ES LA RUTINA

Letras May Casanova

Fotografía Nicola Favaron

Fotografía Nicola Favaron


 

“La relación entre las drogas y el pop -música popular moderna- en la segunda mitad del siglo XX
queda muy bien ilustrada en un dicho adoptado por todas
las generaciones de jóvenes de los últimos 60 años: “Sex and drugs and rockanroll.
Aunque no deja de ser una expresión más lúdica que revolucionaria, nos muestra
claramente los tres ingredientes más atractivos de la etapa
vital más convulsa de la vida, la juventud, precisamente el momento en el que se da la mayor
parte de la creación musical moderna. (…)

Las drogas siempre han estado presentes en la historia de la música popular“1

La fuerza de ver todos los días las mismas cosas y conocerlas en profundidad la que nos hace infelices;
Y es el brillo de lo desconocido lo que nos hace saltar extasiados hacia otra dimensión.
Un día más pasó. Un día de trabajo, de oír los mismos chismes e intentar reír por las mismas cosas.
Un días mas.
Y aún hay gente que piensa que vivir es divertido, que cada día aprendes nuevas cosas y que todo vale pues, en el presente ya camina el futuro.
Me pierdo entre tanto optimismo.
Levántate temprano, trabaja, come…¡ trabaja, come, duerme…levántate…! ¡¿Qué sentido tiene todo eso!
Si es que se le puede buscar sentido a algo.
Luego vienen: “Tienes todo lo que puedas desear…”
¡No! No lo tengo. ¡Quiero más, deseo más…! ¡Soy más que todo ese montón de mierda!
Y dicen: “Ocupas tu puesto en la sociedad. Lo importante es cumplirlo bien…”
No si una sociedad se sostiene entre cuatro pilares que se rompen con la fuerza del tiempo.
Ahora somos así, antes éramos distintos, mañana…?
¡Oh! ¡Vale ya! ¡No aguanto esas idioteces! Nadie puede darme respuestas concretas.
Y ahora camino por la playa, me he quitado los zapatos y puedo sentir la fina arena bajo mis pies.
Anochece y estoy solo, paseando, meditando y supongo que dentro de una hora tendré un dolor de cabeza terrible, volveré a acostarme, a dormir y a soñar las mismas cosas y mañana…¡Uf!
La ansiedad me estremece de nuevo.
Miro la ciudad.
Luces que se encienden y se apagan, ventanas por las que se asoma la luz y un hervidero de gente en su interior.
¡Gente! ¡Que estúpida es!
Sólo me renueva el pensar que en el fondo de esa triste ciudad hay gente como yo que vive, piensa, ama , y, al fin y al cabo, también se cansa.
El aire de la noche con sus cantos remueve mis entrañas.
Abriendo los brazos y caminando medio dormido o medio despierto.
Y el frío pasa rozando mi cuerpo y una sensación como un canto demoníaco me arrastra a mirar en otra dirección.
Empiezo a percibir un nuevo aroma, algo que ya estaba ahí…¡Que siempre ha estado…!
Me es imposible describir con exactitud lo que percibo, pero puedo intuirlo, puedo olerlo y su aroma no es parecido a nada que yo conozca.
Es algo nuevo.
Vuelvo apesadumbrado mis ojos a la ciudad. Mis recuerdos no son gratos.
Enorme hormiguero de vidas que se arrastran sin descanso.
Sonrisas, abrazos y palmadas que se alejan tan sólo lo necesario como para coger impulso y acuchillarme por la espalda.
Hipocresía.
Hay veces que hasta puedo conformarme con lo que soy y lo que tengo.
Veces en las que sé que quejarse es inútil, que es suficiente con lo que uno tiene, momentos en los que puedo rozar la felicidad.
Pero todo acaba desmoronándose, todo, un día, pierde el sentido.
Y me encuentro como hoy, solo, paseando, esperando algo que cambie mi vida…y…ese amargor…esa desazón del alma…¡Oh, Dios!…¡es insoportable!
Ha caído ya el oscuro manto de la noche y el viento silba a través de los tiempos una eterna canción.
Me arrodillo y cojo a puñados la arena que se desliza a través de mis manos, de nuevo, hasta el suelo.
Me encuentro vacío y hondo, muy hondo, infinito, y ya no sé que pensar ni sé lo que está bien ni lo que está mal.
Lloro. El sabor es extraño.
Lloro.
Algo sale fuera de mi. Una pena infinita grita y pugna por escapar a través de mi garganta.
Sollozo entrecortadamente, me falta el aliento…no puedo…no puedo más…no…puedo…
Lloro.
Canciones y risas. Bailes.
Todo es alegre, todo es distinto.
Sale el sol y brilla para mí.
Me sonríe, me hace un guiño;
¿Qué está mal?- ríen.
Y yo río con ellos.
Nada. ¡Ah, nada! ¡Todo es hermoso! ¡Todo es eterno!
Excitantes sensaciones me recorren. Siento cosquillas y río alborotado.
¿Qué estaba tan mal?- preguntan.
Creo recordar…no, no hay nada.
Juguemos- dicen.
¡Sí!
¡Puedo jugar! ¡ Puedo tocar las nubes y besar el sol! ¡Puedo reír!
El universo es enorme, ¡lo veo! Partículas que se mueven a mi alrededor, todas ellas
hermosas, perfectas…
Es amor.
¡Es grandioso el amor!
…uuuhhh…vuueelaa…
Descanso en una nube de ideas, en algún lugar suenan campanas.
¡A trabajar!
Mmm…me envuelvo en la nube.
¡Ja!
Rodeado de estrellas, intocable a las manos de los hombres descanso y río…”
¿Lloro?
Estaba llorando, ¿no?
Estaba…¿que ha pasado?
Las luces de la ciudad, la gente, estaba, estaba pensando algo…¿qué era?
Me encontraba mal, muy mal. Hace tan sólo unos segundos. Sí.
Espera.
Bien.
Lloraba. Sí. Levanto la mano e intento seguir el sendero de mis lágrimas.
Mi mano está mojada…¿por qué?. Como si hubiera estado llorando sobre ella.
Sigo arrodillado en la arena, aturdido.
Intento recordar.
Risas.
¡Yo no he reído! ¿Lloraba?
Había algo que podía oler, que podía intuir, algo nuevo, distinto…
Un ruido se acerca siseante.
Sssshhh…
He quedado mudo, mi concepto del lugar en el que me encuentro es ahora mucho más nítido.
Arrodillado en la arena y cerca de algo, de ese algo que me ha absorbido durante unos segundos.
Estoy casi tocándolo…
Ssshhh…
¡El agua!
…mi mano mojada…
¡¡Ha sido el agua!!
Lentamente, con un respeto casi sagrado, me vuelvo y miro el mar.
Se extiende infinito ante mis ojos, los destellos del reflejo de la luna lo hacen parecer más hermoso todavía y las olas vienen y van acariciando la tierra.
Ha sido una ola lo que ha llegado hasta mi y me ha arrancado el llanto.
Canciones y risas. Bailes…”- recuerdo.
Sonrío.
Entonces, eres tú, bendita agua, la que me ha reconfortado.
Decían: “No te acerques a ella porque es mala y te llevará hasta el fondo…”
¿Mala?. ¿Cómo puede ser mala si te hace sentir tan bien?
Rezaban: “La mar es traicionera…”
Era todo mentira. Todos esos cuentos infantiles de gente ahogada o arrastrada por el mar eran mentira.
¡Bastardos!
Tantos años mirándola como ellos querían que lo hiciese.
¡Bastardos!
No os diré que la conozco. No sabréis que me he dejado amar por ella y que he gozado más que con vuestras estúpidas historias.
Y, ahora, un poco más.
De nuevo dejo que acaricie mi mano, ahí está, otra vez esa bendita sensación de libertad.
De acuerdo, ya basta por hoy. Ella sabe que no voy a olvidarla.
Ella sabe que yo soy especial, que no soy como los demás porque yo no la temo, la aprecio.
Me alejo satisfecho y pensativo. No lo sabrán. Mañana…
Cada vez voy más allí. Me encuentro a gusto.
Es el eslabón que faltaba en esa cadena que un día se rompió.
Poco a poco voy conociendo gente.
Al principio creía todavía lo que decían los mayores de ellos.
Me refiero a los bañistas, a la gente que se adentra en la mar.
Le decimos la mar. Para nosotros es como una bella y acariciante mujer.
Los bañistas son gente como yo, los hay de todas las clases y especies que puedas imaginar.
Yo ya me meto hasta la cintura, ¡un dedo era una ridiculez! Hasta la cintura las sensaciones son más intensas y profundas.
De vez en cuando, a lo lejos, divisamos gente que pasea cerca de la orilla; y riendo recordamos nuestra primera vez, al final, no siempre, el descuidado se para y una ola lo alcanza.
Entonces lo sentimos reír y reímos con el dándole la bienvenida.
Somos como una familia.
Algunos de mis antiguos amigos han llegado también hasta aquí, no todos, otros se han marchado, no saben lo que se pierden.
Ahora la vida tiene otra luz, ¡porque todo tiene cura!
En una ocasión, un compañero llegó muy cabreado.
En su casa tuvo bronca, sus padres habían descubierto que se bañaba y hubo un follón de miedo.
Se metió decidido adentro y llegó a tener el agua hasta el pecho, yo nunca había visto a nadie llegar hasta ahí.
Cuando salió era el más feliz de los hombres.
¡Bah en el fondo que importa!- rió. Y nosotros reímos con él.
A eso es a lo que me refiero cuando digo que todo tiene cura.
Y si la vida tiene ahora sentido es, porque en el mar todo carece de él. Extraña contradicción.
Los días siguen pasando, pero todo ha cambiado.
En mi casa no saben que me baño, a veces, si sale la conversación, intento exponer mis ideas, me gustaría que pudiesen llegar a comprender lo que realmente es, pero no es así. En cuanto abro la boca me miran como si estuviera loco y acabo cerrándola porque sería peor.
Lo malo es que mi madre se asusta, no sé, quizás al ser madre pueda intuir que algo ha cambiado.
Pero no me gusta como me mira, se queda levantada hasta que vuelvo y a veces, desde mi cama, la oigo llorar.
No me gusta que llore.
Mis compañeros tienen el mismo problema, ¡bah!, no nos comprenden.
Llegué hasta el pecho el día que mi madre me suplicó que no me bañara.
Me siguió hasta la puerta llorando y gritando que no me marchara.
Estaba tirada en el suelo sollozando e histérica.
Esa fue la última vez que la vi, no he vuelto por allí.
Es posible que me estén buscando pero no me encontrarán porque yo ya me baño hasta el pecho y pocas veces salgo del mar.
Me duele que se preocupen.
Los más veteranos dicen que es normal, que algún día iré a visitarlos para que vean que estoy bien.
Afirman que un chaval lo hizo y al ver lo bien que estaba, toda la familia se fue a vivir al mar.
Me encantaría que algún día mi padre y mi madre se reuniesen aquí conmigo, así todos podríamos disfrutar y a mí no me dolería su recuerdo.
Desde que llegué hasta el pecho tengo una nueva percepción de la costa.
Al frente la playa, con su pegadiza arena, se extiende a ambos lados y más allá comienzan las rocas que van subiendo como escalones.
No veo casi la ciudad, la distingo a duras penas, borrosa pero no importa, ya nunca salgo del agua.
Desde aquí, he visto abalanzarse gente desde lo alto de las rocas, otros bajan poco a poco agarrándose para no caer, algunos vienen un cierto periodo de tiempo, se bañan un poco y luego se van, algunos ya no vuelven, otros sí.
Hay infinitas maneras de llegar al agua, ¡y por infinitas razones!
Cuando vivía en la tierra, conocí a gente que se había bañado hacía ya mucho tiempo, eran buenas personas pero lo que más hacían entonces era llevarse un frasquito con agua a casa y tomárselo poco a poco.
En el fondo son unos caguetas, me caen bien porque comprenden muchas cosas pero no llegan a estar en ningún bando.
Son capaces de vivir en la ciudad y acostumbrarse a lo que ella supone, no es admiración lo que siento pero si respeto, ¡algunos hasta dejan definitivamente el agua!
Prefiero llegar hasta el final de la felicidad, quiero probarlo todo, por cierto, ya me llega el agua al cuello.
Estoy muy bien pero, a veces intento enfocar mis ojos a la ciudad y no lo consigo.
No entiendo por qué me preocupa, pero lo hace y bastante.
He intentado imaginarme saliendo del agua pero no lo consigo del todo, la playa está demasiado lejos de mí y aquí no hay ninguna roca en la que apoyarse.
Últimamente me siento extraño.
El agua ya me llega hasta la barbilla.
Sí.
Sí, es una sensación extraña, de algo inminente pero, al contrario que la primera vez que probé el agua, esta inminencia no me gusta.
El agua cada vez sube más, como si algo desde dentro tirara de mí.
Y conforme sube el agua, la sensación se acrecenta.
¡Levántate dormilón”- me decía los sábados, ¿eran los sábados?
Era buena, muy buena.
¡No, no te vayas!- me gritó llorando.
Me duele recordarla.
Oigo un ruido.
No estoy cómodo, algo me preocupa.
El ruido se acrecenta.
Tiemblo, creo que mi madre tenía razón.
Es aterrador.
¡Quiero salir de aquí! ¡No hay nadie que pueda echarme una cuerda!
¡Que dices!, ¿estás en el agua no?
Era eso lo que querías, ¿no?
¡Una roca! ¡Sólo una roca y podré salir!
¿Para qué quieres salir?
¡El ruido!
Es sólo un ruido…
No me gusta…¡tengo miedo!
…sólo un ruido…
¡No es bueno!
…es sólo un ruido…
Ha cesado.
Creo que alguien acaba de ahogarse detrás de mi.

Nota Autor: Relato escrito en los años 90, metáfora sobre el mundo de las drogas.

Citas Bibliográficas:
1- Kolocon.com