SUD–AKA (Una larga nouvelle)

Texto  Viviana Lombardi

GUSTAVO AKAMURA - SUDAKA - BORDE DIN

Los días de convalecencia eran predecibles. Julianne,  su presencia de santa benefactora,  la buena comida que le ofrecería,  los diarios que compraría ajustando su presupuesto de empleada de tienda,  los cuidados intensivos en las curaciones que ella discutiría en detalle con los médicos para darle eficacia a su cruzada de recuperación.
Nunca antes le había cedido Aka tanto terreno en su espacio.  El caleidoscopio se había activado de un golpe y el sistema se había transfigurado.
“Pero – pensó Aka –  transfiguración no es transmutación”.
Y se odió por su ingratitud para con esa criatura destinada a portar vida sin escamoteos,  como quien porta un cántaro con la savia sanadora de todos los males.
Siempre le había molestado la extrema inocencia de Julianne,  su capacidad infinita de compasión,   su entrega al bien absoluto. Más aún porque nunca había descubierto en sus actos ningún atisbo de impostura,  ningún reclamo,  sólo una beatífica capacidad de nutrir a la existencia propia y de los otros con una alegría pregenética.
“La memoria genética de Julianne no ha registrado el Apocalipsis.” Río para sí.
“Tengo que tomar una decisión ética. ¿Tengo que tomar una decisión ética? “
Aka escalaba dolorosamente los peldaños de los cinco pisos que lo conducirían a su departamento.  Julianne lo sostenía con una fuerza portentosa para su cuerpo endeble de mujer.
“La fuerza de la vida.”
Aka se rió del cliché que nunca escribiría en ningún texto,  que Dahlman habría pulverizado con una mirada,  cuando lo sorprendía leyéndole la mente en la vigilia de las madrugadas o en las afiebradas tardes de solipsismo y desencanto.
“Ya vendrá, Dahlman, a implorar  remedio a su falta, como yo debo prosternarme ante las aguas avasallantes de Julianne. Ya tendrá su maremoto. Ya lo inundaré cuando se esté asfixiando, como yo, con el aire corrompido de los tiempos, como un náufrago  en una salina,  ese laberinto inagotable de la memoria seca de la vida.  El agua,  Dahlman,  siempre gana.  Siempre;  el  agua.”

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Llegaron y Julianne lo acostó en la cama tibia y muelle como el cuerpo de ella.  Le había limpiado la casa de todas las suciedades, quizás, de todos los recuerdos.
El nuevo diseño del caleidoscopio brillaba  con la ingenuidad de tonos tersos,  apaciguadores.
“¿Dónde metiste a mis espectros?” Aka quiso preguntar.  Pero se privó por cordura,  por cortesía,  acaso.  Julianne estaba feliz.
“No hay derecho –  pensó Aka –   a robarle una leyenda a alguien tan noble”.
No quiso comer pero alabó el olor tentador del guiso y dijo que más tarde lo probaría. Que se sentía un poco fatigado.
Los ojos abiertos de Julianne, más profundos – ¿Más sabios? – de lo que Aka jamás había advertido,  le sonrieron.
“Esto no va a durar toda tu vida,  no tengas tanto miedo”.  Julianne estaba tan serena que le dio vergüenza.
“Sólo que entiendo cuánto te cuesta pedir lo que pienso que te hace falta”.
Volvió a sonreír,  esta vez con los labios rosados y pequeños.
“Y no intento cobrarte nada. Cada cual actúa a su manera. Ésta es la mía.”
Lo arropó porque advirtió que temblaba y le besó la frente.
Y Aka dejó que se le humedecieran los ojos y aún así pudo sostenerle la mirada.

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Decidió que en los tiempos de quietud revisaría todos los recuerdos.  Haría un archivo minucioso de cada una de sus apariciones,  del nivel de realidad que reclamaban,  de la ilusión de verdad que sus historias requerían.
Entonces se descubrió sabiendo que su convalecencia sería eterna, hasta el fin último.  Curiosamente,  esa certeza lo alivió.
Ya había eliminado al tiempo como factor acuciante. Era un poco más libre que antes. Ya no lo atizaba la premura, sólo el reclamo biológico de la carne, la verdad desnuda que se presenta sin preámbulos ni modales,  la ley inefable que llamamos caos.
Dudó de pedir un cuaderno de notas.  Dudó de levantarse una vez por día y registrar historias en la computadora.  Dudó tanto que se entregó a la duda.
Morir ¨– dormir –  Dormir .Tal vez soñar “.
No tenía ni más ni menos urgencia que el Príncipe.
Ergo,  soy el Príncipe.”
Dahlman lo miró desde un ángulo del cuarto.
“No Dahlman,  no soy Shakespeare,  mal que le pese.  Esta vez,  elijo yo.”   Cerró los ojos y se entregó,  quién sabe a qué.

Espacio y tiempo de la ficción poética

……………….le……
…………………..parole..…………
 ……………………….sono………………………..
            ……………………..pietre……………………………………….
                                                          pietre…….. nere…………………………….¨

“Lo temible al subir la escalera no era el dolor sino sentir los escalones desvanecerse en cada pisada., Dahlman. La sensación de pérdida en el cuerpo es intolerable. No se si  usted se habría animado a tanto. Y por favor no me venga con polémicas lingüísticas. Hoy no estoy en vena”.
Respiró hondo al recordar el esforzado episodio.
“Tengo que despertar y encontrar algo real que me sostenga. Comer no me interesa. El sol en la cara no me alcanza. No deseo sentir la piel. Tengo que ceder a alguna realidad posible; ayúdeme. Es una orden”–. Esperó, y fracasó.
“Váyase,  Dahlman,  me perturba.”
Abrió los ojos con dificultad.  Julianne le había dejado algunos diarios.
“Crímenes. Bien.  La mejor realidad posible,  quizás la única.”
Se sentó en la cama con un vigor excesivo. Ya sabía qué hacer,  al menos, inmediatamente.
“Ser y parecer. ¿Cuándo es que el corazón se hace de piedra? Nunca somos lo que parecemos.
Abrió un diario a oscuras por pura cábala de entregarse a lo imponderable y mirar al abismo que nos indaga el alma.
“Como el Príncipe – se burló:
¨I am Hamlet, the Dane¨.
El académico acepta al bárbaro. La identidad como profecía y destino.  Nunca antes,  nunca después.
En el foso de la dueña de las flores. Prematura ninfa malograda. Víctima eterna del ambiguo discurso amoroso. La Mujer Burlada. Como Mariana” –se alarmó con el descubrimiento. Tomó  una libretita y anotó la idea, como para exorcizarla.

Lo reabrió al azar, agitado,  dispuesto a leer la obscenidad del día.
“Titulares: fraude inicial. ¨ Horrendo crimen pasional en L´Alsace¨.  “¿No son pasionales todos los crímenes? “

La mujer salió al bosque cercano con la ropa destrozada,  desnudada por la violencia y el ensañamiento del perseguidor.¨

El epígrafe acrisolado para que el lector no se fugue, clavándolo a la oferta del morbo.

 “La hermosa y joven esposa de un respetado funcionario…….”

¿No hay un chispazo de lujuria en esos ojos azules, glaciales y extraviados? (Yo no soy un vulgar asesino,  pero, quelquefois, hasta la gente decente se pierde.)  – Veamos por qué un hombre íntegro perdió el control de una existencia insigne”

.……………………muerta en equívocas circunstancias”

¡Las circunstancias son retazos de una trama ergo son siempre equívocas!

Constan especulaciones sobre la intervención del esposo en el delito.”

Al hombre honorable se le excusará cuanto antes el fundado extravío de la razón. Y nuestra heroína seguirá bien muerta,  desapasionada y fría como el cronista que procura ganarse un ascenso.
Amarillismo, fórmula infalible. La transferencia del texto al tono macabro: unheimlich,   kitsch onírico,  premio Pulitzer,  una vida prescindible desplazada del cotidiano al trono de la escena trágica al menos por una semana.  Hasta que el jefe de redacción levante el pulgar y el director de la corporación recuerde que el gordito de anteojos a quien le tiende una mano distraída en la comida de fin de año responde a mi nombre completo. Lograr que ese dinosaurio reconozca mi capacidad de despedazar todas las leyes del decoro para vender la intimidad como mercancía.
Une vraie révolution informative

Mi vida ha sido siempre una trampa mortal  ¨dijo (melo) dramáticamente la víctima momentos antes de morir. (Y las otras vidas ¿qué?  ¡Ma petite poupée!) “La consternación dejó a los presentes paralizados ante el crimen que acababan de presenciar sin haber atinado a impedir”

¿La petite habría ideado un nuevo estilo de desencanto? ¿No se llamará…….?

Mme. Emma Deschevalles – De la Croix Chapelain atinó a entregar a su pequeño Étienne a los brazos de su doméstica, la española María de los Amparos García”

(qué fiesta, Jacques, qué fiesta)
¿Seguirán las exóticas ensoñaciones burguesas?

“Monsieur Charles Rodolphe (¡NOOOOO!!) De la Croix Chapelain fue capturado instantes después en un claro de la foresta,  portando el arma homicida,  aún caliente.

¿Monsieur De la Croix Chapelain  o  el arma  o ambos?
Chaude.  Pas chaud: el arma.
“¿El remate ficcionalizado de la moribunda?

Notre vie a été seulement une trêve pendant la guerre éternelle“  Ni mención de Michel…….. ¡Ladrón de sepulcros!

Estaba desmayado de placer. Reía como un loco como nunca lúcido.  Punzante,  el apetito de vida lo impulsó a la cocina primorosa y surtida que las manos de Julianne habían transformado en una fuente de energía.  Gritó,  casi. “Et voilà, une omelette”.
El timbre sonó agudo como una alarma. El licor había hecho estragos en la cara de Aka cuando abrió sin recelo ni expectativa.
Los señores doctores de Sanidad.
Et voici  l¨institution”.

El señor psiquiatra y la señorita psicóloga.
No pensaba montar ninguna escena.–
“¿Quién puede entender que alguien sea demasiado japonés para ser argentino y demasiado argentino para ser japonés? Y que la soledad es la certeza de que duele estar acompañado pero estar solo demuele el cuerpo como una enfermedad incurable.
Que hay que ser contemplativo con el Sapo Saporiti, que es victimario y víctima y aceptarse disoluto para Sayuri con lo cual la única perspectiva de avance es disolverse, o mejor aun, disiparse como una estructura que se aleja sabiamente del equilibrio hacia el desequilibrio en una epopeya celebratoria de la naturaleza,  ésa que no se puede capturar en un bonsái.

¿Pueden explicárseles a los señores doctores de Sanidad del Trabajo estas cuestiones si uno necesita trabajar para comer? ¿Puede algo ser explicado?”

Aka ensayaba mentalmente textos cortos y convincentes.

”Señores,  mi madre siempre dijo que soy un tipo disipado.” – Decidió que era mejor esperar en silencio.
Ergo  sólo disipo,  sin pena ni gloria,  pero disipo sin culpa. Es un mandato materno.
Y ustedes de eso algo entienden” – Eligió no hablar.

La situación se estaba tornando incómoda. Los invitó a sentarse con un gesto.  Los dos negaron con la cabeza al unísono.
“Hansel y Gretel” – pensó  Aka y reprimió una carcajada.

Los facultativos observaban todo con la inquietante mirada policíaca que tienen los extraños en una casa desconocida.
“¿Estarán en orden las facultades de los facultativos?” –
De verdad parecían bastante extraviados,  démosle crédito a nuestro héroe.

 “¿Messieursdames?” –  dijo, por fin.

 “Vinimos a darle el alta”.
Hansel habló primero.
“No sin antes hacerle algunas preguntas.”
Gretel estuvo a cargo de la acotación  de allí en más.
Sacó una libretita forrada en un papel horrible. – “¿Flor de lis?” –  Aka reprimió la risa que le cosquilleaba en la garganta nauseosa. Mademoiselle la doctoresse miraba de soslayo el diario abierto en la crónica del crimen de la semana.
“Bien, va a haber que bancarse el lugar común en sin fin. Se va a poner seductoramente inquisitiva, preguntitas conducentes con el previsible tono de pericia, el mamarracho institucional hasta las últimas consecuencias” –
La voz de ella era,  efectivamente,  sensual, pero no logró seducir al  interlocutor.
“¿Qué edad tiene?”
.Aka la miró a los ojos. Ella enrojeció. No era fea.
“¿Qué edad me da?”. – un argentinazo puro que sólo él celebró para sí.
Mademoiselle consideró oportuno no ceder.
“No es cuestión.  Contésteme, por favor.”
Aka decidió arremeter sin piedad.
“¿Le digo mi nombre primero?”– dijo, jocoso.
(“Ja, contame a mí de interrogatorios”).

Hansel se inquietó levemente. Se le ladeó la boca con un gesto de brusca irritación. Monsieur le docteur intervino en salvaguarda del método.
“Lo mismo da, antes o después. Sólo conteste.”
La voz de él no era suave.  Aka no iba a tolerar un apriete.  No en su espacio.  No en esa casa de cartón donde vivir de prestado que había elegido.

“Me llamo Gustavo Akamura. Tengo…….
(“Pi pi pi  tres catorce dieciséis diga Pi…..señal de baja vibración. Tranquilo. Presión en la nuca.  Estasis. Ya llega,  la curva máxima y luego salgo en galope al desequilibrio. No debo bifurcar ahora. Escriba cien veces Akamura.  Prolijo,  Akamura,  prolijo y sobre el renglón de la pizarra. Está torciendo la letra hacia arriba Akamura ¡Qué es eso! ¿Una hilera de hormigas escalando el Aconcagua? Somos todos hormigas, estúpida.  Pero no podemos escalar. Pi,  pi,  tres catorce dieciséis. “Diga dieciséis.”¨)

 Las tetas de Gretel suspiraron sin censura.  Hansel se rascó la nariz.
(“La  Pisani.  Pi. Piiiiiiii……Presión en las sienes. No me vas a  echar a la mazmorra, no soy un huron. No soy tu hurón. Nunca morirías por haber perdido la inocencia, perra. Ofelia,  Mariana, Julianne, todas te quedan grandes. Qué hacés parapetada detrás de un protozoo mofletudo. Fin del ciclo. Estasis. Voy a disipar, inevitablemente. Pi, pi, piiiiii…”Te quiero matar, yegua.”)
–“Bi-polaridad.  In extremis. Reminiscencia del régimen dominante que ya entró en su ciclo de extinción “–
(“No me vas a mortificar, necia.  El único tormento que consiento es el del lenguaje.  A callar,  cretina. ¿Cómo te explico que me lo dictan todo?  Que no es mío. Que nada es de nadie. Nothing comes from nothing.  Somos todos ciegos asistiendo a un suicida loco vociferando sobre un montecito”.)
Se sonó la nariz con un repasador de cocina.
(”Ese payaso a quien le succionás el culo es menos que Pescado–Piscator. Adelante hálito del verbo infinito que el protozoo no oye. Tu gnomo arrogante es sordo congénito. Vibración, ayudame. Me mira con curiosidad. ¿O es miedo? Marta Pisani, usted nos delató. Te arranco la lengua,  puta”)

Gretel suspiró.  Acaso era un ruego.
“Soy serpiente de fuego.  Calcule.”
(“Presión en las sienes, fortísima. O disipo o reviento. Entropía, nene. Me estoy comiendo mis mejores vibraciones. Bajo. Contra-bajo. Recontrabajo. Trabajo.  Necesitás comer,  Aka.”)
El gnomo tosía,  Gretel arremetía.
(“Un  duelo, un lindo entrevero de poncho y faca. ¿Los ve Dahlman?  Ella decidió acotar  de por  vida.  Vas a decir algo……. me vas a provocar,  perra.  Te veo venir.  No te tengo miedo.  Ni a las Emmas  le llegás a los talones.  Por lo menos esa histérica se ocupó de reencarnar en  L´Alsace para que de una vez por todas el sádico anal del marido la mate y terminemos con la gansada del epítome del naturalismo y el golpe al romanticismo, bla, bla, bla. Mi tocayo era un onanista burgués ¿Me captás? Dilapidaba el tiempo que le pagaban la amante y la mamá, el muy boludo. – No es serio, Gustave, aprovecho para decírtelo. Perdoname, Papaíto,  estoy en apuros.  Va a hablar.  La cretina está por decir nada”).

“¿Usted está empeñado en que lo encerremos, no?”
– Pausa insignificativa. Acaso la perorata acabara allí. –
“Es que prefiere vivir confinado a tener que afrontar la vida de un refugiado pobre y con conflictos de identidad.”
– Pausa recontra insignificativa.

(‘Hice bien en mentirte el signo para que imagines que tengo un miembro incandescente y hacerte bien el coco. Vida, vida,  te amo. ¡Cuánto puede ayudar un subnormal si lo dejamos solo con su discurso unívoco!  Gracias, madrecita inspiración. Ahora pongo cara de angustia dos.  Para vos,  facultativita desfacultada”)

“Lo percibo en su mirada,  Akamura”.
(“Voy bien, voy bien. Transición rápida a cuatro cuando complete fase tres. Leve, para no violentar “)

 “El doctor y yo hemos discutido su caso,  no crea.”
(“No, no creo. ¿Pasaré ahora a cinco, o espero? No apurar. ¡A ver si me pescan el atractor extraño!  Estasis en cuatro; luego leve vaivén. Péndulo. Piano. Pianissimo. Esta gente adora el péndulo”¨)

“Y hemos concluido,  Akamura,  que su estado psicofísico le permite retomar sus actividades normales…”
(“¿Estoy oyendo bien?  ¡Normales!.  Estamos ganando,  madrecita. Mejor no pasar a cinco a menos que estos microcéfalos pretendan inaugurar Il pensiero divergente.  No,  lo van a  intentar cuando presenten mi caso en la Asociación de Psiquiatría. Yo no soy más que el paciente. Tranquilos, madre. Sosteneme la mano. Fuerte.  Apretame fuerte.  Hoy ganamos.”)

…….”en un lapso no mayor de un mes.”
(“Ahora sí,  angustia pasa a inicio de fase cinco”).

 “Lo siento,  Akamura.  Es todo lo que podemos hacer.  Firme acá,  Akamura.”
(“Ahora agarro la lapicera con gesto de inestabilidad.  Debo expresar incertidumbre. Sin saturar.  El vacío los enloquece. Desasosiego domesticado: No tengo agua caliente, como salteado, voy caminando al trabajo para ahorrarme el transporte. Etcétera y demás.  Finalmente, tomo la lapicera. ¡Es carísima,  putita! Y la miro. Diez segundos. No. Mejor cinco. Y luego, con un leve temblor parkinsoniano ¡No saturar! Bah, qué les importa. Soy sólo el paciente. Por  las dudas, que sea leve.  Imperceptible,  para que ella crea que lo descubre por su sagacidad. Pero ya no se va a echar atrás.  Ya bajó línea científica. ¿Y su honor? ¿Dónde quedaría su honor para ganarse el ascenso que le viene prometiendo el mofletudo cuando le soba el ganso? Temblor y firma garabato. Allá vamos, madrecita”).

 “Gracias,  Akamura.  Veo que comprende nuestro punto de vista.”
(¨”Hacete la buena, yegua. ¿Y si me hago el langa y le digo que soy tigre y que por coquetería me quité tres años?  Noooooo. Ni palabra. Silencio igual salud”)

“Bien, Akamura. Cualquier cosa,  estamos a su disposición en el hospital de día de la institución. Buenos días.”
(“¡Y vaya si lo son!”)

 Salieron como entraron.  Dos cuerpos ocupando la desmateria.
“Adelante,  espectros. Ya podemos celebrar”.

Vibración de disipación registrada

“Hipótesis: la presencia de materia tóxica produce reactividad de la desmateria. Necesidad de anclaje. El lenguaje es el anclaje – suena a verso –…….Leer a los inmortales. Inventarme algún orden. Abro…… una primera página al azar…… Método. Método.  Llamarse Persona. Y ser poeta. Es tener que hablar siempre sólo para uno mismo.  Mandarse cartas y contestárselas. ¿Qué tal si me escribo palabras bellas? Ya están los diarios y los reaccionarios para las consignas amenazantes. Si todo lo pudren, habrá que purificar. “Sólo se es moral después de la desdicha”
¿O será la desgracia? Desgracia. La dicha es una vanidad del pathos romántico. Des – dicha.  Habrá que des-decir. La lluvia de palabras oblicuas que empapa a una persona llamada Persona la pigmenta ontológicamente.  Agua,  lluvia,  mar o estanque. Y no pasé ni a la segunda página.
La complejidad del azar sigue al comando……. lluvia…estanque…..río…lago……agua… que me  sostenga en su liviandad portentosa; que me acune en su regazo.  La vibración subió o yo estoy siendo optimista. ¿Qué tal si dormimos un poco y sosegamos lo insosegable y bifurcamos sin sentirlo?”…… “

Sonó el timbre.  No estaba seguro de querer abrir.  Dirigirse a la puerta era subirse a la escalera.  Los escalones podrían caer con precipitación vertiginosa.  Se abrirían  las fauces de la ballena.
El sonido insistió.  Aka quedó demudado,  el libro abierto, los apuntes desperdigados.  Miró al azar la tercera página.  Estaba en blanco.
Aka, êtes-vous ?

La preocupación de Julianne se hizo más aguda que el tintineo de la campanilla.  Aka escuchó los golpes de puño sobre la madera  Una lluvia espesa se desgranó como un puñado de arena sobre los techos. “El agua”.  Aka se levantó,  sorteó los escalones y saltó al rellano como un tigre.  Finalmente,  abrió.
“La vida inventa sin tregua. La red de impulsos eléctricos se trama y se destrama sin voluntad previsible. Ya no se trata de caos y   u orden.  Se trata de novedad.  Evangelio perpetuo. La que está frente a mí no es ni _ y  será Julianne.  Sigue siendo mientras ya no es. Muerte al dogma. La incertidumbre al Poder. Lo único permanente es el cambio. Y el cambio es también simulacro, ilusión de la copia. Cuando lo veamos hecho carne,  desapareceremos – por mirarle la cara a Dios –
La voy a besar por primera vez……la voy a abrazar con mi brazo renacido y comprenderemos sin hablarnos…..”
Julianne no se sorprendió,  quién sabe por qué.

(La hora ¿Habrá llegado?)

¨ It will be short:  the interim is mine; and a man’s life’s no more than to say One

“Sea,  la vida no es más que decir Uno. Fin de la especularidad. Los espejos se hicieron para ser quebrados. ¿Me oye Dahlman? Para que el calidoscopio se haga vehículo de la disipación. Los opuestos se aparean para arrojarse a la complejidad. Como los torbellinos de tu agua oblicua, Persona.”
Un respingo del corazón le sucedió al nombrar a un alma gemela.  Retomó aliento descubriendo que había hablado. Había sido escuchado. Y que Julianne estaba allí,  comprendiendo.
“Voy a tratar de dejar atrás al cretino que soy, Julianne”.
Ella no sonrió.  Nunca había sido una criatura previsible.
“Qué suerte el descubrirlo.”

hexámetro carmesí

cien años luz de torpes ángeles perdidos nos abandonan con un susurro que se ausenta mojando de llanto el cauce de la noche seca y en el torrente se pierde la esperanza de recobrar la luz en la tiniebla y el rumor del soplo numen que todo lo genera cuando el espectro de la galaxia nueva aguarda y la emanación de la primicia engendra nuevos mundos para parir los seres nuevos que hablarán hoy voces eclipsadas que añoraré cuando exista sin memoria ni presagio del alba y desnudo una vez más me entregue a la cruda creación de la materia como un pájaro que aún no ha recibido la bendición del ala el aliento del ánima el arma oblicua del ojo la silva madre del fluir magnético del canto la débil defensa de la garra incapaz de capturar  las briznas de la lluvia entre los dedos y al sol como una moneda de oro entibiándole la palma.

Por  primera vez la escritura se hacía materia sin demandarle el dolor.  El brazo lastimado de lucha se deslizaba sobre la página en blanco con la precisión de un ave en vuelo hacia la libertad. La urgencia del impulso erótico era ya un acto irreversible.
“La incertidumbre genera coraje. La inseguridad fabrica cobardía”
.Se fue a dormir con la satisfacción de merecer descanso.  Los sueños ya no serían pesadillas. El precipicio se convirtió en lecho.
“¿Quién es autor de mis sueños?” Se preguntó.
En la cerrazón de la vigilia prematura no encontró respuesta.
Se volvió sobre su cuerpo y se adentró en el sueño con la emoción del deber cumplido.

 

 

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