FUTURO ANTERIOR

Texto EDITORIAL

MISTERIO DEL FRACTAL

AZAhAR Literario se despide hasta el próximo año. Acompañando al tiempo consabido, esa constructo ilusoria de la dimensión tercera que nos hace creer que la existencia tiene medida. Y en consecuencia se sacan a relucir otras constructos del relativismo cultural imperante. La fe, la esperanza y, cuando la condescendencia nos puede, la caridad. Ninguna sobrevivirá la resaca de la inevitable copa del exceso agotada en los ritos maníacos que llamamos LAS FIESTAS.
Con el albor de la sobriedad y el día, vuelve a escrutarnos el abismo, ese espejo negro de incerteza. En consecuencia, AZAhAR no nos augura ni promete nada más que el deseo de que logremos unir el SER al PARECER. Los díscolos límites entre percepción e intención hacia tal propósito serán siempre compromiso de cada unívoco ser.


Ocasión en que vale la pena recordar que la caída del mundo siempre se inicia con pequeñas catástrofes. Y que ese mundo, que no es sino una prefiguración proyectiva de  nuestra psique, como el Christos,  espira y resucita en cada attosegundo que ideamos.


¿Qué hacer entonces, nosotros ínfimos humanos, generados del humus hacedor, cuando el espejo cuántico del cosmos fractaliza todos los paradigmas para alertarnos de que el futuro es siempre anterior porque el único tiempo es ahora? Y que ese ahora equivale a un attosegundo – la millardésima parte de una millardésima de segundo.
Acaso una vía de iluminación ante tan trepidante desasosiego –  la recurrente distopía – fuera la metanoia, el recrearse nuevo en ese instante sacro donde existimos únicamente. Y abandonar la coraza para darle paso al  preciso latido del núcleo pensante del corazón.
Los que escribimos para construir puentes y transitarlos para el encuentro, hemos tenido innúmeros maestros de la iniciación. Quienes nos trazaron la trayectoria de la palabra sagrada. La que materializa al SER y al PARECER en unidad. La que se hace, entonces, magia creadora de realidad. Pues se plasma inmarcesible al espejarse de LOGOS.
Uno de ellos fue Václav Havel, con su legado en procura de verdad.

Un intelectual – recomienda – debe perturbar constantemente, debe denunciar las miserias del mundo, debe ser provocador basándose en la independencia, debe rebelarse contra toda presión obvia u oculta y todo tipo de manipulación, debe ser el primer escéptico del sistema, del poder y sus sortilegios, debe dar testimonio de su mendacidad”.

Hacia esa meta se dirige AZAhAR. Hasta ahora.