DESPERTAR DE MUJER

Letras May Casanova | Despertar de Mujer

Fotografía Nicola Favaron

Fotografía Nicola Favaron


 

Primero creía que su pecho era una paloma que nadie ni ella misma se atrevería nunca a tocar. En su mente de niña pensaba que aquello nunca iba a cambiar. Las manos torpes y no bienvenidas azotaban su cuerpo y eran rechazadas con ademanes bruscos que invitaban a no volver. Decían que los hombres buscaban sacar provecho, que su cuerpo de mujer era un templo que nadie debía corromper, ni ella misma. Renqueaba con pasos torpes y torpes manos, ahora un pecho, ahora ese agujero que un día se atrevió a indagar como un misterio que acabara de descubrir. Insistía en rechazar que su tórax plano fuera a llenarse un día con aquellas cosas. Y es que era aún una niña. Una niña que no sabía nada de amor y deseos, suspiros y anhelos de mujer. Su cuerpo y su rostro surcaban el paso infinito de la primavera en flor que se asomaba. No sentía por nadie pero insistía en escuchar una y otra vez aquel “Me cuesta tanto olvidarte” que oía por las tardes en aquella radio. Anhelos de amor suspiraban en sus ramas verdes y flores aún sin abrir. Hasta que un día de pronto llegó, el beso inesperado, la lengua fugaz y activa que curioseó en su boca. El sabor fue tardío y la dejó con ansias de saber y buscar más. No fue inolvidable, no estalló en su pecho la pasión ni tuvo nostalgia de aquella boca ni de aquel chico. Pero despertó su placer. Y el placer buscó al placer en otras bocas, rabiando y empujando dejándola vacía y sin recuerdos hermosos de aquellas ocasiones. No llegaba el aleteo suave de unos labios dulces que le llenaran el alma y le hiciesen notar y sentir el amor, solo pasión y deseo, un presente desesperado y sin futuros de ningún tipo. Decían que querían sacar provecho, esos hombres, sí, esos hombres. Pero ella no iba a vender su pecho, que era como una paloma, a cualquiera. Esas manos torpes empezaban a buscar más abajo, y bajo su vientre también sentía tener una flor, que se negaba a abrir, porque el nacimiento de su rosa implicaría la muerte de la misma. Demasiado pronto para ser mujer, tarde ya para ser niña. Marañas y moretones como luchas de barro arropaban días y noches que no tenían sentido más que aliviar un ardor que insistía en aliviarse, más interior que exterior, que ella escondía en rechazos. Y es que realmente eran luchas, de descubrimiento, de manos torpes tejidas en cuerpos torpes. Y entonces un día llegó el día. En su mente tomó forma aquel cuerpo. Lo veía caminar y moverse con rapidez y con la torpeza de un niño que pareciera que recién acabara de hacerse mayor. Le contó sus sueños, y su problemas, la cogió de la mano con ternura y sin torpeza, pero sobre todo la miró. Ojos traspasando su cara y como siglos de soledad auto impuesta. Y aunque ya era demasiado mayor para ser niña y demasiado adulta para ser joven, lo supo. Que sus años de manos torpes y cuerpos torpes como olas sin sentido habían llegado a su fin. Él le regaló besos inolvidables que aleteaban en sus labios fugaces e intensos. Humedades que separaban sus labios y atraían sus mareas y supo por fin que era el deseo y el anhelo de otro ser. Esperanzada volcó por fin su pecho que era como una paloma para que él lo acariciara, la flor floreció por fin enriquecida con el rocío de un nuevo y fresco despertar para reposar finalmente en su pecho acabada la pasión recogida bajo su brazo. Y se sacudió el barro de sus luchas sin cuartel, sacudió el alma renovada y comprendió por fin que su pecho ya no era plano porque estaba moldeado a la forma de su mano y que tenía razón desde un principio, que su pecho era una paloma, libre de una vez, y que volvía a ser ella misma porque ahora sí, bajo aquel tórax ya no tan plano, volvía a notar el corazón.

Nota del Autor: En la mente de toda mujer hay una niña que quiere jugar y al mismo tiempo ser mayor. El descubrimiento del sexo es el juego-aprendizaje del niño y el amor es el instante en el que el juego se hace serio, donde se convierte en una realidad adulta.