MIENTE, MIENTE, QUE ALGO MORIRÁ

Letras Luciano Deraco |

FERNANDOGUIBERT_Narciso

Diseño Narciso de Fernando Guibert


He muerto, pero he muerto de verdad y no como todas las otras veces. He muerto agotado y resignado. He muerto de pena.

Perecer siempre es triste, pero hacerlo por trocar verdades a cambio de caras extrañadas o miradas esquivas, es todavía mas doloroso.

Es sencillo, me harté de describir lo cierto y fallecí en consecuencia. No resistí ser ese ser monstruoso de filosas protuberancias al cual todos querían silenciar. El mero regocijo de tantas expresiones vacías que confiaban o peor aún, creían en lo increíble. Fue ante tal escenario de falacias, que mis dichos sucumbieron ajetreados por el espejismo de la ignorancia.

Ellos daban por descontados cada palabra, cada gesto. Se entregaban mansos a la verborragia pasajera y efímera de aquellos cuyo mayor talento era el de malgastar el habla hasta hacerla tóxica. Festejaban, por cierto, cuanto grotesco y obsceno espectáculo se les presentara.

Preferían sujetar su acabada voluntad sobre la oferta vulgar de lo aparente o el aplastante talento de lo nulo. Fagocitaban gustosos cada gramo de felicidad envasada y rancia. Compraban causas, mártires, problemas, conquistas… Vaciaban el bazar de los bajos instintos.

Yo intenté advertirles que se hinchaban, que se tornaban obsesos, pero se burlaron de mis afirmaciones, de mis “flacas” afirmaciones. De todos modos, algo de razón tenían. La impotencia devino en resignación y mis defensas se volvieron endebles.

Aguanté hasta donde pude y cuando mi colapso era un hecho, me dí una oportunidad. Entonces viví y disfruté las mieles de la inconsciencia, el goce del amor pasajero y el escapismo de la diversión. Fue lindo sentir al menos por un momento, el roce de la tela negra sobre mis ojos y correr. Correr sin rumbo, moverme con libertad. Sin embargo, sabía que no era para mi, así me lo habían hecho sentir de chico, cargando con el peso de algún estigma: “raro”, “loco” y hasta “tarado”.

Si de pequeño fui el peligro de las madres, de joven me volví una amenaza social. Pero no haría falta reprimirme para callarme. Apenas con el cansancio les bastaría para doblegarme. Apenas con la soledad absoluta.

Entonces fui el “loco” de siempre, pero mas loco que nunca. Mis verdades eran divertidas, es cierto, pero verdades al fin, y como tales, debían ser ignoradas.

Me hice indigente, un lúmpen, un paria. Otro de esos “pocos” que por desgracia, arruinan el exquisito paisaje de la reconfortante falacia.

Entre harapos y desconsuelo, le puse precio a mis verdades, pero casi nadie se interesó. No es negocio ser mercachifle de la razón en el mundo del sinsentido.

Por eso, la muerte. Por eso el premio de la muerte. Su postergada liberación. El cese de la interminable batalla contra un ejército de inalterables molinos de viento. Esos sofisticados artefactos provistos de tendencias, arquetipos y mentiras.

En el cielo oscuro de la honestidad disfruto, perdido como un ente estelar, de la paz irreal. No mas que otra falacia.

Nota del autor: Texto inspirado en el cuento de Adolfo Bioy Casares: “El calamar opta por su tinta”. Se plantea la metáfora del paria que sostiene el faro de la verdad y termina muerto a manos de las falacias, en éste caso, instaladas verticalmente por los oligopolios dedicados a la información. A juicio personal, como en la obra del célebre autor argentino, se pretende interpelar al lector con el intento de hacerlo tomar conciencia sobre aquellas afirmaciones que por ignorancia, se tornan socialmente reales a pesar de sus fuentes endebles y poco claras.

Segunda entrega ficcional de la Trilogía “Agonizando las Conquistas Del Progreso Indefinido”. Para leer la autoreseña referente a dicha trilogía, dirigirse al enlace expuesto en el corriente párrafo.

Leer la siguiente y última entrega de dicha Trilogía, el cuento «Ácido para Vivir, Miedo para Subsistir»