ECOS ESPECTRALES DE UN MANIFIESTO PARA CIEGOS

Letras Viviana Lombardi

Collage Viviana Lombardi

Collage Viviana Lombardi


 

Los fantasmas del signo agolpándose en los ojos del ensueño.

 

 

Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sueña tu filosofía”
Hamlet – I, V. William Shakespeare.

Ojos cerrados a rabiar. Ojos negadores de la escasa percepción de la materia que educadores cretinizados por dogmas y falta de inspiración innata nos enseñaron a denominar “realidad”ensañándose así voluntaria y sistemáticamente con nuestra memoria de lo eterno. Ojos entregados a la negación de existir en el presente tiempo único de aliento humano para prefigurarse en una dimensión amena al alma. Ojos que inician la revolución de los sentidos al negarse a su función mecánica de desvirtuar, desleír, desleer, desactivar las antenas vibratorias que nos ligan al universo. Ojos rebeldes a las alucinaciones virtuales que nos aprisionan; ojos cuevas platónicas que hacen de los párpados caídos la guerrilla portadora de su manifiesto. Ojos que fundaron su república de los sueños dirigidos y de los espontáneos nombrando a Gustav Husak, hijo prócer de Milan Kundera, el presidente vitalicio de sus vidas y sus infinitudes. Ojos laboriosos del olvido organizado de lo que no existe en realidad, por ser la realidad la forma espuria, irónica, cosmetizada hasta el ridículo del saber infinito. Ojos que se niegan a ver para crear y se revitalizan creando para ver. Ojos cínicos, escépticos, ojos de cátaros y estoicos, nunca materialistas o realistas, siempre hedonistas. Ojos de Ángel que le hicieron concebir a Shakespeare que estamos hechos de la substancia de los sueños y a Borges que sólo escribimos sueños dirigidos. Ojos que denuncian que la escritura es una fabulación que nos asoma al núcleo de la vida siempre en tránsito, como el aire y el agua. Ojos de diseñadores anónimos de Altamira que experimentaron su propia vivencia de la cueva porque la factualidad es sólo un desfile de almas fantasma ennegrecidas por la desrealización. Ojos desgarrados del cuerpo por un Buñuel dueño de un cruel mastín que le grita a la burguesía que su cultura de privilegio del mirar y mirarse, es el desasosiego diabólico de un mundo de apariencias. Ojos de Borges y de Tiresias y de Galileo en el eterno goce de mirar hacia adentro para descubrir el laberinto humano, o predecir la catástrofe o aceptar la medida de lo horrendo al calcular el tamaño del Lucifer de Dante o encriptar al malvado Saturno en un anagrama. Ojos amorfos corriendo enceguecidos en el desierto de la interioridad para cumplir el ritual crístico de santificación de la materia o el rito satánico de la maldición eterna. Ojos poeta de Homero, de Demócrito de Abdera, de John Milton, Joyce y de Isaac el Ciego, autores de bienaventuranzas y de maleficios que nos circulan por los torrentes civilizadores de la sospechada raza humana. Cerrados al nacer y sellados al morir, ojos instrumento del tormento de contemplar este mundo de lodo que no hemos podido perfeccionar en paraíso. Ojos cerrados tan a rajatabla que le hicieron reflexionar a Jung: “Miro hacia afuera y sueño, miro hacia adentro y despierto”. Ojos bien cerrados para aspirar a ver.

Nota Editorial: Inspirado en el video JOY de José María Martinelli