FOTOCOPIAS

Letras Brunela Curcio

Lucio Battisti – La Collina Dei Ciliegi

(..)troppo spesso la saggezza è solamente la prudenza più stagnante
e quasi sempre dietro la collina il sole.
Ma perché tu non ti vuoi azzurra e lucente
ma perché tu non vuoi spaziare con me
volando intorno la tradizione
come un colombo intorno a un pallone frenato
e con un colpo di becco
bene aggiustato forato e lui giù, giù, giù
e noi ancora ancor più su (…)**

La lluvia irrumpió inminente declinando su furia en silencio. Fue como si con ella, se exonerasen entre las pupilas lucidas fotocopias de recuerdos. 

Fue una noche de mayo cuando al fin sentí poder escucharme dentro de mis poesías. Fue una noche de mayo cuando sentí en la piel la caricia de sus esferas invadiendo las mías, con la adulación de lo que Lui llamaba “l’ inmenso”. Solo Él era dueño de la más intensa vulnerabilidad de mi espíritu, y a su vez, me pertenecía cuando permitía que le pertenezca. Un Londres lluvioso lo reconocía, y lo reconocí.

Había soñado Buenos Aires cuando tenía 7, pensó que conocerme era un signo del destino. Yo también había soñado, a Él. Lo soñé desdibujado en un contexto inminente de características deslumbrantes, de minutos donde era gracioso, delirante, hilarante, amante, mío. Pensaba que cuando me encontrará me reconocería y yo a Él.

Nuestra historia, nuestro cuento, fue reconocernos, amarnos, odiarnos; dejarnos para reconocernos el uno sin el otro. La típica historia, la predecible, la que no tiene relatos. Coincidencias que te unen, convivencia que te separa.

Pero el amor nos vuelve frágiles y esa fragilidad nos deja sin respiros cuando el segundo de luz, que perpetua el momento en eterno, se desvanece. La fragilidad se vuelve imperceptible para dar lugar a los miedos y rasguños, nos hacemos fuertes regalándonos intermitentes desvelos tras la perfección engañosa de la imperfección.

Ti penso, inebriata nel estasi della passione pura”*


Lo vi la primera vez atrás de una barra, no dejaba de acomodarse el pantalón. No me gustó, no me pareció atractivo. Sin embargo, me hacía reír, me hacía sentir conectada con mi sexo, me atrevía a pensarlo dentro de mí. Era una sensación nueva, no tenía mucho que ver con lo que pensé sería el amor. No cuando era niña al menos.

Cuando mi cielo persistía en imaginarlo, como una bola mágica imagina el dinero que le quitará al iluso, que paga para que le lean el futuro. El iluso tendría que imaginarlo, pero como buen iluso, obviamente no imagina que su futuro será simplemente el de una billetera vacía. Vacío resultado de la ilusoriedad que hace solo ilusionar al iluso de un futuro escrito tras las erosiones de un simple vidrio. Al fin de cuentas: qué magia puede descifrar el destino, si es justamente a él, a quien modificamos o conformamos en cada elección o tras cada contingencia.

Decía…sí, qué decía… tiempo atrás lo imaginé; pero es ahora cuando pienso que a veces la vida y los amores no resultan ser tan felices o novelescos como parecen. Uno crece y mientras ve huir su pasado en cada minuto que muere, advierte un presente que resta interminable mientras atraviesa lentamente la calle que recorre el confín entre lo real e imaginario. Son las responsabilidades con uno mismo quienes te hacen cambiar, te obligan a cambiar y ese mundo de fantasía o esos olores tan tuyos, se convierten sólo en antiguos olores, se corresponden con antiguas etapas. Pero el amor se hace un gesto real y la mariposa deviene inexistente. Repercuten otros gestos: acompañarse, protegerse, cuidarse. Cuando sabes que eso no llegará, cuando dejas de esperar, cuando dejas de tener expectativas y asimilas que nunca dará lo que hasta ahora no pudo dar, muere la esperanza; las mariposas y el sexo ya no bastan. El amor no es el que imaginamos cuando niños y tantas veces se marchita, se desvanece y se apaga. No es para siempre, pero es eterno. Esa sensación de eternidad es la del recuerdo.

Vivimos, como malditos hombres y mujeres maduras en medio a lo que imponemos y nos imponen. La ley del más fuerte, los amigos que te traicionan y todas esas cosas que nombraron millones de escritores. En esta vida tan subjetiva, se sostiene la objetividad de que lloramos y reímos, obligamos y nos obligan, formamos parte y nos hacen formar parte. Es una telaraña, es una sociedad telaraña, pero es la que tenemos, es el vil reflejo de nosotros mismos. Es en esta construcción donde nos construimos y en medio a los pilares nos mimetizamos los unos con los otros. Las historias se hacen carne, porque aun esa historia de quien no es, de quien no existe, de quien pasa por nuestro lado como extra de nuestro film, aún esa historia nos determina y es a esa historia a la que eligiendo o no, terminamos determinando.


Cómo es posible haber amado tanto para después sentir que ya no queda nada, que dimos todo, que estamos fatuos, que no recuperaremos jamás los restos, si los cimientos ya se apagaron.

Las utopías nos confunden en medio a películas románticas de amores ideales programados y pensados perfectos, tan solo por su irrealidad que los cataliza en ser lo que un escenista decide que tiene que ser. En realidad existen tan solo unos pocos amores verdaderos. En definitiva, que es el amor más allá de lo que dictamina el sistema político de turno y con él la religión de poder que ese sistema decidió legitimar. Así, en cierta forma, racionalizamos el sentir, tras la máscara del amor ideal, del amor conyugal, perdemos muchas veces el amor propio, interno, hacia nosotros solos y únicos, sin el otro. En definitiva, la monogamia no es más que el amor limitante, y el amor como monogamia es la mayor forma de control de natalidad.

(..)Se chiudi gli occhi un istante
Ora figli dell’ immensitá.
Se segui la mia mente se segui la mia mente(..)**

Había un tráfico terrible, Buenos Aires era como siempre la ciudad que no duerme y yo como siempre disfrutaba de noches en vela para pensarme mientras los demás no podían sentirme. En la oscuridad de la noche sigilaban celosamente millones de secretos que no dejarían de ser más que recuerdos de noches concurridas, pecados irresueltos y deseos ya no reprimidos. Las luces de los faros pintaban el universo en el mismo espacio donde la gente caminaba. Creo que así será por siempre, porque mientras esos faros crean la atmosfera, el espíritu de Buenos Aires divaga en los espíritus contagiosos de otros vigores de interrumpidas banalidades, sueños y canciones de libertad. Es la ciudad y sus sorpresas quien da ese efecto, la urbe y su belleza estupefacta de realidades de hambre y distraidos golpes de arte que ganan la cruzada con la irónica realidad de destinos infelices que, redimidos entre la potencia y vitalidad de la quimera, se trasmutan en destinos vencidos, no más vencedores.

Me inundaba una necesidad inconmensurable de fumar, una, dos, tres, cuatro cajas de cigarrillo vacías. Me cambié, apagué las luces y bajé a comprar un par de cilindros humeantes de cáncer. Un grupo de personas debatían sobre música y reían tan fuerte que en las calles desiertas sus ecos repicaban penetrantes, ¿Reían de mí? No, no lo hacían, pero en mi cabeza perseguida por fantasmas no podía creer en otra cosa. Encontré un Kiosco abierto, el muchacho que lo atendía estaba casi dormido, a su lado yacían cuatro botellas de cerveza.

Volvía a casa y acercándome a la misma calle donde minutos antes las carcajadas resonaban potentes no logré escuchar siquiera el eco del vacío. Miré el obelisco y pensé en Él. Una vez cuando tenía 7 soñó Buenos Aires, pensó que era el destino hablándole al oído. No lo veía desde hacía siglos, un día había sido suya, un día había sido mío. Un día fue mi gran amor, ahora un amor eterno guardado en allí donde descansa la remembranza.

La lluvia irrumpió inminente declinando su furia en silencio. Fue como si con ella, se exonerasen entre las pupilas lucidas fotocopias de recuerdos. 


Notas:

*”Te pienso, ebria en el éxtasis de la pasión pura” . A.G

**La Collina Dei Ciliegi de Lucio Battisti. 

(..)troppo spesso la saggezza è solamente la prudenza più stagnante
e quasi sempre dietro la collina il sole.
Ma perché tu non ti vuoi azzurra e lucente
ma perché tu non vuoi spaziare con me
volando intorno la tradizione
come un colombo intorno a un pallone frenato
e con un colpo di becco
bene aggiustato forato e lui giù, giù, giù
e noi ancora ancor più su (…)
(..)Con demasiada frecuencia la sabiduría sólo es la prudencia más estancante
Y casi siempre detrás de la colina está el sol.
Pero por qué tú no te quieres azul y radiante
por qué no quieres andar conmigo
Volando alrededor de la tradición
Como una paloma en torno a un balón
Y con un golpe de su pico
Bien ajustado y perforado abajo, abajo, abajo
Y nosotros aún más altos todavía 
(..)

 

(..)se chiudi gli occhi un istante
ora figli dell’immensità.
Se segui la mia mente se segui la mia mente(…)
(..)Si cierras los ojos un momento
Ahora hijos de la inmensidad
Si sigues mi mente, sigues mi mente(..)