EL LABORATORIO DEL ESCRITOR | UNA PROPUESTA

Editorial

En medio de la pánica llanura interminable
Jorge Luis Borges

 

 elegidos

Viviendo como vamos en un mundo donde la presencia cotidiana del crimen se ha hecho inocultable, donde autocalificarnos de raza ‘humana’ se parece cada dia más a un eufemismo, AZAhAR decide lanzarse al vacío en procura de red. Porque, cabe preguntarse……. ¿Sigue valiendo lo pena poner el pensamiento en palabras? Y a fin de procurar una respuesta, AZAhAR ha decidido acudir al altruismo de colaboradores y extraños.

Admitir que aún nos atañe decirnos algo significativo, en estos tiempos líquidos de la posverdad, de la posfactualidad, donde no son los hechos sino las sensaciones las que cuentan, donde la palabra puede teñirse del color de la sombra para desfigurar el sentido, y aún así ser valorada por perspicaz, irónica, oportunística y -por qué no- osadamente mendaz, es un acto de arrojo no apto para pusilánimes.

Estos tiempos magros en ética y plenos en desquicio imploran por anclaje. Y desde tal certeza nos preguntamos, y postulamos, elevar la apuesta al terreno de la utopía para exorcizarnos de la distopía. Y convocar a la anagnórisis personal en pos de la metanoia colectiva.

Anagnórisis, es, en definitiva, la autointerrogación ardiente sobre la condición humana que emprende Hamlet hasta costarle la vida, como es de esperarse. Los que interrogamos al SER hasta la exasperación siempre perdemos al confrontanos con los zombis que bajo la máscara de dirigentes o mentores se pregonan dueños del poder.

Anagnórisis es la proclama del spin doctor’ del cristianismo, Saulo de Tarso, alias apóstol Pablo, cuando autoerigido en líder del proselitismo militante por la epopeya de un disidente galileo, en su epístola a los corintios discurre sobre la procura de perfección espiritual, diciéndoles:

”Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo, como por detrás de un velo, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido.”…

Metanoia, es a su vez,  la hermosa leyenda evangélica del gadareno endemoniado, donde Jesús consigue confinar todos sus demonios dentro de una piara de cerdos que luego impulsa a arrojarse a las aguas. Y que es, por supuesto para todos los que tengan ojos –como un lúcido Hamlet atormentado le demanda a su madre, enceguecida de lujuria– , nada más y nada menos que una metáfora extendida sobre el hacerse cargo de las propias abominaciones antes de demonizar a los demás.

El lector sagaz descubrirá en esa parábola que la metanoia es la conversión de impuro a puro, el tránsito de la oscuridad a la luz, del sueño a la vigilia, del caos al orden. Donde el hombre ‘viejo’, Palaios Anthrotopos que se corresponde al plomo, ha mutado en un hombre ‘nuevo’, Neos Anthropos, u oro, por acción eficaz del Cristo, emblema de la piedra filosofal.

La distopía, por su parte, es de antigua data. Ya Shakespeare – siguiendo, sin ir más lejos a los gnósticos y tantos otros – nos advertía en La Tempestad:

“El infierno está vacío, todos los demonios están aquí“

O sea que darle pelea a la humana necedad y a la malévola índole del idiota congénito o por elección no es cosa de hoy. Menos aún lo es ejercitar el músculo de la tolerancia para resignarse a la percepción fallida del bobo estructural.

Saulo de Tarso, alias apóstol Pablo, que a ojos vista debe de haber sido un máster de las relaciones públicas, encontró el perfecto eslogan vendedor para la pacificación de almas impías, al agregar:

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Si se le pudo pedir tanto a miembros de tribus nómades de rebeldes congénitos potreando en sandalias por desiertos varios, bien podemos animarnos a pedir algo nosotros, en esta operación de salvataje del sentido. Más aún teniendo en cuenta que al susodicho apóstol la perorata le vino resultando por más de dos milenios.

Así que, poniendo todo atisbo de pudor de lado, es que acudimos a la misma suerte de extorsión emocional al realzar que Saulo, alias Pablo, dixit: “pero el mayor de ellos es el amor”.

Es en aprobación de tan eficaz propuesta que les solicitamos, con Pablo, tanto a colaboradores como a futuros aspirantes a incorporarse a nuestras filas, que nos envíen sus reflexiones, ensayos, disquisiciones y –por qué no– ditirambos, en defensa de una pieza literaria que los haya impulsado a la anagnórisis, para encaminarlos en pos de la metanoia.

El recurso está inspirado –a modo de homenaje–  en lo que el bien recordado maestro Ricardo Piglia llamara EL LABORATORIO DEL ESCRITOR.  Es decir, aquellos textos fundantes con los que hemos discurrido y seguimos debatiendo a través de una vida persiguiendo al enigma de la escritura.

Y ya que hemos recurrido libertariamente a la alusión místico-religiosa, no enrojeceremos en afirmar que más que un pedido, es un ruego.

Gracias desde ya.

AZAhAR

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