GRAFITIS, ARTE CLANDESTINO Y POPULAR

Letras Viviana Lombardi

SOMOS TODOS UNO - VL

SOMOS TODOS UNO – VL


Diciembre de 2001 encontró a los argentinos unidos repudiando el escándalo ético, político, económico y social que nos impuso la labilidad de un gobierno comatoso que, cediendo a ilegítimas presiones externas e internas, rompió el pacto social vinculante entre una democracia constitucional y su pueblo.

Históricamente, en el momento cúlmine de la indignidad institucional, el tejido social amalgama todas sus células para reinstaurar la justicia denegada. Sin palabras casi, en un acuerdo telepático, la imaginación grupal y el ímpetu colectivo se hacen uno para recuperar el poder popular que la democracia promete.

De hecho, en aquel memorable diciembre de todos, encendido de calor humano y climático, coraje y fatiga moral ante un poder corrupto, el pueblo argentino se reapropió de sus calles, sus plazas, sus veredas, sus cortadas y sus zanjas.
Dondequiera que fuese, sucedía una explosión de júbilo por el valor recobrado, crecido en proyección geométrica en el encuentro, unido al imbatible reclamo por la verdad que desbanca al fraude.
Tal amalgama de voluntades fraternas, logró en siete días, desalojar a cuatro presidentes hasta aceptar al quinto candidato. La BBC mundo llamó al episodio “La semana de los cinco presidentes”.*
La apropriación del espacio público nos devolvió la casa grande compartida por todos los argentinos.
Y fue entre esas correrías no faltas de confronte con la policía -los robocop de turno, patada y bancazo mediante- que me detuve a contemplar, exaltada de trascendencia, una pintada. Es decir, un grafiti en aerosol rojo, ¿Qué otro color habría cabido?

Si el hambre es ley, la rebelión es justicia”
Mensaje diegético de la gloria conceptual encarnada.
Condensación de sabiduría socrática a corto plazo.
Realidad nombrada en palabras hijas del fuego de Vulcano”.

Todo eso pensé mientras corría hacia un lugar más seguro, porque había estado aporreando las ventanas de los bancos de la City con una vara de hierro rescatada de una obra en construcción.

Ese grafiti ontológico fue el disparador de una fortaleza inusitada en mí. Un justiciero ángel anónimo con vocación crística me había traducido el torbellino emocional que generaba mi furia libertaria, solidaria, compartida con mi Argentina tierra madre, y con mis argentinos compañeros. Experimenté como nunca antes, el todos para uno y uno para todos.

En ese momento excelso en mi historia personal, descubrí que el éxito asegurado del grafiti radica en jugar siempre a las escondidas, operando desde la clandestinidad de los orates, los magnánimos, los altruístas y los poetas, para alertar al poder de turno de la caducidad del hubris.

La desinteresada filantropía que el “intelectual instalado” no logra desde su lugar de exposición dentro del sistema establecido -a excepción de aquéllos que ejercen el pensamiento valiente en circunstancias peligrosas- lo logra el utópico que discurre sobre política, arte, ideario, poesía, metafísica y filosofía desde un anonimato que al hacerlo nadie lo convierte en todos. Como en aquella gesta gloriosa de mi madre tierra en diciembre de 2001.

Es conclusión natural, entonces, que el grafiti es el arte elegido del rebelde, del romántico, del disidente, del inconformista, del ilegal, del olvidado, del vagabundo, del paria y del expulsado de la normativa social.
O de aquél que encuentra en el secreto un escape al genio y al ingenio, descifrando la pasión, el amor y la maledicencia -aún la que no desdeña a la chismografía y al libelo- como las picarescas ocurrencias que los antiguos romanos inmortalizaron para la posteridad.
O de quien clama la verdad intolerable cuyo entorno e historicidad no le permiten expresar de otro modo.
Quizás sea la consigna escrita de corridas y entre sombras la que conlleve la mayor potencia de protesta, como válido manifiesto libertario del anarquista anónimo, del idealismo a ultranza de quien, clausurado en el traje o el mameluco con el que se uniforma para ganarse el pan, no se sienta en sintonía sino con sus congéneres trashumantes de un idéntico destino de injusticia.

Es por ende peculiar característica del grafiti que, si bien socializa el espacio público al compartir concepto, creatividad e ideología, en un ejercicio totalmente democrático del patrimonio cultural común, sea, a la vez que modesto, ambicioso, porque al hacerlo aspira a la inmortalidad.


La etimología misma de la palabra indica que tanto el proceso de trabajo como la obra conllevan la intención de dejar una marca indeleble.
Originalmente se realizaba usando un grafio, herramienta punzante que permite hacer incisiones sobre una superficie a elección.
El término nace del italiano sgraffiare, del cual deriva el participio pasado sgraffito esgrafiado en español- y la técnica refiere a la ornamentación mural arquitectónica tanto en el exterior como en el interior de edificios, Si bien en ejemplos más recientes o contemporáneos, sus cultores han echado mano a otros elementos pictóricos para realizarlos.
En resumen, a lo largo de la historia humana se han labrado grafitis sobre interiores de cuevas y catacumbas, edificios y palacios,y por supuesto, los más afamados, sobre fachadas y muros en las calles.
El esgrafiado arquitectónico es una arte muy antiguo ya utilizado por civilizaciones del IV milenio a. C. Su difusión en Italia durante el Renacimiento quedó plasmada en frontispicios, bóvedas, interiores y espacios nobles de palacios, iglesias y monasterios, acuñando el término sgrafitto.
El esgrafiado, además de su aplicación arquitectónica, se ha asimismo documentado en restos arqueológicos de distinta antigüedad, en su aplicación sobre objetos decorativos y piezas ornamentales, A partir de la Edad Media, se registran esgrafiados sobre lomos o páginas de manuscritos, con ilustraciones grabadas en oro.
Los romanos lo usaron asiduamente, decorando las calles con dibujos sencillos y leyendas humorísticas, críticas de carácter paródico y en muchos casos, con atrevidas alusiones sexuales.
Al parecer, los fuegos vesubianos no provocaban sólo el tremar de la tierra hirviente de fervor volcánico sino que encendían la viva imaginación de los pompeyanos hasta convertirla en irreverencia cerril.
Los grafitis de Pompeya son aún celebrados por la impudicia de textos referidos al sexo, la descripción pública de pudendas propias y ajenas, las delaciones de secretos encuentros amorosos, crónicas detalladas de los vicios sociales, así como saludos compartidos con vecinos, amigos y amantes.
Existen trazos de grafitis desde el Paleolítico en adelante. Los diseños en las cuevas de Altamira, por dar sólo un ejemplo, no son sino grafitis de alta calidad. Resultaría harto difícil encontrar un lugar en el mundo donde no los haya, trátese de arcanos o contemporáneos.


Enfatizando el tono personal de este artículo he de decir que a mi criterio, existen los grafitis ambulantes.
Un primer ejemplo son los tatuajes. Los cuerpos tatuados son un elaborado relato privado inscrito en la piel, destinado a compartir una historia de vida con el prójimo, emitiendo señales gráficas de emociones, afectos, creencias e ideas.
El cuerpo tatuado, ofrecido como lienzo donde obra y figura se hacen manifiestas desde el concepto mental -como lo indicó Leonardo-, exhibe la representación como signo de identidad e idiosincracia.
Con una fuerte connotación de trascendencia, es indudable que aspira a la eternidad, ya que la imagen quedará plasmada hasta la misma muerte y acaso haya de acompañar a la imago astral en el viaje del alma hacia otras dimensiones.
El segundo ejemplo es anecdótico, y como aquel acontecimiento liberador en mi Argentina de diciembre de 2001, marcó para siempre mi trayecto existencial.
En ocasión pasada, tuve el privilegio de traducir una selección de poemas de los internos de Guantánamo del inglés al español para su representación en Buenos Aires.
Tener ese material entre manos fue como acceder a textos sagrados. La radioactividad que el aliento humano irradiaba desde las palabras afectó mi cosmogonía interior hasta metamorfosear el sistema de todos mis fractales. Hubo, definitivamente, un antes y un después del despertar de mi conciencia a partir de esa vivencia casi inefable.
Ser agente de la permanencia del espíritu en un cenagal de depravación, infamia, perversión e inmoralidad, ser víctima de la degradación última de la condición humana, bajo la opresión de emisarios del terror de un sistema que hace de la ilegalidad, regla, y aún así, ser capaz de plasmar poesía donde el fulgor metafísico del pensamiento, el amor universal, y la fe se cobijan en la fortaleza del Ser, es un milagro que no se supera sin transformación completa. Es corroborar que no existe desenfreno de la fuerza bruta ni de la sinrazón que puedan aniquilar al alma.
Esos poemas heroicos, escritos clandestinamente y clandestinamente circulados al exterior para su ingreso a la posteridad histórica, no son sino grafitis ambulantes que corroboran que no hay degeneración posible que obscurezca el propósito de permanecer humano.
Acaso en estos tiempos de mendacidad escalofriante, donde el poder global dominante sólo ofrece manipulación de las ideas, infames maniobras cobardes y falsificaciones de la verdad, a los seres humanos solamente nos quede la expresión directa y compartida del empeño individual solidario, que no aspira a la gloria sino a la unión entre pares mancomunados y sin fronteras. Y el espacio público para usufructo de la verdad humana, aquélla que no enmascara los sentidos, las emociones, ni los genuinos propósitos del hombre.
Alabado sea entonces un señor arte plasmado por y para el pueblo.

 

 

Nota bibliográfica:
*BBC MUNDO.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_1735000/1735611.stm