POR AMOR AL ARTE

Letras Brunela Curcio

Atmo Pintura de Juliana Casali

Atmo Pintura Juliana Casali


¿Hasta qué punto la creatividad puede caer del alto pedestal donde el creativo la ha sublevado para luego negarse en la sutilidad de lo concreto? Crear es dar luz a un mundo propio allí donde el alma exige externalizarse. En este sentido, la frase: “por amor al arte” es una “máxima” diligente del problema actual de tantos creativos, artistas y profesionales del sector cultural e intelectual. Dedicarse a aquello que nos apasiona e interesa, en la mayor parte de los casos, implica estar dispuesto a trabajar -al menos inicialmente- sin honorarios fijos, o siendo consciente que es necesario conceder cierta disponibilidad y elasticidad en los pagos y cantidad de horas laborales.

Hablar de dinero es un pecado en términos de “por amor al arte” porque en general lo importante debe ser aquello que se hace y no lo que se obtiene por ello. Cuando la lamentable realidad, es que el alquiler sólo se paga con lo que se obtiene, no con la pasión que contiene el hacer lo que uno ama. La idea de resumir o contener la creatividad en términos monetarios es una característica infeliz que “casi” ningún creativo o profesional que trabaja en relación al campo, desea o puede realmente concebir (por lo menos en voz alta).

Londres es una ciudad que respira arte, creatividad, imaginación y stages o trabajos gratuitos -o del todo “flexibles”-. El ser un empleado “single”, vale a decir un freelance, es una realidad reincidente y en cierto modo rica de posibilidades. No se está atado a un escritorio de 9am a 6pm, por lo que las opciones de acción y horarios se potencializan en una manifestación de libertad propia de estos días; aunque por otro lado, estar perennemente atentos al correo, Whatsapp, mensajes o llamadas telefónicas (o a Skype), representan una dependencia que muy lejos de la real libertad, la atan y amordazan para que no pueda consolidarse. Y en el caso de la producción artística, podemos además, distinguir a la burocracia y los fondos, elementos necesarios para la efectivisación de ideas pero “burdos” cuando justamente éstos son quienes las limitan.

Sin duda, Londres un centro neurálgico de la cultura y el arte en su multiplicidad, donde artistas, músicos, actores, escritores, creadores, y por qué no, también productores, junto a una marea de distintos roles dentro de este mundo de para muchos “love-not easy profit”, se mueven y conmueven creando significados. Pero allí donde reside la autenticidad, los jueves por la noche también desfila “la moda del ser artista”, siendo éste un día apto para visitar galerías, disfrutar de la nuevas inauguraciones y hacer publicas relaciones. En el caso de los músicos, los sábados son días de bandas en vivo pero si eres “underground” un jueves es también un buen punto de inicio. En tanto, otros crean allí donde nadie los ve, para conectar con enunciados íntimos sin importar la mirada “crítica y sinuosa” de los saberes de eruditos que tantas veces pecan de soberbios y olvidan la emoción, motor válido y rico de cualquier tipo de expresión artística. La variété es amplia, y así también los trabajos que muchos hacen para sobrevivir y la cantidad de tiempo e inversión que se aventura en la creación.

Concentrados en crear, dando a esta ciudad su propio brillo, muchos subpagados y no obstante felices artífices de la amplia esfera cultural, siguen eligiendo pinceles, guitarras y plumas. Meditación, concentración, creación, manifestación, conexión y en el encuentro entre estos dos últimos fundar una razón para seguir adelante aún si no es fácil hacerlo. Por qué “por amor al arte” no puede ser sólo una declaración del amor a lo que uno hace y no un sinónimo de adaptabilidad si se desea vivir siendo quien se es, y no bajo cánones tales como “es el precio que hay que pagar” por ser quien se desea ser.

La historia conflictual y emotiva de la humanidad se hace evidente en las expresiones artísticas, entonces por qué no darles su auténtico valor en vez de justificar su existencia sin considerar las necesidades concretas (de alimentarse, tener un sitio donde vivir y la capacidad de comprar los materiales para poder seguir trabajando) de quien explora tal manifestación. Invertir en una mirada intima de nuestra historia es dar valor a quienes somos, a nuestra identidad, a nuestro ahora. El ser humano nace y crece para manifestarse; limitar su existencia a su utilidad en términos económicos no es más que recluir el innatismo que nos hace humanos.