de que nunca realmente fue suya.

Recordaba sus conversaciones, las repetía y repasaba en el más mínimo detalle:

-Oh Roberto José Ferdinando, te amo como se puede amar al sol, tu eres mi todo.
-Oh Maria de las Nieves Cristalda, desde que has aparecido en mi vida recobré la ganas de vivir y dejó de importarme la ceguera de mi ex novia, su supuesto embarazo inventado y las negativas de mi madre por mantenerte a mi lado por tu condición social.
-Oh Roberto José Ferdinando, nunca te ha importado mi pobreza… ni que hubiese nacido hombre.

En tanto, ella se preguntaba como era posible que después de tantos años teniendo que soportarse mutuamente por obligación o necesidad, sintiéndose en constante competencia gracias a su descaro repetido, a su necesidad de aprobación y atención por parte de los medios, podía insistir amarga e insensatamente en una realidad que no les pertenecía. Colocó un video-casete de los últimos programas y se vio junto a Él y rió, había pasado mucho tiempo desde que logró desnudarse de aquel rótulo en que ambos se consagraron terribles actores de telenovelas.

-Oh Roberto José Ferdinando, te amo como se puede amar al sol, tu eres mi todo…

…-NOVELAS

Comentarios

  1. […] Escribe Brunela Curcio | El sol penetró por la línea vertical que intermediaba la puerta de la ventana y la pared. Dejó que el aire entrara toda la noche, quizá así podría dormir. Ella lo había dejado tiempo atrás -y cuando digo atrás, me refiero a muy atrás-. Él no pudo superarlo  Leer más… […]