EL OCASO DE LA COSTILLA DE ADÁN. ACTO III: MUJER. OBJETIVACIÓN. MERCADO. PREJUICIOS.

Letras Brunela Curcio

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Fotografía Nicola Favaron


La figura femenina inunda las calles. El sexo vende y se utiliza como moneda de cambio. Gloriosas las piernas se abren paso en la comercialización de necesidades creadas. La denominada objetivación o cosificación es un fenómeno naturalizado en la sociedad contemporánea. Crítico, neutral o pasivo, todos tenemos un rol -definido o no-, estamos expuestos y formamos parte de ello. La importancia de la imagen irrumpe en nuestras vidas a diario, colocar la foto guay en facebook, contemplar una modelo y desear tener sus formas (en ambos sentidos), elegir la vestimenta adecuada o decidir por moda contrariar la moda. Gran parte de la población, en mayor o menor medida y forma, se ve influenciada por la cultura de la deidad, del esteticismo. Escapar de tal vicio parece imposible.

Para algunos, la mujer se expone y dispone a ser “objeto”. Otros muchos, critican la influencia y el desbordamiento de la representación de cánones estéticos definidos, que se propagan arbitrarios. Tantos, muestran rabia y desprecio por el auge de imágenes despojadas e insinuantes. Y por otro lado, hay quienes creen que la expresión publica de la sexualidad marca una conquista para el feminismo, que este cambio cultural es parte del “empoderamiento” de género. Opiniones varias y hasta encontradas que en cierto modo pueden llevarnos a un cuestionamiento ancestral: ¿el alma se vende junto al cuerpo?. Actualmente, se habla del fenómeno de la objetivación, en cierta forma, como el de una “prostitución mediática”. Pero vale recordar que en este caso “se mira pero no se toca”, con el fin último de que el individuo compre aquello que más lo acerca al objeto de deseo. A este punto, es necesario descodificar los significados, buceando en los sentidos más característicos e inalienables que los constituyen. Y al mismo tiempo, sobrepasar las crítica obvias, que muy lejos de ahondar en la realidad en su complejidad, la limitan. Al fin y al cabo, no sólo existe quien ofrece un servicio y producto (modelo, empresario, agencia creativa, etc) y decide hacerlo sirviéndose del cuerpo, existe también quien compra, firmando así un acuerdo tácito donde implícitamente se convalida el método. Porque para que exista la oferta, indiscutiblemente -y lo dice la teoría económica, no yo- es necesaria que exista la demanda.

Musas y modelos, este era el papel oficial de la mujer en el arte antes de la edad media. Con el tiempo, (como comentamos en el capitulo anterior) este papel fue variando y finalmente fueron desvelándose versiones extraoficiales que pintaban a la mujer no sólo como objeto “pasivo” del arte, sino también como exponente del mismo. Pero… ¿musas y modelos pueden catalogarse dentro de esta representación del pasivismo o es solo una etiqueta? Para los poetas de la antigüedad, las musas presentaban los sucesos que serían relatados, protegían las artes y las ciencias. De hecho, el objetivo de la musa era y es, incitar la creación artística, e incitar es un acto.

La objetivación o cosificación sexual, hace referencia al individuo representado o tratado como un objeto sexual, ignorando las cualidades y las habilidades tanto intelectuales como personales. En fin, se reduce la esencia del otro a su capacidad de generar y crear placer y/o deleite. Está terminología surge con el feminismo de los 70 pero se remonta aI Iluminismo Frances, donde se debatía respecto a la función de los pechos femeninos. No obstante, tiene su origen en la contribución decisiva que György Lukács instauró en la filosofía y la critica de la cultura de la modernidad. Este intelectual alemán, desarrollo el concepto de cosificación y lo fundamento desde una dialéctica marxista, según su teoría “surge cuando una relación social, esconde sus orígenes como producto de la praxis y se presenta como realidad autónoma; una de la consecuencias de ello es que los seres humanos aparecen como personificación de los lugares sociales que ocupan, y no propiamente como seres humanos.”[1]  En base a esta y otras teorías al respecto, el ser humano deja de ser él mismo para a ser un simple medio e instrumento, lo cual genera también alienación o enajenación. Y en este sentido, podemos citar a Kant: “Obra de tal modo que no trates a la humanidad, ni en tu persona ni en la de otros, meramente como medio, sino siempre como un fin”. Según la profesora de Antropología filosófica, Lourdes Gordillo Álvarez Valdés: “Cuando el cuerpo se convierte en objeto para el hombre, se produce una pérdida de la identidad como sujeto y de la condición personal. “[2] 

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Fotografía Nicola Favaron


SUJETO. ICONO. OBJETO

Para entender la realidad y sus matices desde una óptica más verídica, es fundamental implicar al sujeto, porque a diferencia del objeto, el sí tiene voz.

Gabriela Cóceres, actriz y modelo argentina emergente que reside en México, asegurá: “la objetivación o cosificación de la mujer es algo que se vive diariamente en el ambiente en el que me muevo. Está en ciertas exigencias del medio, en las propuestas concretas de trabajo y en mi misma, al adaptarme muchas veces –al menos a simple vista- a cierto estereotipo. Es a veces tan constante, que parece natural, como si fuese alguna especie de regla impuesta. Vivo casi a diario la fijación más en el envoltorio que en la personalidad y en las cualidades intelectuales, lo que contribuye a vincular a la mujer con un mero objeto sexual. La vocación ha sido más fuerte, la resistencia también, y me he visto con diferentes posturas a lo largo de mi carrera. En algún momento, siendo más chica e ingenua, me peleé con mi imagen, creyendo que afearme era la mejor manera de que realmente me vieran y no se quedaran con el envase. Con el tiempo, entendí que es más inteligente usar a mi favor todas las herramientas que estén a mi alcance, siempre y cuando el resultado no me haga sentir traicionada a mi misma (No, en mi caso el fin NUNCA justifica los medios). Pero para qué negarlo, la mayor parte del tiempo he continuado sintiendo el peso de cierto deber de demostrar quién sabe qué. Porque lo que muchas personas, que lo ven desde afuera, no llegan a comprender es que a veces una imagen socialmente aceptada y hasta cierta pose, puede abrirte puertas… Puertas que suelen estar minadas de prejuicios y de límites, de comentarios maliciosos y subestimación.

En México, prevalece una cultura fuertemente machista; con caballeros que abren la puerta del coche, pero que tienen (generalizando, claro está) una idea de mujer muy diferente a la que yo pretendo ser. Intento lograr un equilibrio, a veces funciona. Siendo honesta, sigo viviendo en gran parte de una imagen, pero está de a poco va dejando revelar algo más: una voz, una pasión, una forma bastante particular de ver la vida, o –por qué no- una opinión fundamentada sobre X tema. No me peleo con los tacones, las faldas ni el maquillaje, pero eso tampoco me determina. Trato de discutir menos, no intento tener siempre razón. Y sobre todo -y por mi bienestar- ya no trato de demostrar nada. Y aunque no considere del todo oportuno citar a M. Thatcher: Ser poderoso (y a eso yo le agrego ser interesante, culto, profundo, y varios etc. más) es como ser una dama. Si tienes que andar diciéndoselo a la gente, es que no lo eres.”

Según la perspectiva del fotógrafo y asesor creativo Nicola Favaron, que trabaja en el sector de la música, la moda y la publicidad : “El cuerpo, sea cualquiera el genero al que pertenezca, es desde siempre objetivado y mercantilizado. Este fenómeno está vinculado con el mecanismo primitivo del deseo y no tiene un valor negativo, siempre que el pilar  sobre el que se basen y transformen los conceptos de la estética y la belleza, logre fascinar y emocionar.

La sociedad de consumo mediante los medios de comunicación ha llevado esta mercantilización a una escala global. El anuncio publicitario no usa un lenguaje avanzado, no puede; no se venden pernos, patatas y ropa interior haciendo reflexionar al consumidor, sino haciendo que éste desee el producto. ¿Y qué más trivial e inmediato que la perfección estética? Tampoco importa si es real o imaginaria cuando el sentido es que el producto sea deseado y poseído a cualquier costo. Creo que ninguno podía imaginar el impacto de todo esto sobre el hombre corriente, una multitud de mujeres inseguras y obsesionadas por la estética de las carteleras, otras enojadas y en rebelión por el motivo contrario. Ha simplemente sucedido y es irreversible.

La solución, utópica -como lo son a menudo las cosas inteligentes-, sería informar y  hacer más consciente al público sobre el uso del retoque digital y la irrealidad de los cánones que proponemos. Esto evitaría la comparación y aligeraría el animo. Como fotógrafo y creativo, trabajo con mujeres bellísimas, que objetivizo como todos en base a las exigencias de mis clientes. No obstante, a modo mío, siempre busco que emerja la personalidad además de la estética. Como hombre, creo que el cuerpo de una mujer es el milagro más grande de la naturaleza. Energía erótica y materna mórbida, curvas delicadas donde perderse entre la vida y el imaginario. Pero la verdadera belleza no existe sin la personalidad del ser que habita el cuerpo. Sin la personalidad sólo se trataría de una estúpida caja vacía con -entre otras cosas- una acortada fecha de caducidad. Y no puede siquiera ser expuesta en un museo.”

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Fotografía Nicola Favaron


Para la Mgster. Lic. en Psicología María Celeste Jozami: “Podemos analizar la cosificación de la mujer a partir de dos teorizaciones psicológicas, que a mi parecer son las que se han ocupado en mayor medida de significar este concepto e interpretar este fenómeno de nuestro tiempo. Por un lado, la teoría psicoanalítica representada por ejemplo de Silvia Bleichmar (1994; 2004) y por otro lado, la teoría del análisis existencial, patentizada en su fundador Viktor Frankl (1977). Con algunos términos y/o acentos diferenciales -propios y consecuentes- con sus concepciones antropológicas distintas, ambas convergen en señalar que la cosificación de las personas, es resultado de la consideración reduccionista del sujeto/persona humana, de su sometimiento a una lógica de poder externa y que redunda en un malestar psíquico/espiritual. 

En cuanto al imperativo postmodernista del hedonismo en todas sus formas y expresiones, podemos afirmar que desde la primer perspectiva, supone el repliegue en el lenguaje material y el vasallaje a los instintos que conduce a la deconstrucción de la subjetividad y/o a su desmantelamiento, en tanto renuncia a lo simbólico y al reconocimiento y valoración de lo humano. Por su parte, desde la segunda óptica esté fenómeno, implica la indiferencia o negación en relación a las cualidades irrenunciables de la dignidad humana, su unicidad y su totalidad, el entramparse en la satisfacción de necesidades básicas y menos álgidas anulando las posibilidades de autotrascendencia.

La cosificación es un fenómeno sostenido en el marco vincular, donde existe un sujeto al que le es empoderada su subjetividad y arrebatada su libertad incondicionada, en tanto que es considerado de manera parcial, desdibujado en su dignidad, quedando sometido a un uso instrumental. El subyugamiento al poder de otros, queda así emparentado con la segregación de las minorías más débiles y con el ejercicio de la irrenunciable responsabilidad, de autodistanciarnos y autodeterminarnos, en palabras simples, de decidir criteriosamente quién queremos ser para nosotros mismos y para los demás.”      

A través del cuerpo el ser humano desata, libera y declara su existencia. Hay libertad de venta y libertades de compra. Las leyes del mercado se exponen entre estanterías y vidrieras, esperando que seamos nosotros quienes actuemos como consumidores y productores de sentidos. Cada uno desde sus particularidades, identifica un mundo en si mismo a través de su reflejo en el espejo. Que ver, que buscar ver y que decidir ver en ese reflejo, es una elección personal que se anuda en el misterio emotivo de nuestras facetas más internas y privadas. Nadie puede saber los vastos detalles que se esconden al interno del cuerpo desnudo expuesto en la marquesina, entonces por qué criticar lo que se desconoce: el sujeto. Comprar en base al envase y señalar con el dedo son pecados cometidos a diario, prejuicios y liberaciones -supuestas o reales- son parte instaurada en nuestra dicotomía de seres pensantes y físicos. La percepción colectiva nos modifica, es cierto, pero también es cierto que nosotros -todos- la modificamos a ella.