EL OLVIDO

Letras Juan Toledo

Fotografía Paloma Márquez Franco

Fotografía Paloma Márquez Franco


La primera vez que la vio, ella le daba la espalda parada frente a la puerta. En la habitación ambulaba un aire de resentimiento y dolor. Luego siguieron incontables escenas de gritos, quejas mutuas y muchas lágrimas, especialmente de ella.

Fueron meses de recriminaciones por sus embriagueces y desapariciones que de manera muy gradual fueron desapareciendo. En él, el rencor del fracaso empezó a ser subsanado por un aire de tristeza parecido a la resignación. En ella, sus quejas y gritos fueron reemplazados primero por muchas preguntas y poco a poco por más y más cenas en casa, primero sola y después con él quien con la disolución de los días se volvía más atento y locuaz.

El apartamento de ellos se llenó de gente, de música y hasta de baile. En varias ocasiones bailaron y bebieron desde la madruga hasta la noche, sin parar. Cada vez con más energías y entusiasmo, la energía y el entusiasmo que se siente en el vortex del amor. Ya para entonces en la mente de él había desaparecido ese callado disgusto por lo dependiente que era ella de él mientras que la belleza de ella se revistió poco a poco de un aura sexual juvenil y seductora. De igual manera el sólido resentimiento contra sus ex-colegas de oficina por la forma injusta y arbitraria como había perdido su trabajo desapareció por completo. Varios de esos compañeros aparecían ahora con regularidad en las reuniones en su apartamento y en ellos floreció algo muy parecido a la verdadera amistad.