SIEMPREVIVA

Letras Vita Salvatore |Hace rato que sé que la mina anda en algo. La conozco como si la hubiera parido. Monjita…

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Pintura Gustavo Andrés Quesada


El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’.
Jorge Luis Borges 1

Hace rato que sé que la mina anda en algo. La conozco como si la hubiera parido. Monjita nunca fue y además,” chasqueó la lengua y se sacó un pelito “la corneada le cabe al más pintado, Suárez. ¿O no?”.
Lo miró fiero como para aventar cualquier intento de respuesta. “Eso uno lo sabe por haberse pelao el culo en el estaño hasta que el día le lastima a uno los ojos”. Se sintió inspirado, un poeta, casi.
Pero, digo, antes, era más sumisa. De pendeja nunca le hizo falta, tenía un metejón bruto conmigo, pero, con el tiempo, una sacudida de cuando en cuando la metía en caja.”
La pausa larga fue para domar un ronquido flojo que le andaba provocando la garganta. ”Eso sí, la jeta no se la toqué jamás, por más caliente que estuviera.” Se aproximó, cómplice, al otro. “No le iba a estropear el juguetito. Aunque la cosa nunca pasó a mayores, usté ya sabe, la gayola no me cabe, y además, hay que cuidar la merca”.
Se mondó un diente y escupió un nudito de grasa de la soppressata. “No vamo’ a estar matando a la gallina de lo’ huevo’ de oro ¿O sí?” concluyó y empinó un fondito de garnacha.
Suárez contempló la lluvia dibujada en laberintos sobre el paño turbio de la claraboya. Entornó los ojos al pitar. La tarde se inclinaba, mojada y gris, sobre el empedrado. Un tren lejano dilataba su fatiga sobre un puente. Las durmientes rechinaron y Suárez suspiró, doliente, metafísico. El pie perfecto para que el Maestro se animara.
No es que a uno le guste estar buscando roña por cualquier huevada, ya estamos viejos, no jodamo’. Pero anoche algo pasó” aspiró una bocanada honda del aire saturado y miró, en la altura, las aspas del ventilador.
Suárez acercó la silla y acomodó los codos sobre el mármol fracturado para escuchar una confesión sentimental.
En la cama, usté perdone, la mina estaba alzada. Dormida y alzada, queloparió. Algo soñaba porque habló, se retorció dos o tres veces, como si no estuviera sola. En el sueño, digo”
Suárez alzó las cejas y el pibe de la barra les alcanzó otra vuelta.
Entonces ¿Sabe lo que hice? Le miré las tetas. Yo se las conozco tanto que ni la luz prendí. Eran dos rocas. Y sin tocar, mire lo que le digo. Sin meter mano. Le juro que tenía los pezones duros y sudados ¡A Papá!”
Suárez tragó, vertiginoso.
Algo se malició entre sueños porque abrió los ojos y, fijesé, Suárez, lo que es la fatalidá, se le ocurrió reírse. Me le fui al humo, era de esperarse, ¿O no? Ella me pedía por la madre, la muy hija de puta. Todo verso. Decíme quién es, le gritaba yo entre patada y viandazo”.
Nada, no era nada más que un sueño. Yo bailaba, bailaba un tango–
No me lo va a creer, Suárez, mormosa y todo como estaba, le brillaron las pupilas. Y me siguió hablando, extraviada, buscando el Sur con la mirada. El Sur, ¿Se da cuenta? Por algo era. Tenía una risa chiquita, alborotada ¿Cómo es que diría usté, Don Isidoro?” dudó como quien se juega a todo o nada, le penetró los ojos ciegos por la luz de un destello y finalmente, se animó a pronunciar: “Imponderable”.

Suárez decidió darse a la perplejidad sin comentario.

Desdoblado en un entrevero de fervor y espanto, el Maestro apuró la confidencia.
Después vino lo peor. Lo que siguió me dejó tieso, desahuciado.”
Yo estaba en el desierto, no, acaso fuera la llanura, ese desierto de hierba innumerable–.
Si, Suárez, dijo hierba
una hierba verde y fresca humedeciéndome los pies desnudos–
Créame, Suárez, que lo dijo así”.
Y el campo era ancho, riguroso, como en el Sur. Recorrí el sendero fresco hasta un jardín de flores amarillas bifurcadas al frente de una pulpería–
Le juro por ésta, Suárez, que ese putón patrio parecía una santa, porque se quedó mirando, así, a lo lejos, y entendí, no sé cómo, que nada la importaba más que el sueño”.
Don Borge apareció de contraluz y pensé que era Dios, pero no era, él mismo me lo dijo. Recuerdo que me mostró un espejo y me miré enseguida. Me vi nueva, inmortal, inmarcesible–
Y se le escapó una lágrima, Suárez, sin camelo. Yo quería preguntarle por el punto pero me di cuenta que era inútil”.
Entonces me hizo entrar. Todos bailaban. El tango era incesante, circular, serpenteado de piernas y de ochos. El ocho me gustó, y se lo dije. Don Borge se alegró: me confió que era la cifra eterna. Fue en ese instante infinito que lo vi y supe que era Ricardo. “Báilense un tango” autorizó Don Borge “por la eternidad, que es el tejido inefable de los sueños”–
Apuró un último trago esquivo del garnacha. “Flor de guachada, Suárez, después de veinte años de cincharla juntos”.

Suárez no contestó, porque no cabía respuesta.

La luz breve de un farol encendía la hondura de la noche. Suárez y el Maestro prolongaron la marcha sobre el empedrado reluciente de lluvia y de reflejos.
El tiempo se hacía sentir, inexorable, en las sienes y en los huesos.
La llevé alzada, en los brazo’, digo, porque se me desmayó, ahí nomás. Cuando juntaba unas cosas para el hospital, ¿A que no sabe?”.
Suárez seguía con la vista torpe el horizonte lánguido sobre el riachuelo.
Tenía todos estos libros” –los mostró, a pesar de él, abultándole el cinto– “Y claro, se me volvió loca, se ve. Leía a escondidas. Ahora me explico estos años de malaria. En vez de laburar la calle, la señora. Una traición así, después de veinte años”. Una ráfaga helada le humedeció los ojos. “Es criminal”.
Volvió a mirar la altura, como antes en el bar. “Mire si estaré jodido que siento todo el tiempo un puñal aquí, en el bobo”. Se arropó el pecho con la mano del castigo. “¿Qué ganó, eh? Yo acá, sin destino, hecho un paria y ella allá, viviendo apenas, con respiración artificial”
Isidoro Suárez chasqueó la lengua disimulando una risita cáustica “¿Respiración artificial?” diestro con el bastón, sorteó un tropiezo en una alcantarilla y agregó:
¡Qué tiempo espurio, carajo! Cualquier pendolista atrabiliario encuentra su Otro en el Otro ajeno”.
Y, sí.” filosofó el Maestro.

Notas bibliográficas
1- Frases y Citas – http://akifrases.com