SUD–AKA (Una larga nouvelle)

Texto  Viviana Lombardi

 CRIPTOGRAMA ORIGINAL

“La escena siguiente es imaginaria”

Aka interviene en su novela ya que sólo en la novela una vida se completa.

…….¨ Le dur désir de durer¨ se hacía sentir junto al cuerpo vigoroso de Iván a la derecha y el anhelo de Puppi a la izquierda.
Contemplábamos el espectáculo de la pampa enmarcando la precariedad del trofeo Akamura.
Puppi se había autoerigido en sacerdotisa sin pedirlo ni nombrarlo.
En una mano sostenía un mazo del tarot. En la otra, un pergamino adúlteramente arcano con cuatro pictogramas en tinta china roja grabados con el primor de un encaje.
Puppi era hechiceramente oscura cuando la locura la hacía hermética.

Leyó, entonces, con indecibles tonos cautos: Fuego sobre viento: cincuenta y uno. El altar del sacrificio. Agua de un estanque sobre cielo: cuarenta y tres. La decisión.   Cielo sobre trueno: veinticinco. La inocencia. Agua de estanque sobre trueno: diecisiete. La continuidad.”
La frente se le iluminó de empeño: “cincuenta y uno más cuarenta y tres más veinticinco más diecisiete suman ciento treinta y seis que reducidos dan diez: La Rueda de la Fortuna y reducido a su mínima expresión, uno: El Mago¨…….

Antes de arrimar leña evalué la sequedad del rancho de madera y paja. El gomero azul había subsistido raquítico y canceroso. Era un viejo indigno en su horripilancia y digno en su determinación. ¿Qué hacer con él,  el único cadáver familiar que ardería en la pira catártica? Respetar su destino. Sólo él podría decidir si debía arrojarse al fuego. Si entregaría su savia en un crujir de hojas aún vivientes.
El ritual no aceptaría artificios. Habría que consumarlo siguiendo la consigna: el fuego sobre el viento haría que el agua estanca del pasado congelado en la memoria se entregara al escándalo del sacrificio con la inocencia de un cielo que engendra el rayo destructor para sumarse a la vigorosa furia de los elementos y entrar en el fluir de la continuidad.

“Nada es tan suficiente como el fuego.”
        七〆   𠀗ミ九 ミ〰^^ ハ〆 ʎ       ミ〆ʎ

La  tonalidad de Puppi  cobró el mismo naranja intenso de las llamas.

 “Si fuésemos de fuego no necesitaríamos pensar en la eternidad”
         ㇻミ    ウミ ウ〆ʎ ミミ   ^^   ʎ 丹ウ

El color de la voz se esfumaba entre las cenizas que alcanzaban las alturas
          Я    ᎮᏗ  ʎ  ^     ⼅〰^^ ʎ  

Iván había estado silencioso,  como acallando emociones. El resplandor le alcanzaba el perfil izquierdo marcándolo en su chiaroscuro
          ㇻミ   ʎʎʎ ʎʎ    〰〆ʎ    丹ミʎ  ǫ ʎ
          Я  ǫ  ^^ʎ    ⼅ミ ʎ  ǫ ǫ 

¿“Así que creés en Dios?”
           Я〆ハ〆⼅ 丹⼅ ǫ 丹ミ^v ʎ
            ウʎǫ ǫ⼅九 ^^ v ミ〆⼅⼅丹ʎ

Me detuve en admirar un reflejo rojizo sobre su pómulo.
           ǫǫ    ʎ ⼅〆ǫ  ǫ  , ^^⼅九   ǫ  ʎ ʎ  ǫ ʎ  , , ʎ  ǫ   ʎvᎮᏗ ǫ 

 “No como en una leyenda que consienta la apatía ante el dolor humano”
           Я  ^^ʎ vʎ ^^ ⼅丹     ǫ  ウ〆ʎ ^⼅丹ǫ ʎ   ǫᏗᎮᏗ

 “Entonces tu Dios es un paladín de la ética”
           Я  丹ミ ǫ ǫʎ     ǫ ǫ   ǫ ^^ミウ 

“No me lo imagino ni descriptible ni prodigioso.”
          上ʎǫ , ǫǫ ^^, ʎ v ʎ ʎ  ǫ    ʎǫ v ǫʎ ^^ʎ  ⼅丹ǫ 

“¿Para qué honrar la memoria de tus antepasados si no hay un Dios que nos mira? ¨
           Я  ǫʎ    ミミ   ǫ v ǫ ʎ  ǫ 丹ミ〆ハ〆

“Porque el concebir dioses vigilantes me parece un rasgo de necedad ética”
           ㇻミ  ǫ ^^    ǫ  丹ミ  丹ウ    ミウミ ǫ

“Me alcanza con conservar a mis padres vivos en el corazón y porque”…………….una voluta de cenizas aromáticas nos distrajo un instante………………….
           Я      ʎ  ǫ 丹ミ    ʎ vv   ǫ   丹ミ ⼅ウミ丹ǫʎ

“A menudo la religión le roba escrituras…. – sonreí saludando a Dahlman en privado – a la literatura fantástica.”
           Яʎ 丹ミ  ㆪㆧ  ǫ ʎ   ^^ ^
           Ꮧǫ    ⼅丹 ǫ   ǫ  丹ミ   ʎ⼅丹   ʎ⼅丹  ミ〆⼅⼅丹ʎ ⼅〠    

          丹ミ  ǫ⼅〆    ⼅丹ǫ ʎ    ʎ  ^^ǫ  ǫ

El ritual del fuego se apropió del esplendor hasta vencer toda intención mundana.
Observamos atentos los tres, tomados de la mano, sin necesitar de las palabras: una íntima trinidad humana elogiando lo inefable es una imagen sonora.

Dejemos entonces esto así   – Vʎ  ǫ ǫ ǫ      – los elementos siempre tienen…. una única…………
             Я  vᎮᏗ  ꝇ^^Ꝭ  ǫ 
^^⼅九   ǫ  ^^ 〰ミ^^    ǫ  丹ミǫ^⼅〆 〰〆ʎ ^^ ミ〆
Ꝫ    vv ǫ  x      ǫ ^  x ʎ  ǫ
Última… Ꝫ    vv ǫ  x      ǫ ^  x ʎ  ǫ   ………
             Я  Ꝫ  ^^ꝪᎮᏗ    ⼅ミ ǫ  ^^ʎ    …………..palabra……

    ʎǫᎮᏗ  ウミ    〰ミ^^ v ʎ      ʎǫ 

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Verosímil de una regia escena real a incluir en mi novela.

“¿Vos creés que se puede amar a  Dios?”

Estaban juntos los tres e Iván era otro. Por esa alquimia natural de ser en relación a otros, representaba su personaje habitual ante la mirada ajena.
Y precisamente en las miradas se hacia muy notorio que la trinidad más que aclarar oscurece porque abarca al éxtasis del erotismo trágico.
De modo tal que el chico era otro que no era el Iván de Puppi ni el Iván de Aka.
Ninguno de sus dos interlocutores entendió a quién se dirigía la pregunta.
Se podría sospechar que estaba dirigida a su madre – después de todo su único vínculo sanguíneo comprobado con quien compartir la metafísica – pero, nunca se sabe.
Nadie estaba en ánimo de tomar riesgos así que los mayores se limitaron a intensificar la firmeza de la mirada hacia el chico.
La réplica fue sostenerle la mirada a Aka. Resultó.

“No puedo darle una respuesta emocional a una entelequia.”
“¿Siempre sos tan complicado para contestar por sí o por no?”

Aka se rió con ganas y Puppi sonrió con los ojos.

“Quiero decir que no puedo exigirle a un pobre cristo que me mire, me cuide, me proteja, me aleje del mal y me prometa que mi alma es tan pura que merece el paraíso, tan imperfecta que merece el purgatorio o tan vil que merece el infierno”
“Y……. ¿Qué hacés cuando estás desesperado?”
“Lo primero, aguantármelo. Y después que se me pasó el ataque de soberbia y la pretensión de trascendencia y cambio me pregunto por qué me molesta no trascender y no lograr el cambio”
“¿Y por qué te molesta?”
“Porque nadie se conforma con su pequeña vida que pertenece a un gran esquema que no tiene otra lógica que la de ser un misterio.”
“Y ese gran esquema ¿Quién lo origina?”
“Se necesita de tal manera la existencia de un dios a quien parecernos que me preguntás quién. Ése es, para mí,  el enigma”
“Entonces no creés en nada.”

Aka pensó largamente.
“No creo que la creación me haya prometido la respuesta.”
De pronto Iván se mostró apasionado.
“Conozco gente que se decía atea y ahora vuelve a la religión.”
Puppi no se privó de incidir:
“Supongo que estás hablando de tu padre.”
Iván la miró burlón.
“¿Te hago la pregunta?”
Puppi también se permitió molestarse.
“No seas insolente.”
Iván la tomó la mano y se la besó.
“¡Madre, cuando estás furiosa te ponés tan linda!”
Aka sintió que el triángulo se deshacía. Calló más por fastidio que por prudencia.
“No soy insolente, soy directo.”
“Tenés razón. Soy una estúpida.”
“No te imaginás cómo me gustaría evitar el melodrama fácil.” – si, Iván era otro.
Puppi sintió que ya no era sólo su hijo. Ya no era de nadie.
“Nos mentimos tanto que acabamos por pensar que la verdad es sólo un fenómeno sobrenatural”
Iván le regaló a Aka una mirada agradecida.
“Éso que dijiste  sí  me parece genial.”
“¡Dios mío!”  Puppi decidió introducir al sentido común.
“Yo me voy a pedir un dry martini. ¿Ustedes?”
Bebieron y disfrutaron y contaron chistes y el encuentro se orientó hacia la alegría.
Por suerte la vida de Puppi había sobrevolado la fase del amor burgués. Ni siquiera tuvo que explicar por qué se iba solo al hotel.
Los dejó sentados, riéndose de cualquier cosa, apreciándose en intimidad.

“Tendría que haberle dicho que se trata de una construcción lingüística. Que las palabras son catalizadores del deseo, y en consecuencia de todas las mitologías.”
Encendió un negro y se complació en degustar el tabaco intenso.
“Sigo siendo un soberbio” – se burló con ganas, revitalizado en su paternidad no biológica y genético–adoptiva.
“¿Para qué  sobre interpretarle este mundo saturado de malentendido a un chico tan vivo?”
Y junto a la idea se le iluminó la frente.
“Lo que tengo que hacer es invitarlo a la cancha”

Silbó todo el trayecto de regreso un tango que inventó en ese lapso entrañable donde no se está solo porque uno lleva consigo lo mejor de sí.
Cantame tango, cantame, te quiero porque te quiero.” – concluía el impromptu musical dictado por la efusión.
Su Tango de la Luna Negra era malísima literatura. Y, precisamente, por haberse animado al sentimiento sin control, sintió el alivio de la mente errabunda. Por fin podía entregarse,  perder la cabeza por puro amor. Se le ensanchó el pecho. Suspiró para aligerar el peso de descubrirse entero.
“Gracias Maestro”  –  balbuceó con honesto pudor.
Pronto sabré quién soy” –  clamó conmovido el corazón.
Sintió que quería hablar de Iván con Puppi. Sintió que quería escucharlo otra vez. Sintió que extrañaba el francés.
Entró en un negocio al azar. Compró una radio. Se aseguró de que captara la 97.100. Radio Europa transmitía desde Francia. Volvió a silbar.
Apuró el paso hacia el hotel.
Quería oír la lengua segunda. Quería escucharla con la inocencia del nonato……”paradojal que las voces del anfitrión condescendiente que me recibió como a un mendicante de la vida, me tranquilice a la distancia.”
Con el fondo de la voz adoptiva recuperada, decidió que era hora de convertir sus escritos en un diario.
Esa forma novelada de una vida era, al fin de cuentas, la novela privada que siempre soñó:

Escritos en el cuerpo

Algo se me selló con lacre por dentro y se fuga desde la entraña junto al sudor. La superficie de las cosas nunca me había sido tan cercana. Salvo para reconocer los mensajes de la muerte que la vida me grabó con suturas de la prueba fatídica en la piel. Pero esta vivencia de la escritura permeada a través de los humores nunca antes la sentí.
Como nunca antes me afectan hoy los tonos de la voz humana. La rispidez de alguna respuesta de Puppi, el ardor de algún suspiro en el amor de ella, la tersura de Iván cuando ríe  hablando y habla riendo. Esas voces amadas proyectan formas concretas del deseo que se pueden escribir sobre un papel.
Como en la soledad de ayer, como en la compañía de hoy,  es sólo ese soplo de vida lo que permanece imbatible: el descubrimiento de una armonía de la existencia más sencilla y más compleja que todo lo pensado.
Lo imagino a Iván gritando los goles en la furia del tablón. Su voz de hombre incipiente cultivándome el corazón para germinar en la memoria cuando ya no estemos palpitando codo a codo en compañía. Cuando al soltar el lazo yo haya podido renunciar al sortilegio del hijo para sentirme un padre cabal. A sabiendas de que la renuncia entristece tanto como un baldío donde hemos sembrado nuestras rosas para que florezcan.

Se percibió anticipadamente sabio, aunque profundamente triste.

¿Amar es sentir este cautiverio del corazón que nos hace penetrar la piel del otro para habitarla y salvarlo? ¿Salvarlo de sí mismo? ¿Del pesar intransferible que sólo quien nos ama descubre y recorre como un itinerario trazado sobre un mapa robado en una travesía de polizón?

Cerró el cuaderno con el lápiz dentro, marcando la última página escrita. Abrió las cortinas para dejarse arrullar por la luz de luna y durmió con sueños y sin pesadillas.

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La había invitado a Puppi a compartir la charla en el hotel. Quería darle acceso a su precaria intimidad abriéndole las puertas al terreno más generoso que podía ofrecer.
Y fue en tren de confidencias que le relató el final de su primer encuentro a solas con Iván.
“La conversación tomó un rumbo escabroso para mí. La juventud nunca sabe cuánto puede herir cuando habla. Para eso está.” – encendió un negro y sirvió un coñac de los buenos para ambos. La radio parisina lo había envalentonado como para que se diera otros gustos –
“Así que tu hijo arremetió a fondo”.

“Antes que nada, te agradezco que vinieses. Se cuánto te cuesta circular” – “me dijo” –.
“¿Tanto se nota?”
“También se nota tu esfuerzo por disimularlo.”
–“Allí mismo se levantó abrupto murmurando una disculpa.  Fue al baño y regresó después de un rato. Largo para mí. Volvió liviano y amable, como más lúcido en la frente y en el pensamiento”–
“La vieja me dijo que sos escritor. Y que hasta ahora no te animaste a publicar nada. Ya que estamos en confianza te pregunto por qué no hacés circular a tu literatura. ¿Por qué no publicás?”
– “Yo sonreí forzado por los nervios. Me sentí frente a un tribunal” –.
“Las editoriales son como los bancos. Le ofrecen fortuna al que ya la tiene”
“Arriesgué. Hubo una pausa. Iván me miraba intenso” –.
“Me parece que tanta modestia es la hermana gemela del orgullo”
–“Me acercó la mano como si fuera a tocarme. Pero no lo hizo. Seguía mirándome de ese modo afiebrado que era casi insoportable” –
“Si no publicás por vos, hacelo por mí. Yo lo necesito”.
–“Ese pedido que era casi un ruego me descolocó. A partir de ahí no supe qué pensar.
Levantó la mano y se pidió un whisky. Me invitó pero no se por qué no me pareció bien acompañarlo. Había algo nocivo circulando. Algo que yo no podía ni entender ni aprobar“–
“Con mucho hielo” – “pidió”  – “Y una jarrita de agua”
– “Algo de él se me escapaba. Traté de sujetarlo con palabras, también sin saber por qué. Nada de lo que sucedió después tenía espacio para que yo entrara. Ni las palabras, ni los chistes, ni los silencios. Vi un semblante que no tenía rostro. Vi en la cara de Iván a un desconocido” –
Puppi se desmoronó en tristeza.
“Quiere decir que volvió a la droga”.
Se recostó lánguida contra la ventana. La luz tangencial le tiñó el perfil de tonos azulados.
“Tengo que hablar del tema con Iván como tantas otras veces.”
Se estremeció casi imperceptiblemente.
“Espero que esta vez haya respuesta”.
Aka la abrazó conteniéndola con todo el cuerpo.
“Estoy aquí para los dos. Para lo que sea.”

Igual que Puppi en aquella despedida sintió que el futuro siempre es de otro, que se engendra en nosotros sin ley, edificándose en un descubrimiento que no nos pertenece.
Cuando se despidieron ya no envidiaba la maternidad de Puppi.
Quedaron con él el amor y la desdicha unidos en un lago de sangre inexplicable, amalgamados para siempre en algún lugar profundo.

“””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””

“El ejemplo no es sólo la mejor manera de ganarse el respeto,  es la única”.
Decidió privarse de decir tanto.
“Demasiada información es igual a ninguna”
Fue hasta la Bombonera. Compró dos entradas para el clásico. Lo iba a sorprender. Se iba a sorprender. Pero aún no lo sabía.
El partido había sido una lucha de rompe y raja. Decidieron festejar el triunfo de Boca con cerveza helada y pizza de cancha.
“No creo demasiado en ese invento de la correspondencia con un público que traman las editoriales. No puedo tener la arrogancia de imaginar un lector hipotético. Mis personajes, en el mejor de los casos, se escuchan a ellos mismos y se leen entre ellos.”
Por primera vez le daba explicaciones sobre su literatura.
El pibe lo miraba. Iban por la segunda cerveza y el atado casi terminado.
Aka había sentido todo el tiempo ese dolor anticipatorio que nos causa el hablar del daño del otro. Por eso acaso se había prolongado en confidencias y en secretos. Por eso intentaba ser él mismo un personaje extraordinario. Un personaje digno de memoria.
“¿Nunca vas a publicar Ponja?”
La sonrisa de Aka se estiró triste y luminosa ante el cariño de la familiaridad.(“Cuidamos tanto las palabras del ser querido como a ellos mismos”) – Aka pensaba a ritmo de vértigo, atropellando ideas y latidos en un cuerpo demasiado frágil para tanta emoción –
(“Las cuidamos tanto que nos dejan sin réplica. Arrasan el pensamiento con el puro sonido de la voz amada. El amor es una catedral de sonidos construida por el otro en nuestro ser.”)
“¿Dije algo inconveniente?”
Iván apareció súbitamente adulto.
“¿Dije algo que te molestó?”
Las lágrimas de Aka se soltaron con pudor e ímpetu.
“Tengo que preguntarte algo que me duele mucho”.
Por primera vez se atrevió a tomarle la mano firmemente.
¿”Por qué necesitás drogarte para seguir adelante con tu vida”?
Iván se puso de pie con violencia. Aka lo retuvo apretándole la mano con inusitada fuerza. El chico se volvió a sentar y pidió otras dos cervezas.
¿”Estuvieron hablando de esto con mi vieja”?
“Si. Yo le conté que te vi raro cuando nos encontramos por primera vez después que fuiste al baño. Y ella me explicó.”
Ahora eran los ojos de Iván los que lloraban.
¿“Qué mierda te explicó? ¿Que sé que no soy hijo de Ernesto desde los doce años? ¿Que desde que lo supe paseo al personaje del campeón de la alegría para no querer morirme o matar? ¿Que esperé diez años para que ella se atreviera a decirme la verdad?” – el sollozo se le hizo incontrolable.
“Contando cada día y cada hora,  rogándole al cielo que la persona que más quiero en el mundo me hable con honestidad” – se limpió los mocos con el puño de la camisa cara.
¡”Cuánta mierda, loco, cuántos baldes de mierda me tuve que tragar”! ¿”Tuvo los ovarios de contarte también eso”?
Aka le rodeo los hombros con el brazo fuerte.
“No la voy a justificar. Creo que ella no sabía que vos ya estabas enterado. O, en todo caso, no lo quiso averiguar”.

Lo invitó con un gesto a que salieran. Merodearon por la Boca sobre el empedrado reluciente de luna plateada en competencia con las luces de neón. Se detuvieron en una ochava para compartir un negro bajo un farol.
En un rapto, Aka lo abrazó como si fuera su hijo herido.
“Todo lo que pueda decirte para ayudarte a salir del pozo va a ser poco. Lo único que se me ocurre es repetirte algo que me dijiste a mi y que me tocó muy hondo’.
Le acarició el jopo rebelde.
“Hablábamos de por qué no me animo a publicar. ¿Te acordás?” Iván asintió cabizbajo.
“Y me dijiste algo que me llegó al alma y me va a cambiar la vida.”
Iván le clavó la mirada.
“Si no lo hacés por vos, hacelo por mí.  Yo lo necesito”.
Ahora fue el chico quien lo apretó en un abrazo.
Luego siguieron tranquilos hacia la parada del colectivo que los llevaría a ambos hacia una vida inédita.

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Sentía el vértigo de disfrutar una revancha que no había pedido. Al estar en el lugar del ayer con un nuevo oxígeno el camposanto había florecido y el aroma de la vida diluía al acre olor de la muerte.
Se dejó llevar una vez más por su ciudad embrutecida, bella, apasionada, sentimental como su tango horrendo.
Estación Olleros de un nuevo subte inaugurado en la ausencia trashumante.
“Ya no hay destino –  pensó sin proponérselo  – sólo camino hacia delante”.

Un violinista flaco como una cuerda tocaba en un ángulo de la estación acompañando al devenir de los trenes; poniéndole música al tránsito de almas. Y capturando algunas en un oasis de humanidad al paso.
De pronto sucedió una irrupción caliente.
Dos pibes de unos seis años entraron corriendo a la escena virtuosa de la música. Descalzos, con ropas desgastadas y sucias, como sus años de vida, con los ojos abiertos a los ojos de los otros,  con las manos roñosas y la piel curtida.
El estuche del violín acunaba un puñado de monedas irradiando un fulgor de metales bajos como ellos. Una fortuna pequeña,  atomizada en estrellas plata y oro, capaz de comprar comida barata. Corrieron hacia allí,  magnetizados.
Aka previó lo previsible. Y sangró por lo que iba a pasar.
Se sentaron a la derecha del violinista,  sobre una alfombrita.
Uno era moreno en la piel, en el carpincho de pelo azulado de tinte de luna sobre el hierro de una montaña. El otro era rubí, todo rojo en las mejillas y la pelambre de tierra salvaje preñada de cobre.
Eran dos planetas forjados en el fuego de Vulcano.
Uno completado en el color cobalto de los ojos.
El otro ardiendo en el reflejo de un monte verde musgo en la mirada.
Al sentirse vistos lo miraron fijo. Lo escrutaron con la osadía de dos viajeros extragalácticos.
Aka no pudo sino responder con pudor a esa contemplación que lo daba vuelta como un guante para que se mostrara.
Nunca tocaron las monedas. Aka se sintió miserable. Se sintió viejo. Se sintió poco.
Se recostaron, pensativos y hermosos, apoyando las cabezas juntas. Se alzaron al espacio con la música. Aka comprendió que no podría seguirlos. Que no los iba a alcanzar.

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