MANANTIAL

Letras Mario Marín

Fuente Bermuda Charlotte

Fuente Bermuda Charlotte


 

Antonio David sigue saliendo cada mañana peinado con la raya que le hace su madre con el peine de barilla. Primero le toca el hombro y le dice que ya son menos cuarto. Mientras él se quita el pijama y se viste, su madre le enciende el brasero y la tele. Cuando Antonio David llega al salón, en la mesa ya le tiene una taza de Nesquik con galletas migadas. El mismo desayuno y la misma serie de dibujos animados cada día. Antonio David no lo cuenta en el instituto, pero sigue disfrutando con Timmy Turner.

Cuando se lava los dientes, se moja el pelo y avisa. Sara le aplasta primero un remolino que tiene detrás, a la derecha; el mismo revoltijo rebelde que su padre. Luego a un lado y a otro, hasta que el flequillo queda en oblicuo y con una onda.

Después del beso, se despide y sale al pasillo. El venero empieza a moverse. Antonio David espera con su mochila colgada a que Doña Nuria abra y cierre su puerta. Vive dos pisos por encima y solo es cuestión de poner el oído. Cuando el ascensor empieza a moverse, Antonio David lo llama también. Las puertas se abren y se dan los buenos días. El venero empieza a rebosar. Doña Nuria tiene un escote bravío y siempre por el tercer botón; normalmente blusas blancas con algo de puntilla. Tiene cincuenta justos y una carne del color de la brasa recién encendida. Antonio David la mira a través del espejo, y cuando ella se gira para salir, retiene el esplendor de sus nalgas como quien mira una solana cegadora.

Con el adiós, hijo, Antonio David baja dos calles y espera en la parada. La presa empieza a romperse. Ya en el autobús, en el mismo asiento de siempre, el manantial brota y se moja escandalosamente.