UN LIBRO, UNA ISLA | Libro del Desasosiego

Columna de Fernando Guibert

Fernando Pessoa | Diseño Fernando Guibert

Fernando Pessoa | Diseño Fernando Guibert


Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”.
-Álvaro de Campos, “The Tobacco Shop” (Tabaquería)-

Si solamente pudiese llevarme un libro a una isla desierta me llevaría…perdón! Sí, es verdad, ya me había llevado “El Mito de Sísifo”. Pero supongamos que éste es un segundo destierro y una oportunidad para elegir otro libro. Entonces me llevaría el “Libro del desasosiego” y el “Eróstratode Fernando Pessoa (1888-1935), o si fuera posible aquel famoso arcón que dejó con todos sus ensayos, poesías y obras manuscritas para que la humanidad las pudiera descifrar. Por supuesto todavía estamos tratando de entender la profundidad de su pensamiento, su bellísimo caos, su originalidad que es poco menos que inaudita.

La interminable lista de heterónimos que Pessoa utilizó para escribir nos dice claramente que hay un ejército de 81 distintos Pessoas que escribieron en tres idiomas (portugués, inglés y francés) sus obras fragmentadas, corregidas, abocetadas, traducidas por él mismo. No hay psicología que pueda explicar y abarcar este fenómeno y aún así, siempre Pessoa. No parece haber un ego reconocible en Pessoa, no hay un individuo, hay un sentir el mundo y un mundo de sentires a través de sí mismo, solamente transmitir ideas, poesía y vivir en su perpetua sinceridad e increíble lucidez. Aún cuando exagera y se equivoca (si se me permite) es siempre penetrante y original. Es como si su cerebro pudiera moverse en distintas épocas, autores, sentidos y lenguajes con la facilidad más sutil y la destreza de un bailarín de ballet.

En un viaje que hice a Buenos Aires compré toda la obra publicada de Pessoa por Emecé. Excelentes traducciones al castellano con encantadoras encuadernaciones en distintos colores de sus textos originales, un orgullo para la intelectualidad argentina haber realizado las primeras traducciones al castellano. Claro quizás el libro más conocido es su “Libro del desasosiego”, bajo el heterónimo de Bernardo Soares. Un libro colosal, lleno de sabidurías emocionalmente e intelectualmente incendiarias y verdaderas, con su erudición clásica y contemporánea. Su mente febril y genial en el sentido auténtico procesando la historia y literatura humanas de una manera original y creativa.

Hay un ensayo pequeño que me impresionó particularmente y se llama “Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad” escrito entre 1916 y 1930 en inglés. Mecanografiado en el mismo papel y tinta del Libro del desasosiego” posiblemente fuera parte de aquel. Pessoa plantea en su inicio: “Me propongo examinar el problema de la celebridad”. Nadie realmente recuerda a Eróstrato o Heróstrato, pero según la historia fue responsable de la destrucción del templo de la diosa Artemisa o Diana de Éfeso, considerado una de las siete maravillas del mundo, en el año 356 A.C. La confesión del propósito de su crimen, obtenida bajo tortura, fue lograr la fama a cualquier precio. Algo humano y muy contemporáneo, si se quiere.

Este ensayo sobre nuestro anhelo humano de inmortalidad, verdadero análisis psicológico, histórico, sociológico y literario, recorre las condiciones del genio artístico, el ingenio, la inutilidad de la crítica, la pretensión, la inteligencia común, la celebridad y lo que es verdaderamente incidental o fundamental. En definitiva la peculiaridad humana de pretender eternizarse cuando la mortalidad acaba nuestras vidas y las famas temporales de la misma manera para todos. No hay escape a nuestra mortalidad.

Un capitulo de este texto se llama “Impermanencia” -entendida como celebridad póstuma, supervivencia en la historia. Pessoa en su forma siempre brillante recorre las más diversas experiencias humanas y las obras de Dante, Carlyle, Milton, Huxley, Shakespeare, Spenser, Goethe, Eckermann, Blake, Wordsworth, Poe, Whitman, Gérard de Nerval, Victor Hugo, Shelley, Byron, Ben Jonson, Pope, Proudhon, Shaw, Chesterton, Dickens, Voltaire, Rousseau, Napoleón y una lista interminable de poetas y escritores, dramaturgos, pensadores y políticos desde el regicidio a la búsqueda de notoriedad artística, no desde una mirada erudita sino una profundamente vital y revulsiva.

Claro, sin duda su misma preocupación también por la propia finitud y el resultado de su obra, que sospechaba sería “inmortal” pero también perecedera. Su último texto escrito antes de morir estaba en inglés, idioma en que fuera educado: “I know not what tomorrow will bring” (No sé lo que traerá el mañana….).