INFANTES & FARSANTES

Letras Brunela Curcio, La mamá (o en mi caso sería mejor decir: La mamma)

Valencia 2017 | Fotografía Brunela Curcio

Valencia 2017 | Fotografía Brunela Curcio


INFANTES & FARSANTES…
INFANTES vs FARSANTES…
o INFANTES próximos FARSANTES.

La infancia, “término amplio aplicado a los seres humanos que se encuentran en fases de desarrollo comprendidas entre el nacimiento y la adolescencia o pubertad. (…)

Por medio de las relaciones con otros, los niños desarrollan su bienestar y se desarrollan social y emocionalmente, este desarrollo incluye las habilidades para tener relaciones satisfactorias con otros, jugar, comunicarse, aprender, discutir abiertamente y experimentar emociones. En términos generales, la formación a través de las relaciones es crucial para el desarrollo de la confianza, empatía, generosidad y conciencia de sí y de los otros.” *

Según el último control de la Organización Internacional del Trabajo, en el 2013 eran 168 millones los niños trabajadores. *** Más allá de que no se trate de una cifra realmente actual, el número es indiscutiblemente abrumador. La cantidad de niños que son explotados cada día, asesinados en guerras que lo excusan todo por intereses políticos y sociales. La cantidad de niños que son descuidados, abandonados al televisor, disminuidos en sus capacidades por no tener el tiempo de compartir un momento con ellos. La obesidad infantil, los scooters eléctricos que remplazan a los que implican ejercicios y esfuerzo. El consumo, gran arma del nuevo siglo también ataca a la infancia y lo hace desde sus fundamentas dejándola sin su tesoro más preciado: la inocencia. Y nosotros, adultos, padres, humanos; los dejamos desprotegidos, creamos y mejoramos los elementos de tortura silenciosa de la inteligencia emotiva, vendemos y “marketiniamos” los masivos instrumentos que hacen crecer al hombre como despojos del nosotros. La violencia y el desamor traducida en una sociedad que no es capaz de cuidar de su especie, de su manada, de sus pequeños.

Como madre, ver, sentir y hasta desproteger a mis críos, pérdida en los tiempos del producir para poder vivir, me hace sentir culpable; y sé que en este juego estamos intimidados a jugar. Devorarnos para consumir, deshacernos para defenecer y en nuestras alegorías de tristezas sin remedio, olvidar como era una vida sin tecnología de punta y casetes. Aprendimos a jugar con nuestras manos e imaginación; piedras, actos que describían situaciones irreales que protagonizábamos. Nosotros divirtiéndonos con nosotros. Los dibujitos disponibles en horarios concretos, hoy todo está disponible y nos hace indisponibles. Parques casi vacíos, consolas, Wii, Xbox, Play Station, móviles y ordenadores, todos bailan en la era donde el tesoro más grande de un niño, el jugar, ha sido sistematizado, anulando la imaginación. Son niños que conocen de tecnología, pero que se aburren en medio a la nada porque al igual que los adultos allí donde no se ve no hay. Pierden la habilidad de ver en la nada, de crear en las posibilidades. De ser. Repetirse para despedirse de la singularidad.

Como hija y madre creo firmemente que el acto de amor más increíble del ser es el dar vida a otro ser. Darse a Él con sus defectos y virtudes, ponerse frente a Él; que nos encuentre desnudo. Él que sin entrar invasivamente sale de nuestro ser y crece dentro de nuestro espíritu y nuestro cuerpo para finalmente abandonarlo, crecer, devenir, manifestarse y en el sinfín de la vida volver a traer vida. Invitar a un hijo a este mundo aún sabiendo que frente a nosotros se despliega un incierto globo de hielo, tierra y aire, agua y fuego, una realidad deforme y entuerta, fría, mezquina, entre otros peyorativos (motivo por el que muchos no quieren tener hijos) y también feliz, creativa, sorprendente, bella. Una vida en una realidad muchas veces difícil que sobreviene plena al mirar y sentir lo que realmente importa: nuestros hijos, nuestros seres queridos. Cuando dejamos de perdernos en la banalidad del ego, la carrera, el tener, la ambición. Cuando ponemos nuestra energía en nuestros sueños más sinceros y menos sórdidos, es allí cuando podemos ser felices.

En este momento de total honestidad y escritura “cohelista” de autoayuda (la cual detesto), me pregunto: por qué entonces nos mantenemos distractos ****(en términos legales) ante el acaecer de los niños, no sólo de los nuestros, me refiero a los niños todos: a los esclavizados, a los violentados, a los explotados, a los asesinados, a los determinados al subyugamiento del consumo. Por qué nos creemos no responsables del acontecer si lo permitimos, por qué no cuidamos de los nuestros como debemos, por qué amamos sin comprometernos con aquello que decimos y sentimos amar.

Nota Bibliográfica:

*Wikipedia

**He buscado cifras más actuales, no logro encontrarlas, si alguno de los lectores lo hace, ruego lo actualicen mediante un comentario.

***OIT-IPEC, 2013

Datos y cifras

  • El número global de niños en situación de trabajo infantil a disminuido de un tercio desde el año 2000, pasando de 246 millones a 168 millones. De los cuales más de la mitad, es decir 85 millones efectúan trabajos peligrosos (contra 171 millones en el año 2000).
  • La región de Asia y el Pacífico continúa registrando el número más alto de niños (casi 78 millones o 9,3% de la población infantil), pero el África Sub-sahariana continúa siendo la región con la más alta incidencia de trabajo infantil (59 millones, más del 21%).
  • En América Latina y el Caribe, existen 13 millones (8,8%) de niños en situación de trabajo infantil, mientras que en la región del Medio Oriente y África del Norte hay 9,2 millones (8,4%).
  • La agricultura continúa siendo de lejos el sector con el mayor número de niños en situación de trabajo infantil (98 millones, o 59%), pero el número de niños en los servicios (54 millones) y la industria (12 millones) no es insignificante – la mayoría se encuentra principalmente en la economía informal.
  • Se registró una disminución del 40% del trabajo infantil en las niñas desde el año 2000, mientras que en los niños la disminución es del 25%.

****Distracto. Consiste en el aniquilamiento o disolución de las obligaciones por el acuerdo de las partes a ese respecto.