LA SERPIENTE Y LA MANZANA. LA CULPA Y LA MONOTONÍA

Letras Holly Golightly | Publicación original 16 de Julio 2015. Segunda publicación 14 de Octubre.

Fotografía Brunela Curcio

Fotografía Brunela Curcio


Monólogos Bifurcados de Voces Yuxtapuestas

 -LA SERPIENTE (I)-

Las sombras se tiñen de más colores que yo, hoy es un día triste ¿Qué peor consuelo al de mi locura que la decepción que modifica en tristeza la alegría?

Camino en las calles donde todos son personas y no siento nada que pueda transformarme en una de ellas. Sólo puedo encontrarme en ese lugar oscuro que imprime la inseguridad de mis pasos y corrientes.

La brisa pasa mientras tarareo la ruina del castillo de arena que tracé en la sonrisa de su mirada, la que una vez proyecté pura. La fe se esfumó arrasada por la corriente fría que decreté al elegir ante mi mundo, uno nuevo, creado en lo que ahora me aniquila y destruye.

Añoro tanto mi alegría que la lloro sola, cuando nadie está mirando, cuando nadie escucha. Quiero cerrar los ojos, dormir para no despertar, o abrirlos cuando todo lo que me sacude y entristece se haya marchitado, dejar finalmente de elucubrar lúcida mis miserias.

No soy mía, y vos, vos sos sólo un esqueleto descompuesto de quien creí que eras.

Pensaba que el mundo estaba allí, delante de las manos, delante de los ojos, y que esperaba ser descubierto, que lo descubra. Pero mi mundo se detuvo delante de mis ojos y mis pestañas jamás pudieron tocarlo.

Te seguí, irrevocablemente maniatada a ser quien querías que sea

Y justo acá, en medio de este vos sombrío, las horas se escapan de las llagas y cada soplo de aire, reproducido en la inmensidad de este cielo opaco, me consume. El miedo se hace piel y la piel se hace huesos cuando pienso en los cuerpos que hoy pasaran por el mío, en los labios que besarán el sujeto de la vida, que en cada segundo es corrompida para transportarme al destierro de la muerte, un destierro que deseo con prepotencia. El vacío me destruye cada vez que gimen sobre mi arista masacrada. Sentirlos rozarme, fingir querer ser rozada, fingir. Siempre fingir.

Recuerdo cuando soñaba una vida distinta lejos de todo este perfume a cloaca que me ahoga. Me pregunto tantas cosas y no puedo responder ninguna, invento tantas historias y no puedo ser partícipe de ninguna. ¿Cuántas horas pasé proyectando las mentiras que creí fehacientes verdades? ¿Cuánto esperé ese maldito día donde el amor nos transportaría a una atmósfera distinta, pura, incondicional, simple?

Dijiste, tanto dijiste y prometiste, pero finalmente golpeaste mi orgullo, me vendiste e hiciste esclava de tus proyectos voluntarios de arrogancia. Sos una verdad ahora, y si algún día fuiste una verdad distinta ¿qué te cambió? ¿Algo te cambió?

Sí, lo sé. Soy una puta idiota que una vez creyó en un hombre y puede que sea el misterio de esperar encontrarlo y verlo y sentirlo tan ingenuo como cuando éramos uno, el que me mantiene despierta.

-LA CULPA (II)-

¿Y quién dijo que el amor es quien nos hace e inventa más susceptibles, más melancólicos o letalmente descifrables? El engaño no es más que la satisfacción de placeres, que se desprende orgullosa cada vez que una -que no es amada, pero si pagada- te hace todo lo que quien amas se niega a hacer. No es una actitud maníaca de mi parte, ni un deseo solo mío el de querer ser tocado por otras feminidades.

El estar casado te hace sentir en cierto modo absurdo, atado y esclavizado a besar sólo un par de labios. Pero no es la naturaleza humana, no es así como fuimos inventados. Es una mentira el sentirse atraído sólo por una mujer; uno se niega la posibilidad de sentir placer entre otras piernas y al final nada te satisface tanto como cambiar una vez cada tanto de calor vaginal, de calor humano desteñido. Porque es sólo sofocarse, el colapsar el miembro en una sola raza de “tipa” que te ama. Por eso mismo, ante esta insatisfacción producida en el amor, hoy necesito satisfacerme fuera de él, teniendo simple sexo irrelevante.

-Ésta me gusta, sí es ésta -Se autoconfirma mirándose en el espejo retrovisor, y le ordena a la mujer de pie fuera del auto: -Dale subí.

-LA MANZANA (III)-

-Y acá estoy de nuevo subiéndome a este auto basura, y no entiendo por qué éste necesita pagar. Tiene el anillo, hijo de puta, está casado. Ah, seguro que vamos al puerto, lugar solitario y romántico. Puf! -Piensa insatisfecha.

-LA MONOTONÍA (IV)-

-¿Qué sabés hacer mejor?- le dice a la mujer mientras reflexiona: -Y le pregunto a una puta qué es lo que mejor sabe hacer. Como si no supiera que sabe hacerlo todo y seguramente finge sentirlo todo. Es como un “tipo” que sueña toda la vida con escribir libros y cuando los escribe, -y cuando trabaja de eso que le gusta hacer- y pasan los años, el hacerlo pasa a ser una obligación. Abandona ese sueño y cada vez que escribe se da cuenta que ya no le causa nada. Como yo, como mis libros absurdos, escritos en base a tiempos de editores mierda que te sacan la magia del amar hacer lo que pensaste que amabas.

-Lo que más te gusta es eso que mejor hago ¿Qué te gusta más? -responde en tono sinuoso y en tanto elucubra:– Dale apurate, hagamos rápido. Mierda, le tendría que decir que tengo una vida y que no estoy acá mil horas sentada para esperar su respuesta estúpida. La cual en realidad es siempre la misma. Ya lo estoy escuchando: ¡Chupámela! (ejecuta dentro de su pensamiento un tono burlesco). ¡Quiero que me la chupes! Todos responden lo mismo. Todos empiezan por lo mismo. Todos se creen sexualmente fuertes, dotados, pero al final, pero al principio, son solamente pobres tipos que tienen que pagar para cojer.
Éste es casado, seguramente tiene una mujer hermosa, y no obstante termina en la calle levantando extrañas para que le den una chu-pa-dita. Los tipos son estúpidos. Simples, ingenuos y reconocidos estúpidos.

-Quiero que me beses -alega, espera y en tono suave agrega: -Abajo…

EL EDÉN (V)-

Se dirigen a un hotel remoto.
Una habitación pequeña, sombría. Las sábanas negras de seda.

Lo mira. Se columpia en el irrisorio aire que rodea el espacio, posa una a una sus piernas sobre las de Él y lo aprisiona fuerte. Se inclina poco a poco y acerca su hombro descubierto a la boca entreabierta de Él. Con su cabello roza la barba e inquieta los respiros adulando confusa entre las sombras de su perfume; menoscabando con su aliento el espíritu del hombre ahora cautivo. Posa sus labios frente a los de Él sin tocarlos, y en un ritmo incandescente, acaricia el calor del hombre que se hace presente por debajo del pantalón. Desprende el botón. Con tres dedos de una mano insiste en descubrir y tocar el bulto definitivamente consistente.

Toma sus rizos con toda la mano, presiona fuerte cada raíz que se eriza y posa la boca de ella sobre la suya. Muerde fuerte y clava sus ojos grises en la mirada sorprendida de ella. Le toma la mandíbula con rabia, desprende los dedos y roza con ellos los labios. Con la otra mano penetra por debajo de la falda, acaricia su clítoris lentamente y con prepotencia, vuelve a besarla. Esta vez interrumpe con su saliva el aire por dentro del espacio que esconden las palabras nunca dichas de ella. Sus lenguas se acarician y sacuden, se mezclan una en la otra, se funden y separan con odio y deseo.

Le desprende la camisa.

Fricciona sus pechos y su cintura, baja el cierre de la falda de cuero, desliza su mano mudándose por las piernas impávidas de ella y las recorre hasta llegar a la pelvis para después alcanzar sus pechos, transitando por debajo del cuero, por debajo del encaje. Toma sus pezones y los aprisiona fuerte entre sus manos, saca los pechos y los muerde, los lame, levanta el cuero y aparta la tela que cubre la vagina. La impele, levanta sus piernas en el aire, sumerge lengua y saliva sobre cada ángulo, sobre cada arista. Saca su pene, la mira, se acerca al oído de ella y le susurra su deseo.

Lo acaricia poco a poco y desciende su boca desde la frente hasta el punto justo de contacto orgásmico, lo succiona fuerte y vigorosamente, circula con su lengua el órgano todo y vuelve a succionar. Él gime despacio, acunando el silencio con una sísmica onda sonora. La voz tiembla, su cuerpo y sus manos tiemblan.

La distancia, vuelve a empujarla apoyando la cabeza de ella entre las sábanas de seda, toma las piernas largas y frágiles de ella y las posa sobre sus hombros, la penetra con brío hasta llegar al punto más recóndito por debajo de la piel. La dispone sobre la cama en forma horizontal y toma sus nalgas, las aprisiona, se sacude y vuelve a sacudirse dentro, una y otra vez.

Movimientos cíclicos, movimientos constantes.

Grita, gime y no finge. Puede sentirlo dentro, sentirse excitada. Clava fuerte las uñas en la espalda, grita más fuerte.

Eyacula dentro. Tiembla. Vuelve a eyacular.

Se visten, Él le paga lo convenido. La deja en el mismo lugar donde la descubrió. Y al día siguiente, y al otro y al posterior vuelve a buscarla por la misma esquina, una y otra noche.

-ÉL | LA CULPA Y LA MONOTONÍA (VI)-

A veces pienso que la vida es así de probable, de igual, de monótona, de silenciosa y triste. Otras veces en cambio, todo se hace y transfigura distinto y es en ese momento donde me acobardo de lo que puede pasar, de lo que puede acontecer, de lo que puede ser o de lo que es.

Pido un cambio determinante respecto a la monotonía que me arrastra y me hace atravesar los días en estado de coma y después cuando cualquier energía me da un golpe fuerte en medio al pecho temo al cambio, porque pese a todo, necesito volver a acostumbrarme a ese estado necio de monotonía. Seguridad del saber a qué me enfrento. Conozco las determinaciones y sucesos que pueden ser correlativos a mis acciones y la certeza se determina aliada. El canje te hace pensar en lo que dejaste atrás para obtenerlo, porque así es la vida, ¿no? Uno renuncia para ganar ciertas cosas, debe elegir unas, pero hay que dejar otras. Y justo cuando elegís el golpe de shock, el salir de ese estado de coma, te ves inmerso en otro estado de coma. Te acostumbrás a los cambios y volvés a encontrar en la monotonía la aliada y te aburrís y no te gusta, pero te sentís seguro…¿Te sentís seguro?

-ELLA | LA SERPIENTE Y LA MANZANA (VII)-

A veces la vida nos sorprende y nos regala sensaciones nuevas, ideas absolutas y de géneros diferentes, de acciones indistintas, llenas de palabras de conmiseración total, de delicadeza obscena o simplemente de inconfundible olor a terracota o a algo que quedó ahí en un muro manchado y en el paladar adormecido. Son esas inconfundibles sensaciones las que marcan conocimiento y experiencia, las que regalan felicidad y sufrimiento y es por ello que todo aquello que no sentimos, o ignoramos sentir, parece estar catalizado en una nada de la nada más total y absoluta, cuando en realidad aún eso que nunca hicimos es en relación a aquello que no conocemos, a lo que no es, a lo que podría ser.

Son los recuerdos, los manuales de cosas que quedan en el cajón. Y ninguno, y ninguna, los toma en cuenta cotidianamente en el momento de separar, olvidar, seleccionar… Juicios, emitimos juicios y los aprendemos a mediocrizar o simplemente perecen relativizarse inmersos a tantos nuevos cánones de ingenuidad escondidos impuros en la banal cara oscura de la NADA ABSOLUTA.

La posibilidad se hace camino en la nada, porque es desde la nada que puede nacer el todo. Sólo desde el vacío puede nacer el relleno. Sólo en la acción de completar, se puede crear en la expansión. Sólo en el deseo, pueden las sensaciones ser pasiones y no simple aversión a nuestra esencia vehemente, sino más bien aceptación de nuestro ser más coherente.

Nota del Autor: ÉL, ELLA & YO

 

Comentarios

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