ELLA (ELLA)

Letras Luciano Deraco

Fotografía Giulia Zucchetti

Fotografía Giulia Zucchetti


Las burbujas de ese alcohol dulce y ácido ya habían entorpecido mi habla y mis movimientos. Sentadas y relajadas en el sofá, desde un largo rato antes no parábamos de mirarnos, como magnetizadas por una química incipiente que sin embargo, ya había comenzado a gestarse con holgada antelación.

Puntualmente, centraba mis ojos en esos labios rojos, cargados de labial, que parecían moverse a imagen y semejanza de mis necesidades. Sus pupilas en cambio, se unían a las mías en una órbita de ansiedad y adrenalina que me inhibía pero no tanto como me excitaba. Fue entonces que reinando el silencio con aroma a sahumerio artesanal, se me ocurrió deslizar suavemente la yema del pulgar por esa mejilla idílica y tersa. Reinó por un instante el miedo, un miedo paralizante, que llegaba hasta la boca del estómago con frenesí y pujanza. Tranquilizándome, ella devolvió mi osadía con una caricia suave y casi tan lenta como intensa. Cuando su índice rozó mi boca, no pude evitar succionarlo levemente. Hábilmente lo corrió dejando un pequeño rastro de saliva. A esa altura, los ojos de las dos estaban trenzados en una batalla de deseo sin fronteras. La temperatura crecía y simultáneamente la distancia de los labios se acotaba dejando nuestros alientos a merced del encuentro. Cada exhalación se asemejaba ya al vapor de una caldera a punto de estallar.

Podía detenerse el tiempo, el mundo, la vida en ese instante eterno y hubiese estado bien, más que bien, sublime. Eran dos bocas a punto de besarse, a milímetros, pero jugando como a evitarlo para que el deseo desborde. Sin premeditación, subimos la apuesta y nos abrazarnos intensamente, tratando de disfrutar cada poro de piel recorrido, por las manos, el aroma mezclado y el roce de la tela de esas livianas musculosas sobre nuestros pechos erguidos y firmes. Sólo cuando fue inevitable, arremetió un primer beso torpe y escueto, cargado de pudor y necesitado de un sucesor a la altura de las circunstancias. Entonces las lenguas se revelaron sin tregua en una comunión incesante.

En un frenético cuarteto de manos quitamos con vehemencia las musculosas ahora incomodas para que la piel se sintiera libre de coronar tanta libido a punto de desparramarse.

Del sillón pasamos a estar erguidas en una unión que juntaba nuestros torsos sólo diferenciables por la tez de cada una: mi blancura transparente por un lado y su porte trigueño y caliente por el otro. La presión del choque garantizaba un contacto profundo, sublime y auténtico. Era amor en el envoltorio del deseo más anhelado y verdadero. Podía oler sus axilas mojadas mientras mi boca buscaba refugio en ese hombro delgado, exquisito y salado. Mis pequeños pezones pugnaban por no separarse jamás de los suyos, de enorme proporción. La humedad de mi entrepierna creía haber encontrado en el roce su hábitat más adecuado.

Bastó un dedo suave pero hábil para que mi boca estallara en el gemido más extremo que recuerde. Dejé que intervenga, con absoluta pasividad y entrega, quería sentir como recorría cada centímetro de mi superficie inundada.

Supo lamerlo con cancha, mirándome a los ojos y sabiéndome rendida a sus pies. Compartió el sabor de mis flujos y el de su saliva pasándolo lentamente primero por la comisura de mis labios, luego con un beso voraz que nos ataba en varios hilos de saliva.

Mi ombligo se transformó de golpe en el mejor terreno para esa lengua tan capaz y erecta. Yo a esa altura ya me sentía como levitando, dispuesta total a ese placer idílico y arrollador. Ella, como una fiera, con notable maestría, bajo mis babuchas con los dientes mientras me miraba, consciente de que mi sexo y sus charcos bramaban de necesidad.

Su lengua en mi sexo diminuto y rosado eran el epílogo de tantas pulsiones almacenadas en el placard de las represiones. Como todo final, traía consigo un inicio. Nunca había sido chupada con tanto afecto, entrega, pasión y habilidad. Nunca me había sentido hembra, nunca me había sentido yo.

Estaba ante una reveladora y excitante vuelta de página, una que dejaba arrinconada a mi conciencia a merced de todo el deseo que alguna vez fantaseé y más.

Nota Editorial: Este relato es parte del libro “Poesía, mala, poesía” publicado el corriente año, en él el escritor incluye cuentos y poesías propias.