PERO JUAN TIENE SU PROPIA VERSIÓN

Letras Pablo Ojeda

Foto de Archivo

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Son las 4 de la madrugada y el frío pesa en los huesos de Juan Castillo como aquellos árboles bien altos del parque.
De lejos suenan unos golpes graves bien al palo; es la hora de la explosión orgiástica en los boliches de moda; también de las borracheras tempranas que empiezan a asomar en las sienes de los jóvenes.
Juan caminaba tranquilo, con su aplomado andar hipnótico, en esa tarde que se hizo noche y lo encontró paseando la ciudad una vez más.
Juan andaba solo.

Dijimos que eran las 4 de la madrugada, también que el frío pesaba y Juan caminaba. Luego atravesó el parque y llegó a la avenida. A lo lejos un tumulto como de circo, peleas de chicas bien agarradas de los pelos y la guardia pretoriana con remeras de “prevención” riendo, mientras, entre diente y diente, pasaba una bolsa.
La policía distante en la esquina, como controlando otro tema.

Juan veía la escena cada vez más de cerca mientras caminaba, hasta ser parte de la misma, quizás no como protagonista.
Justo sobre la entrada del boliche sintió en las venas el temblor del piso de madera cuando un malón, arriado cual ganado por los de seguridad desde dentro del local, se desparramó en la calle.
Uno, quizás más torpe y borracho que otro, chocó en un scrum a un patovica ya pasado de bolsas, lo que mereció una reacción que Juan pudo contemplar en detalle.
Primero la mano sujetando fuertemente el pelo, como las chicas hacia instantes, mientras caían golpes de manopla sobre los cachetes del adolescente. Luego, la cara cada vez más manchada de sangre y, progresivamente, más deformada. Luego, la mano suelta el pelo del cuerpo arrodillado que cae, ya inconsciente, como naipe sin vida desplomándose en el suelo.
El tumulto se transformó en huída cuando la policía hizo lo suyo.
Pero la saña, las bolsas y el clima seguían jugando su rol, y el patova continuó con las patadas, seguidas de convulsiones, la cabeza chocando contra el suelo. Después la nada.

Las sirenas. La versión oficial: “murió en un tumulto”
Pero Juan tiene su propia versión.