DESPERTAR AL MUNDO

Texto Viviana Lombardi

Cristina Jimenez Sanchez photo Bantu EYEZ

Cristina Jimenez Sanchez photo Bantu EYEZ

 

– Odio la niebla, la temo.
– Por eso la amas. La temes porque es más fuerte que tú. La odias, porque la temes.
La amas, porque no puedes dominarla. Pues solamente cabe amar lo indomable.
Yevgueni Zamiatin, Nosotros, capítulo 13.

 

Cada despertar es, en apariencia, una inocente acción cotidiana y necesaria. De a ratos se despierta de un sueño placentero, a veces de una pesadilla, y por momentos, sin recuerdo alguno del deambular del inconsciente cuando nos abandonamos a la anarquía del reposo.
El sueño, es, como bien dijo Shakespeare, el dulce hermano de la muerte. Nos hace experimentar la eternidad por un lapso que se interrumpe, necesariamente, para revivir.
En una especie de resurrección al menudeo que nos entrena para la aceptación del misterio. Y así, el resurgir acompaña cada alborada en que corroboramos que aún estamos vivos. Pero… ¿Qué es estar vivo, en realidad?

Acaso el sólo hecho de respirar normalmente no alcance a definirlo. O acaso más bien se trate de, al reingresarnos al mundo como recién nacidos, después de haber andado los desfiladeros del inconsciente – ese incógnito que nos acompaña siempre y nunca se nos revela pleno – apoderarnos de lo que apenas conocemos e intentar tomar conciencia. Una conciencia renovada de lo que significa el vivir nuestra existencia.
A lo mejor, también, el despertar de la conciencia nueva nos abra la percepción a otras cuestiones.
A preguntarnos, por ejemplo, si en verdad sintonizamos con la insondable complejidad del mundo. Si estamos dispuestos a afrontar en ese laberinto de claroscuros todos los semblantes detrás de las máscaras de persona que cada uno lleva para mostrarse en sociedad.
A resistirnos a vivir anestesiados y así poder desentrañar la narrativa del pusilánime, del falsario, del fatuo, del mendaz, del tramposo, del delincuente, y del  criminal de lesa humanidad.
A impedir que la neojerga policíaca del totalitarismo nos balcanice y colonice el pensamiento.
A descubrir, quizás, que la libertad es una amante a la que se conquista cada día porque continúa siendo, en el mundo conocido, una de las tantas formas de la utopía. Con el rostro fugitivo de un sueño recurrente.
A cuestionarnos si nos es posible abatir la catástrofe cotidiana de los distintos focos de conflicto global, y si podremos, alguna vez, desmantelar para siempre el horror de la opresión, la persecución, la tortura, la barbarie, el saqueo, el deterioro de la condición humana, la bancarrota moral, la injusticia radical que hace metástasis no bien se la controla para rebrotar en las antípodas.
O a corregir el rumbo para escalar al cenit donde ninguna verdad se esconde. Porque la Verdad misma es el apogeo.
E intentar que a la luz de ese resplandor, así como rebrota el mal absoluto tan grato a los amos del mundo operando en la sombra, se propicie otro renacimiento. El de los justos, el de los íntegros, el de los solidarios, el de los guerreros del alma de la raza humana.

AZAhAR va a presentar en breve la traducción del artículo publicado en inglés el 24 de marzo pasado, concebido para preservar la memoria histórica de una tragedia Argentina gestada y salvajemente implementada por el colonialismo aberrante de los Estados Unidos de América.
En una reflexión inspirada como justo homenaje a las víctimas que sufrieron las formas más horrendas de violencia e injusticia en nuestro suelo, nuestro lar común, nuestra madre tierra generosa.  Y así atesorar el recuerdo dándoles voz a las almas de los mártires.

Para que abrir los ojos sea siempre sinónimo de despertar.