ESCRÍBEME QUE TE ESCRIBO

Letras Francesca Heathcote Sapey

Francesca Heathcote Sapey

Foto Diseño Francesca Heathcote Sapey


 

Llueve. Las gotas caen pesadas sobre tierra y ramas, mojándonos y empapando la naturaleza que nos rodea. Se desprende un olor único. Los animales se esconden y se retiran a zonas cubiertas para protegerse, y como ellos, nosotros también nos dirigimos a la cueva más cercana. Calados, llegamos a la cueva, y al habernos cerciorado de que no está ocupada por otro grupo de animales, entramos y encendemos un gran fuego. Tardamos un buen rato, puesto que las piedras y las ramas están muy mojadas. El fuego lo hemos descubierto hace poco, y nos ayuda a mantener los animales alejados, a secarnos y a cocinar. Sigue lloviendo con afán. Habíamos salido en busca de comida. Unos deciden comer, otros vigilan la entrada, yo quiero expresarme. Hemos visto tantas cosas hoy. Siento la necesidad innecesaria de expresarme. Cojo algunos de los frutos que he recogido, los machaco, los mezclo con el barro y uso mis manos y pequeñas piedras puntiagudas para entallar mi jornada y mis pensamientos en esta cueva, en su roca –mi lienzo.

Etimológicamente escribir proviene del latín scribere y este de la raíz indoeuropea *skribh –relacionada con rayar e incidir. Originariamente y antes de la aparición de instrumentos y materiales cuales plumas, tintas y papeles, la práctica de escribir comprendía grabar y entallar en barro, madera, hueso y tablillas enceradas, entre otros materiales. Varios historiadores asocian el pasaje de la prehistoria a la historia con las primeras apariciones de fuentes escritas cuyo sistema es estructurado y autóctono: pasando de ser una práctica figurativa a una más simbólica y un poco más objetiva, que más tarde llevará al desarrollo de alfabetos, idiomas y diccionarios que utilizamos hoy en día.

Llueve. Las gotas caen sin descanso tintineando sobre los adoquines de París. Junto a la lluvia también se escuchan los cascos de los caballos al tirar de las carrozas, transportando a damas y caballeros de nuestra ciudad. Nos hemos reunido, como casi cada atardecer, en el salón de Diderot. Las ventanas son amplias, las cortinas largas, y las paredes están tapizadas con cuadros y libros. Nos sentamos todos alrededor de la mesa de madera, encendemos nuestras pipas, y bebemos vino. Hablamos, debatimos y empezamos a escribir y opinar. Llevamos ya tiempo trabajando en este gran proyecto. Creemos que la razón es la mayor cualidad del hombre y que, a través de ella, es posible sobrevenir todo y sobre todo la ignorancia que nos rodea. Creemos que el saber se debe divulgar y debe ser accesible. Creemos en una educación libre. Ésta es nuestra meta y por ello estamos componiendo más de veinte volúmenes en los que reunir el saber universal: L’Encyclopédie.

De acuerdo con la Real Academia Española, escribir es:
1. tr. Representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie.
2. tr. Componer libros, discursos, etc. U. t. c. intr.
3. tr. Comunicar a alguien por escrito algo. U. t. c. intr.
4. tr. Trazar las notas y demás signos de la música.
5. prnl. Inscribirse en una lista de nombres para un fin.
6. prnl. Alistarse en algún cuerpo, como en la milicia, en una comunidad, congregación, etc.

La definición que la RAE propone se presenta fría, apática e incompleta. Aún así, cabe destacar que definir palabras es una tarea ardua, puesto que sin sus definiciones no habría un lenguaje objetivo y de referencia. Obviamente cada individuo, cada ser, cada sujeto y cada predicado aporta su propia interpretación y percepción a la lengua que habla, conoce y emplea. Pero este sistema de comunicación, no sería viable sin significados a los que poder aludir y accesibles a todos. Generalmente suele ser más fácil definir objetivamente palabras que designan algo concreto y material como por ejemplo, objetos, plantas y animales, mientras que definir emociones y sensaciones, y por lo tanto las palabras relacionadas de cierto modo a los abstracto e inmaterial, suele ser mucho más complejo, en gran parte debido a la sobrecarga de subjetividad que ello conlleva para cada sujeto. A pesar de esta diferencia muy básica, escribir es una de esas palabras que como arte, pertenece a ambas distinciones, designando una acción concreta cuya razón de ser y cuyo resultado pueden ser indefinibles y abstractos. Uno escribe, pero la razón por la que escribe y el contenido escrito varían dependiendo de numerosos factores.

Llueve. Las gotas parpadean al son de las lágrimas incontrolables en una buhardilla acristalada. El cansancio, anhelando descansar, se ve interrumpido por un sinfín de sensaciones y emociones al pretender describir y comunicar los sin sentidos de una vida a la que no dejamos de intentar dar sentido. Las palabras sueltas viajan entre neuronas, intentando encontrar significado y significante, peregrinado rápidamente por las intangibles, pero perceptibles, conexiones del sistema nervioso, eléctrico cuan electrizado, del ser. Entre lágrimas indiscretas y privadas, sonrisas trémulas, sollozos desafinados, caladas de tabaco y sorbos de vino tinto, escribir parece la insensatez más sensata. Esta es una de las infinitas razones y circunstancias, igual la más cliché, que puede llevar el ser a escribir. Pero, ¿qué es escribir?

Una de las cualidades más interesantes del ser humano, como argumenta Yuval Noah Harari en su reciente libro Sapiens Breve Historia de la Humanidad, es la capacidad de haber creado un lenguaje que nos permita comunicar sobre hechos físicos y relacionados con la realidad material que nos rodea, pero aún más fascinante es que nos consienta trasmitir información sobre cosas que no existen. Si a este razonamiento sobre el lenguaje hablado, asociamos el escrito, se crea un nexo humano increíble e inevitable con nuestro pasado, presente y futuro. La escritura es, en mi opinión, el pegamento cultural más fuerte: escribir es pertenecer. Además de pertenecer, escribir es, por supuesto, comunicar: comunicar con uno mismo, con otros, con el más allá y con el futuro. Somos escritura.