UN LIBRO, UNA ISLA | El retrato de Dorian Gray & La narración de Arthur Gordon Pym

Columna de Fernando Guibert

Grabado Fernando Guibert

Grabado Fernando Guibert


El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe

En esta nueva edición de “Un libro, Una isla”, pensando en el suspenso y el thriller, me llevo dos libros de dos autores en lugar de uno: transgresión a las reglas, en este caso las mías propias para la columna, de contrabando a mi isla desierta y solitaria: “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde y “La narración de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe. Dos libros que leí de adolescente que me apasionaron y releo en algún momento todavía hoy.

Wilde y Poe son espíritus literarios muy cercanos a los artistas inadaptados de todas las épocas y a los poetas malditos franceses posteriores; ajenos al tiempo y adelantados a él: insatisfacción, misterio y horror. En sus obras se replantean y cuestionan una sociedad contradictoria en la que vivían a destiempo abrazando un submundo que rechaza las convenciones. Saltan generaciones y son claramente precursores de casi todos los escritores modernos y los pensadores existencialistas, sobre todo Camus.

Los estilos narrativos de Wilde y Poe se conectan a varios niveles. Wilde descubrió a Poe a través de los escritos de Charles Baudelaire, y así se identificó con el estilo literario de Poe y su visión social y estética. Poe también influenciaría a Robert Louis Stevenson, otro notable autor, cuyo “Jekyll y Hyde” también transita recorridos imaginarios y reales afines a Poe, donde el horror es protagonista.

Oscar Wilde prologa “El retrato de Dorian Gray”, con una reflexión sobre el arte y concluye: “todo arte es bastante inútil”. Con esta frase, Wilde confiesa que el verdadero arte no podrá participar en el moldeo de las identidades individuales y morales de la sociedad, ni debería hacerlo. Un joven admirador (Bernulf Clegg, estudiante de la Universidad de Oxford) escribe luego a Wilde para pedir explicaciones sobre esta cita y Wilde le contestó: “…una obra de arte es inútil como una flor es inútil. La flor crece para su propio regocijo. Alcanzamos un momento de júbilo con sólo mirarla. Eso es todo lo que hay que decir acerca de nuestras relaciones con las flores. Por supuesto, el hombre puede vender la flor, y así hacer que sea útil para él, pero esto no tiene nada que ver con la flor. No es parte de su esencia. Es accidental. Es un mal uso. Temo que todo esto es muy oscuro…” (1). Verdad y al mismo tiempo ironía al declarar la ineficacia del arte ya que Wilde modeló al menos a la literatura y algunas ideas y actitudes sociales subsiguientes sin quizás pretenderlo. Wilde es el supremo maestro del “wit” (ingenio) y el humor, ambos más reveladores que la inteligencia, que habitualmente es estéril.

Dorian Gray” personifica la búsqueda de la felicidad, la satisfacción personal y el abandono. Mientras disfruta de todas las indulgencias posibles, su comportamiento en última instancia destruye sistemáticamente todo lo que ama, si bien finalmente lo que ama lo destruye. Dorian adquiere la eterna juventud a cambio de su alma (el Fausto de Goethe es el padre de este libro) mientras mantiene su belleza exterior su retrato pintado por el artista Basil envejece y se corrompe en paralelo como consecuencia de su inmoralidad. Dorian persigue a la joven actriz Sybil y cuando posteriormente ella es seducida y abandona el escenario para seguirlo ya no le sirve a sus propósitos hedonistas y por lo tanto la rechaza sin contemplaciones. Dorian le dice: “Sin tu arte no eres nada”; trágicamente ella se quita la vida. Dorian se sumerge en las profundidades del narcisismo, pero con el tiempo, como en el mito de Narciso, se quita la vida.

Dorian Gray no es solo una advertencia moral (como la pintura del Bosco) sino también al mismo tiempo un juego del sentido del espanto. El horror está siempre relacionado con la fascinación por lo sobrenatural, la búsqueda del límite y la muerte, nuestro dilema con la finitud. Para Wilde, en su clara apreciación de la psicología humana, la vida (vivida con o sin sentido) en definitiva es una alhaja vana en su contradicción, absurdidad y disparate. Emil Cioran, en sus ensayos, es un allegado de esta orfandad y desamparo humanos, aún más que Nietzsche.

Con Poe, tanto sus cuentos como sus poesías y su fatídico cuervo, aunque son frutos quizás de una vida castigada por tragedias familiares y personales sucesivas, como la muerte de su amada esposa por la tuberculosis y el consecuente agudo remordimiento que muchas veces afecta a sus héroes, nacen siempre de una imaginación apasionada. Muerte de la amada y muerte del amor, terror del alma, necrofilia y necrofobia. Sus influencias incluyen a los góticos ingleses y alemanes y todos los románticos importantes pero Poe va aún más lejos y no deja tumba sin abrir en su afán por entender quizás la muerte y conquistarla: catarsis, exorcismo y fascinación morbosa. Esta intensidad por lo insólito, extraño y sobrenatural ensancha la rutina diaria que lo ahoga para crear un nuevo plano, anamorfosis que lo aleja de la monotonía de la realidad.

Su libro “Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue en inglés) inaugura el primer relato de detectives propiamente dicho en la literatura moderna, la novela de crimen. Interesante saber que Dostoievski en el prefacio a una traducción al ruso de los cuentos de Poe, lo considera un “realista en comparación con el “idealísimo” romántico alemán. Es verdad, pero el realismo de sus relatos hace la visión de Poe aún más poderosa y auténtica como en “La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket en inglés) que es su única novela. Este extraordinario libro de aventuras, es una sucesión de experiencias e infortunios (motines, naufragios, canibalismo, guerras con nativos) absorbente y surrealista apenas le dan respiro al lector. No solo desató el interés de psicoanalistas y estudiosos de Poe sino que también influenció y admiró a escritores como H. P. Lovecraft, Julio Cortázar, H. G. Wells, Jorge Luis Borges y muchos otros. El enigmático e increíble desenlace de esta novela la hace también digna de leerse en nuestra isla.

Notas Bibliográficas:
(1) The Complete Letters of Oscar Wilde, Merlin Holland (Editor), Rupert Hart-Davis (Editor), 2000.