EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

Letras Viviana Lombardi |

Reseña Puig


El Beso de la Mujer Araña es una novela que, al partir del núcleo del horror la mazmorra donde se trituran cuerpos e ideales sin esperanza de liberación atestigua la impiedad de un mundo donde la libertad del hombre se decreta utopía irrealizable.

Con las venas abiertas al sacrificio, Puig pone en movimiento las placas tectónicas del dogma totalitario instalado en nuestra sociedad de entonces, punitivo de la disidencia cuestionadora y de todo rol de individuación. El guerrillero, el homosexual, la mujer, los niños, toda expresión de vulnerabilidad u oposición, componían un conjunto fantasmático de parias, una lacra descartable y violentable, pasible de pudrirse en las entrañas mismas del sistema, sin el reclamo de una sociedad narcotizada por el terror.

Con esta obra, Manuel Puig introdujo una renovación de la literatura hispanoamericana, atreviéndose a diferenciarse, introduciendo una estética de géneros literarios amalgamados en una cosmogonía de intervisitación y sentido. La narración de Puig denuncia el daño de la opresión, lo regurgita casi, en la respiración entrecortada y suspirante de Molina, su personaje acuciado por el miedo a la condena y a su propio deseo. A través de su agonía del ser, arroja las llagas del quebranto a nuestros pies, con la violencia que solo el dolor del desierto interior puede provocar.

El beso se abre entonces como círculos concéntricos creados al echar una piedra al agua, proponiéndonos que la cárcel es tanto interior como exterior, que la dinámica opresor-oprimido y la violencia estructural del terror pertenecen a la naturaleza humana, como una telaraña que subyace diseñando la Historia.

Circunstancia que, cabe admitirlo dolorosamente, alcanza a nuestros días sin miras de resolución definitiva. Actuales sistemas de control, vigilancia y larvada –o abierta– represión, nos condenan desde el esquema siniestro de la globalización. La dictadura económica, la desesperanza de un futuro, la corrupción de las clases políticas, siguen operando como modelos de dominación y obediencia.

Previas a la teorización de la postmodernidad, las distopías siempre existieron como parte de los procesos históricos. Adelantándose a la postmodernidad plena, Puig nos anticipó una poética de la distopía en este relato enmarcado en la “época infame” del siglo XX en Argentina, con un texto enlazado en filamentos suaves como la seda y ardientes como el fuego creador.