UN MUERTO EQUIVOCADO

Letras Salomón Mosquera Rugel

ZAID AYASA ARTISTA VISUAL

Artista Visual ZAID AYASA. Palestina


La barriada se alborotó a eso de las tres de la tarde; apenas unas cuantas horas habían transcurrido, de la sepultura de mi amigo Manolo Mindiola, en el cuerpo de bóveda. Manolo se ahogó el último fin de semana en el balneario de agua dulce llamado El Mate, sitio muy concurrido por los turistas de la ciudad, a pesar que de continuo, sus dóciles aguas, habían cobrado muchas víctimas. La gente estaba agolpada en casa de la familia de mi ex amigo y trataba de enterarse de los últimos acontecimientos.

El día anterior, domingo, Manolo junto a su prometida, que tenía unos familiares en el balneario en mención, fue a disfrutar del fin de semana, y cuentan, que el prometido se sumergió en el agua en presencia de ella, y nunca más salió a flote. Ese fue el triste suceso ocurrido a muy tempranas horas de la mañana, cuando un equipo de buzos de la marina, a pedido de la familia del occiso, empezó con la ardua tarea de dar con su paradero, que a la postre resultó estéril e infructuoso ese día, como si una fuerza extraña se negaba a querer entregar el cuerpo sumergido.

El lugar donde se ahogó está encantado, y será difícil que lo encuentren ─decían los supersticiosos─. Pero no fue del todo así, porque el día lunes, del siguiente amanecer, los buzos lo hallaron kilómetros más abajo enredado entre las ramas de un árbol sumergido, que había impedido que flotara.

Llevaba un pantalón de baño color azul, pero tenía el rostro desfigurado porque los peces habían hecho una labor de piraña, y por el estado de su cuerpo, lo velaron pocas horas en casa de los padres en medio de lamentaciones de familiares y amigos. Manolo fue bien querido en la barriada, y con mucho dolor lo sepultamos en el último espacio libre del cuerpo de bóveda de la familia Mindiola.

Por eso, cuando horas después escuchamos la increíble noticia de que en realidad el verdadero Manolo Mindiola había sido hallado por un grupo de pescadores orillado en el río y cerca del sitio de la desgracia, todo mundo se resistía creer lo insólito de la información, porque el anterior cadáver vestía el mismo modelo y color de pantalón de baño, igual estatura, pigmentación de la piel y del cabello, sólo con la diferencia del rostro desfigurado, y su familia, muy adolorida, y apenada de ver aquel cuerpo a punto de reventarse e irreconocible, se limitó velarlo a caja cerrada y que nadie se horrorizara del hecho. Pero el detalle, que nadie se acordó, y que bien pudo haber aclarado las cosas, fue no comprobar el nombre tatuado de sus padres en el dedo índice de la mano derecha, cosa que así aconteció, cuando dijeron que Manolo Mindiola en verdad había sido rescatado flotando sin vida en las aguas del río Daule, entre los gramalotes.

¿Quién fue el muertecito tan parecido, entonces? ─la gente se preguntaba muy extrañada.

A las seis de la tarde, y con un hedor que ya empezaba a invadir la casa de la familia Mindiola, cargamos al verdadero Manolo rumbo al cementerio, y como la familia Mindiola había asumido un cuantioso gasto de un hecho inesperado, pasó por alto la exhumación del anterior cuerpo y decidieron sepultarlo bajo tierra, porque el último espacio disponible en el cuerpo de bóveda familiar había sido ocupado por el incógnito cadáver, con gastos y todo.

Cuentan por ahí, que desde ese día, a avanzadas horas de la noche, se escucha un alma en pena que reclama con derecho el sitio que le tocaba para descansar por siempre y en paz. Y todas las noches, comentan, que se lo escucha decir, que el intruso que duerme en aquel lugar del cuerpo de bóveda, es un muerto equivocado.

Nota del autor:

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