DEVORADOR DE LA MISERIA

Letras Luciano Deraco

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Fotografía Paloma Márquez Franco


Cansado de todo. Harto de abusar frenéticamente del tiempo muerto. Gozoso, de todos modos, de sentirse cada día más parecido a un vegetal que a un animal. Refugiándose del exterior, del maldito exterior, en su sillón, ese en donde se jacta de sus saberes superficiales acumulados, todos aprendidos de la boca del enemigo. Ese, desde donde mira la realidad mediatizada como un déspota, exponiéndose sin culpa a una radiación sigilosamente devoradora.

Gordo como una morsa y lento como una babosa. Su aliento robusto parece engrosarse en el regocijo de la desgracia ajena. Fagocita, como las moscas a la mierda, la versión del mundo que los voceros del poder le imponen: hambre, represión, racismo. Odio.

Pero las llagas arteras e implacables devoran primero la boca, luego la piel y finalmente los pútridos intestinos. Demasiada maliciosidad ulcerando el funesto desenlace. La parca, impoluta, barriendo con saña lo que destroza con la guadaña.

No pudo con el mundo, con su mundo, con nuestro mundo. Murió de rodillas al panóptico que entretiene, adiestra y domestica. Infecto de su propia rabia, que es la rabia de todos, la misma que se vomita desde los monitores centinelas, enchastrando de putrecina la lujosa celda de la pasatista liviandad. Esa que se compra en hipermercados, shoppings y marquesinas luminosas.

¿Verdaderamente conocemos el mundo? porque vivimos para consumirlo y nos morimos porque nos consume.