LA LITERATA ANACORETA

Letras Viviana Lombardi

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Collage Viviana Lombardi


 

Siempre hay un verdugo oculto con su hacha urgida de dolor cuando se habla.
La victima habla para no morir. El verdugo y el tirano hablan para aniquilar.
El destino del creador es sucumbir descuartizado por la horda en el altar del sacrificio.
Míralos, tienen tanto y son tan poco que saquean la piedad. Hasta vaciarla de sentido”
Epígrafe de “La Compasión Revisitada”
V Thomas-Rowley
Inglaterra, 1819- 1891

La obra de la escritora V Thomas-Rowley atrajo mi interés durante una investigación académica sobre literatas decimonónicas de habla inglesa. Suelo recordar no sin asombro una mañana ventosa de octubre cuando, caminando por el condado de Yorkshire, entré en una librería de viejo para curiosear, esperando acertar un hallazgo. El librero un erudito anónimo, como suelen serlo quienes existen entre libros de toda edad y procedencialuego de advertirme sobre la fragilidad de la escalera que alcanzaba los ejemplares ubicados en lo alto, me condujo al sector más recóndito de una formidable biblioteca que alcanzaba el cielorraso. Presa de una súbita intuición desafiante de todo reparo, monté la escalera, expectante, jubilosa casi.

Pasada una hora pródiga de búsqueda estéril, me disponía a abandonar la empresa. El clima impaciente del norte arreciaba en ráfagas propias de su naturaleza polar y sentí la urgencia de té y scones con mermelada y crema. En un último intento tomé un ejemplar de tapas de cuero con lomo en carmín y dorado, para comprobar que se trataba de una biografía de Sir Walter Raleigh, escrita por una tal Hermione Pages, fechada en 1848. Mientras ironizaba en soledad que acaso mi ambición también fuese hallar El Dorado, me sobresaltó la voz del librero. Trastabillé y me sostuve de la barandilla para no caer; la brusca acción hizo saltar una carta doblada y amarillenta sostenida por una cinta y guardada en el centro del libro. Ruborizada de placer, concebí el sortilegio como una bendición de Mnemósine a mi empeño. A veces, El Dorado, como la carta robada de Poe, está a la vuelta de la esquina. Bajé la escalera exultante. Cavilé brevemente sobre la posibilidad de guardármela sin comentario, pero mi imprevisto o acaso reencarnado Diógenes Laercio me ofrecía una taza de té caliente y mi ética derrotó a mi codicia en un santiamén. Ofuscada por mi propia mezquindad, barboteé una explicación desarticulada y culposa. El Santo Ratón de Biblioteca debe de haberme escuchado con el corazón porque sonrió cómplice, y dijo: “Llévesela. Cuando la haya usado me la trae. Tómese el tiempo necesario”. Un acto de amor incondicional que el kitsch describe como “encuentros de almas gemelas”.

Noches blancas de pesquisa originada por la carta me condujeron a fraternizar con “V” como si la hubiese frecuentado en una reencarnación anterior. El epígrafe de Hermione me aportó la primera pista y el primer interrogante. La escritora en cuestión omitía su nombre de pila al firmar su obra. Sólo los íntimos supieron que se trataba de una mujer.

Queridísima Vita, con el entrañable cariño de siempre, deseo con el alma que la cercanía de la “Olla del Desengaño” y el “Hoyo de la Rata” a tu recóndito santuario, no te prive del solaz y la serenidad que tanto añoraste toda tu vida. Por el contrario, creo que la audacia de regir tu existencia desafiando a la maledicencia y a la tradición, reforzará tu autoestima y elevará tu espíritu inquieto hasta lo mejor de sí.”

Trepidantes premuras me llevaron a los caminos para descifrar el enigma. ¿Se trataría acaso de la broma macabra de una amiga alevosa? ¿Olla del Desengaño? ¿Hoyo de la Rata? Una visita guiada por el condado de Ingleborough disipó el equívoco. Los lugares existían entonces y persisten augustos a la espera de ocasionales turistas de aventura.

El resto de la carta no aportaba demasiado al hallazgo. Chismografía local en serie y lamentos domésticos alargaban el relato de una historia sin importancia. El tono delataba, eso sí, el anhelo de un alma oprimida al elogiar a un alma liberada.

Acaso haya sido el alto romanticismo de la era Victoriana el que me alojó presuroso en otra dimensión del tiempo y de la acción, como en las buenas tragedias. Partí rauda a la aventura por el desagravio póstumo de la reputación de Vita. Temeridad ineludible cuando la identificación con la heroína sólo admite la interpretación nietzscheana del hubris. Inevitablemente, me dirigí a la librería de viejo.

Cavilaciones conjuntas y buen vino compartido en veladas extendidas hasta el alba, me facilitaron ahondar en el enigma en complot con la reencarnación de Diógenes Laercio. Juntos rescatamos la biografía de una autora peculiar, paradigma de integridad y entereza, virtudes que afloran en su literatura cual gemas escondidas de la inclemencia, como su casa-cueva cincelada en un paisaje rocalloso.

Contestataria universal, inspirada por una forma de anarquía apocalíptica, renunció precozmente a la esperanza como arma narcotizante del discurso conformista burgués, siendo su primer acto de arrojo el declarar públicamente que no sostendría diálogo alguno con su entorno viciado de mentira e hipocresía. Desde entonces, dejó de socializar para retirarse a su santuario, que bautizó “Askatasuna”, palabra euskera que significa libertad.

El desasosiego ontológico por la iniquidad del mundo la impulsó a generar una doliente obra metafísica, de la cual se conserva correspondencia intima, escasos poemas y una antología de relatos compilados bajo el titulo de: “La Compasión Revisitada” (Compassion Revisited en la versión inglesa original). Elegí de esa prolífica serie el cuento “El Pasadizo Persa”, que traduje al español en exclusiva para esta edición.

Diógenes y yo hemos elegido el kitsch onírico como forma decisiva de vida. Entretanto, deambulamos por los laberintos de bibliotecas y librerías impregnadas con la esencia sacra del papel antiguo.

Nota Editorial: Biografía Apócrifa de la escritora V Thomas-Rowley, artífice del cuento “El Pasadizo Persa”.