UN LIBRO, UNA ISLA | El mito de Sísifo

Columna de Fernando Guibert

UN LIBRO, UNA ISLA DE Fernando Guibert. El mito de Sísifo de Albert Camus AZAhAR literario-web-

Diseño Fernando Guibert


 

El mito de Sísifo” de Albert Camus

Si solamente pudiese llevarme un libro a una isla desierta me llevaría “El mito de Sísifo”, un ensayo filosófico de Albert Camus. Éste comienza con una cita de Píndaro: “No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”, un libro sin duda que tiene muchas preguntas y respuestas. Según el hilo filosófico del ensayo debemos vivir al máximo de nuestras posibilidades comprendiendo el valor de la vida y su autor propone el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo incesante del ser humano. “Si el mundo fuese claro, el arte no existiría.”

Pero ¿Quién fue Sísifo? Mito griego no muy diferente al de Prometeo que expresan nuestra existencia. Camus se vuelve Sísifo y cada uno de nosotros también. Anticipo griego de Cristo, Sísifo acarrea la piedra, justicia y castigo de los dioses, ésta vez condenado a una tarea inútil, una y otra vez. Creyentes o no creyentes todos llevamos nuestra piedra o nuestra cruz. En Camus es la pesada roca de lo absurdo. Ajena al tiempo, la genialidad griega original invariablemente regresa en este ensayo de Camus.

Camus repasa a Aristóteles, Nietzsche, Dostoievski, Chestov, Kierkegaard y las distintas filosofías de la “desesperación”, la voluntad de Schopenhauer, pasando por Goethe, Proust, Don Juan, Kafka, Don Quijote y la moderna psicología. En muy pocas páginas su arresto por sacudir el absurdo humano contemporáneo se vuelve dialogo, monólogo, confesión, pregunta, presagio, paradoja y conclusión. Es un ensayo de una profunda nobleza y sinceridad que si bien se basa en un pensamiento lógico es al mismo tiempo admisión del muchas veces absurdo e incomprensible sentido de nuestra existencia. Admisión de la validez de la razón y del alma, de sus limitaciones y temporalidad y también la desgarradora pregunta filosófica del suicidio. Un libro quizás para la soledad de una isla desierta en el cual la literatura expone la incongruencia de todo pensar y escribir frente al mundo absurdo. Pero toda meditación es, o debería ser ambivalente y quizás contradictoria. Camus típicamente francés con su herencia cartesiana y universal no puede escapar a esto tampoco, mientras en su rebelión llena de sutileza y claridad parece tratar de huir de los ritos del existencialismo, sin lograrlo.

Camus murió el 4 de enero de 1960 a los 46 años, en un accidente automovilístico en el coche que viajaba cerca de Sens. En un bolsillo de su abrigo había un billete de tren sin usar. Camus había planeado viajar en tren con su esposa e hijos, pero a último momento aceptó la propuesta de su editor Michel Gallimard para viajar con él. Su propio final absurdo ni él mismo lo sospechaba -¿o sí?, quizás como suelen ser los finales.