ELLAS NACIERON PARA SER ESCUCHADAS

Letras Salomón Mosquera Rugel

Fotografía Paloma Márquez Franco

Fotografía Paloma Márquez Franco


La historia bíblica ubica a la mujer en una situación difícil, hasta cierto punto la llamaríamos de responsabilidad. Esto tiene que ver con la desobediencia hacia la determinación de Dios, de no tomar del árbol del bien y del mal, el fruto prohibido. No sabemos qué fruto fue. La historia bíblica no lo refleja en sus escrituras, por lo que esto pasa a ser de carácter irrelevante. Pero esta es una responsabilidad compartida bíblicamente hablando… ¿Entonces, por qué situar injustamente a la mujer desde el inicio de la humanidad a mano de la creación como la incitadora del pecado que ha llevado al mundo actual a la muerte, «porque la paga del pecado es muerte», según Romanos 6: 23

Independiente de esta percepción, errónea o no, la mujer, desde el inicio de la humanidad, sea por creación o evolución ha tomado un rol de importancia. En la época del Neolítico fue la iniciadora de la cultura. Ella se encargaba de la educación, de la siembra, de la caza menor, de la medicina, porque dio paso al conocimiento precientífico con respecto al uso medicinal de las plantas, y por último hizo el papel de sacerdotisa y guardiana del clan, mientras el hombre se encargaba de los quehaceres domésticos y del cuidado de los niños, en otras palabras, predominó el matriarcado.

A partir del patriarcado, los papeles se invirtieron, el hombre, al mando en el nuevo rol dejado por la mujer, se convirtió en el ser predominante, a tal punto, que no llegó a entender su visión intelectual y espiritual. La discriminación femenina a través de los siglos ha sido preponderante. Vedada a desenvolverse como parte del rol social, sumisa a un machismo enfermizo y denigrante. En ciertos siglos: no derecho a la preparación universitaria, no derecho al sufragio, y menos aún, a una participación política; solo una simple ama de casa, encargada de atender al marido y a los hijos. A partir del siglo veinte empezamos a ver que el rol de la mujer ha cambiado, con un mayor porcentaje de protagonismo social. Pero hagamos una retrospectiva, porque en la historia bíblica, antes de Cristo, hubo también mujeres muy destacadas, como Esther, Ruth, Noemí, María… que marcaron la diferencia, tal como en la actualidad muchas de ellas lo hacen. Si particularizáramos, tendríamos un listado holgado que nos enorgullecerían, porque debemos destacar, que la mujer es la ayuda idónea perfecta, aunque no la entendamos, porque al final de cuentas, ellas no nacieron para ello, sino para ser escuchadas. La fortaleza de la mujer es muy destacada de resaltar… ¿Por qué catalogarlas como el sexo débil? Porque de pronto no desarrollan trabajos físicos como el hombre. ¿Pero quién es el ser que, durante los nueve meses de gestación, se levanta por la mañana a atender a los hijos para que vayan a la escuela; al esposo para que no se dirija con el estómago vacío al trabajo; quien arregla el desorden de la casa; quien luego se dirige a laborar a la oficina porque el solo sueldo del cónyuge no se puede convertir como única columna financiera, y luego regresar y retomar de nuevo los quehaceres? ¿Quién es el ser que, mientras su pequeño hijo, después de nacer sufre una dolencia y se pasa la noche en vela tratando de calmar su angustia, cuando el esposo duerme indiferente a piernas sueltas? ¿Podríamos llamar entonces a este maravilloso ser el sexo débil? Bienvenidas a este mundo, mujeres divinas y edificadoras.