fig. (Las Uvas) | Versión en español

Traducción: Sra. de Miguel

LAS UVAS

Illustration of various types of grapes. From: Batty Langley. Pomona, or, The fruit-garden illustrated. London: printed for G Strahan … [et al], 1729 [St Thomas’s Historical Collection FOL. SB361 L28]

En el cuarto a medio oscuras, alargó su brazo derecho, su pulgar primero. Dudando un momento al llegar a su destino, una vela blanca y achaparrada que llevaba tanto tiempo encendida que la mayor parte de su superficie, ya líquida, estaba contenida por los extremos desiguales que todavía no se veían afectadas por el calor: su objetivo. El pulgar todavía por delante, giro la mano, del positivo al negativo. Empezando con lo poco que le quedaba de la uña, excavó en el borde de la vela luchando por librar un trozo de cera, maleable pero todavía no líquido. La luz de la vela vaciló creciendo brevemente cuando el charco, antes tranquilo, fluyó por esta nueva apertura sólo para amontonarse otra vez al pie de la vela. Retiró la mano.

               ‘Yo me siento aquí, tome el asiento que mejor le plazca.’

Volvió a enfocarse en la cera. Juntando toda la que había reunido en una sola pieza, permitiendo que buena parte quedase incrustada debajo de la uña del pulgar o velando la piel. Esto hecho, evaluó su trofeo con orgullo.

               ‘El truco consiste en no parar de moverlo.’

Distraído, iba rodando la cera entre el pulgar y el dedo del corazón.

               ‘¡Qué bien destacan en la media luz! ¿No le parece?’

Alargó la mano izquierda, que era libre de la tarea de trabajar la cera, para girar el plato de uvas levemente a la derecha.

               ‘Eso está mejor. No es precisamente simétrico, para mi ojo eso nunca funciona, pero hay mejor proporción entre verdes y negras. Nunca he comprendido por qué decimos que las uvas son negras, me parecen más bien purpúreas, color berenjena, aun bajo esta luz. Repare ahora en cada una de las uvas. Admito el convenio, desde luego, pero ¿qué se puede hacer cuando el propósito de uno es una nueva descripción, basada, como es debido, en sus propias observaciones? Diga lo que ve y luego pregunte como yo le pregunto: ¿no conocéis a Ulises?’

Al apoderarse otra vez de sus pensamientos el trozo de cera, el silencio se restableció. Lo rompía de vez en cuando, refunfuñando  ‘¿Por dónde empiezo?;’‘Tal vez si …’‘Quizás si…’ al mismo tiempo emprendiendo un nuevo sistema de trabajar la cera, no solo ente el pulgar y el dedo del corazón sino también con el índice, si alguna norma lo regia no era patente. La paralización duro algunos momentos, interrumpiéndolo según parecía solo la llama vacilante de la vela, causada por una corriente de aire, sugiriendo un movimiento suyo que en realidad no existía. Estaba en plena contemplación. Por fin:

‘La imagen debiera destacar del marco.’

Otro silencio más breve volvió, hasta que le llamó la atención el producto de su mano derecha.

               ‘Se parece tanto a una uva, ¿verdad? Estoy seguro de que no engañaría a los pájaros pero su forma y proporciones en general…’

Su ‘uva’ de cera reposaba en la palma de la mano izquierda que alargó a la mitad de la distancia al plato de uvas. Juzgaba que ésa era la distancia ideal para comparar: no tan cerca como para que se revelase inmediatamente que su construcción era falsa, sino lo bastante cerca como para tener confianza en la comparación.

               ‘Confieso que no engañaría ni a los pájaros ni al observador especializado, pero no está mal como eco. Si tuviera útiles sencillos y pinturas, podría conseguir algo más parecido a una uva, pero entonces para mí perdería su encanto. El artificio tiene su propio valor, ¿verdad? Hay poca posibilidad de competir con la naturaleza, poca esperanza de afirmar que parece que la mano ha igualado la idea. No, no engañaría a nadie, pero yo preferiría ser el primero en ser tosco que el segundo en delicadeza. [aclarando la voz antes de empezar] En cuanto a los racimos, unos están llenos de zumo, otros comienzan a madurar, otros están verdes y otros en ciernes. Una buena perspectiva, pero eso no es lo que yo veo y hay poca probabilidad de despertar*la admiración de la Corte, la envidia de mis iguales o los celos de la Naturaleza.

Alargando un poco más la mano izquierda, depositó la ‘uva’ de cera en el plato y recogió una verde.  Tuvo que apretar más de lo que había esperado para separar la uva del racimo, al mismo tiempo esforzándose por no mover el plato, puesto que le agradaba tanto la colocación del plato en relación con la vela. El tallo gordo acusó su presencia. Acercó la uva a unos diez centímetros de sus narices para mejor observar sus cualidades individuales. Bajo su escrutinio podía ver que no era simplemente elipsoidal. Aun antes de cogerla había notado que el extremo que la unía al tallo era más plano y no puntiagudo como podía ser un extremo de un huevo. El mismo extremo al ser arrancado de su racimo se había dividido en cuartos cual un col de Bruselas, cortado antes de ser cocinado. Rechazó lo demás que pudiera revelar, a causa de su forma rota, otra vez alargó la mano para arrancar otra verde, pero esta vez utilizó la derecha, mano más fuerte.

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*¡Aquel que sabe despertarles a bailar en comitiva y quitar los cuidados de siempre!

Esta uva se soltó sin resistir, el tallo quedó dentro de la fruta, dando al extremo plano una textura mas firme. Por un buen rato iba rodando esta segunda uva en la mano, sometiéndola a prueba con el pulgar e índice, lo rollizo que era, averiguando como soportaba la presión. Volvió a refunfuñar: ‘¿Y cómo se podría representar eso?’ Después escogió una uva negra, para llevar a cabo la serie de pruebas de forma y gordura ya establecida. Muy pronto se halló perdido en el ritmo de sus investigaciones, persiguiendo con diligencia y seriedad su deseo de ver y describir exactamente lo que tenía delante. Paró solamente cuando ya no quedaba ni una uva para coger en el plato, aparte de su efigie de cera que yacía entre los esqueletos de tallos frágiles. Todas las uvas que había rechazado quedaban acumuladas alrededor de su codo derecho menos las que habían rodado y caído al suelo para amontonarse al lado de la pata derecha de su silla. Horrorizado al darse cuenta de lo que había hecho, se quedó sentado en silencio y tranquilidad, hasta que, algo repuesto de la conmoción, pero todavía vencido por sus esfuerzos, volvió a su tarea.

               ‘Sería más fácil envidiarlo que imitarlo. [pausa] No es que las palabras sean poco perfectas ni que resulten sobremanera defectuosas al enfrentarse con lo visible. Ninguno de los dos puede reducirse a los términos del otro: en vano decimos lo que vemos; lo que vemos nunca reside en lo que decimos. [otra pausa] Bueno, pues, después de la literatura, ¿qué profesión nos parece la más difícil?’

Se quedó sentado en solemne contemplación de su fracaso: su descripción quedaba sin escribir y las uvas pudriéndose, dispersas en parte a su alrededor. Le llamó la atención un leve movimiento reflejado en el espejo con su marco de madera oscura muy tallada que colgaba de la pared a su izquierda. La corriente de aire que hacia temblar la llama de la vela, no podía haber movido la pesada cortina purpúrea .

               ‘¿Qué? ¿Y todavía está aquí?’